edición: 3075 , Martes, 27 octubre 2020
28/02/2020
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

El impacto económico del temido coronavirus: ¿debemos preocuparnos?

Servicio de Estudios de CaixaBank*
A finales de diciembre, las autoridades chinas detectaron la existencia de un nuevo coronavirus (el llamado COVID-19) en la ciudad de Wuhan. En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó una emergencia sanitaria global y los mercados financieros se vieron sacudidos por el temor a que se cobre un importante coste económico. ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos por el impacto económico del virus?
¿A través de qué canales se podría producir este impacto negativo sobre el crecimiento en China y en el mundo? Empezando por China, ante los efectos del virus y la incertidumbre que lo acompaña, veremos una reducción significativa del consumo de las familias ligada al temor o las restricciones que han impuesto algunas autoridades a acudir a lugares públicos (un patrón que ya se observó en otra epidemia en 2003, con una caída del crecimiento interanual de las ventas minoristas de 5,0 p. p. en los tres meses con mayor afectación). En paralelo, la menor actividad económica asociada a las restricciones a la movilidad y el aumento del absentismo laboral son otros factores que pueden erosionar la economía. De hecho, ya se han observado disrupciones de este tipo, con limitaciones al turismo, la prolongación de las vacaciones del Nuevo Año Chino, el cierre de comercios o problemas en la producción por fallos en el suministro de proveedores.

A nivel internacional, el menor influjo de turistas chinos, la reducción de las exportaciones hacia el gigante asiático, disrupciones en las cadenas de suministro globales o incluso un grado de propagación del virus más allá de China (los números que presentaremos en este artículo asumen que la epidemia se circunscribe fundamentalmente a China) son los principales canales que podrían explicar el peaje que podría pagar la economía global.

Antes de poner cifras a estas disrupciones, es importante recalcar que es muy complicado en estos momentos hacer estimaciones precisas del impacto que tendrá el coronavirus sobre la actividad económica global. Ello dependerá en buena parte de la capacidad de controlar el virus, lo que a su vez depende de la gestión de la crisis sanitaria, la disponibilidad de vacunas, la posibilidad de mutaciones del virus y de si la epidemia se extiende a otros países.

Cuantificación del impacto económico

Para dilucidar el posible impacto, resulta útil comparar el episodio actual del coronavirus con el SARS (síndrome respiratorio agudo y grave), un coronavirus originado en China en el año 2003 que comparte algunas similitudes con la situación actual. Este episodio anterior nos sugiere que estos tipos de fenómenos pueden tener un coste económico nada menospreciable, pero cuyo impacto acostumbra a ser contenido tanto en el tiempo como en la geografía, y vienen seguidos de un rebote en la actividad en los siguientes trimestres.

Con todo, aunque se trata de una comparación útil para tener un punto de referencia, no es ni mucho menos concluyente de por sí: se trata de enfermedades distintas, y el estado y peso en la economía global de la economía china es muy diferente del ya lejano 2003. De hecho, el coronavirus actual es más contagioso que el SARS (a principios de febrero el número de afectados por el coronavirus ya triplicaba los afectados por el SARS en 2003), lo que sugiere que podría extenderse de forma más amplia e inducir a las autoridades a restricciones más importantes. Sin embargo, presenta una tasa de mortalidad netamente inferior (en torno al 2% frente al 10% del SARS). Asimismo, hay que tener en cuenta que el SARS alcanzó su pico en términos del número de afectados diarios con bastante rapidez, en abril de 2003 (la OMS había declarado la emergencia global el 12 de marzo), pero a partir de ahí su ritmo de avance se desaceleró y en julio dejó de ser una amenaza.

Centrándonos ya en las cifras macroeconómicas, el impacto del SARS sobre el PIB de China se concentró en el 2T 2003, en el que el crecimiento se desaceleró en 2,0 p. p. (pasando de un 11,1% en el primer trimestre a un 9,1%), una ralentización muy parecida a la que capturaba nuestro índice de actividad, que mide en tiempo real la evolución de la economía a partir de los principales sectores económicos. En el tercer trimestre de ese año, sin embargo, la tasa de crecimiento volvía a recuperarse, aupada en parte por programas de estímulo fiscal y monetario. Aunque existen diferentes estimaciones sobre el impacto del SARS para el crecimiento del conjunto del año, las magnitudes acostumbran a ser de unas pocas décimas. De hecho, el informe del FMI del año siguiente hablaba de un impacto poco significativo, lo que no es de extrañar para una economía que terminó registrando un crecimiento del 10% ese año.

Si asumimos que, al igual que el SARS, el coronavirus alcanza su pico en el 1T 2020 y pierde fuerza a partir de entonces, el coste en términos de crecimiento de PIB para la economía china podría rondar los 0,4 p. p. Ello supone un parón total de la economía en el primer trimestre (crecimiento del 0% en relación con el trimestre anterior) y un rebote a partir del trimestre siguiente. En este escenario, que pasa a ser nuestra previsión central, el crecimiento sería de un 5,5% en lugar del 5,9% que preveíamos anteriormente. Sin embargo, si la epidemia se prolongara y no lograse controlarse hasta el 2T, el crecimiento chino en 2020 podría bajar hasta niveles cercanos al 5,0%.

Más allá del impacto en China, ¿cuál sería el impacto sobre la economía global? Si utilizamos nuestras estimaciones sobre el impacto de una desaceleración china sobre el resto del mundo1, el impacto sobre el crecimiento global se situaría en torno a 0,2 p. p., con un efecto variable en función del grado de integración de cada economía con la eco­­nomía china.

No podemos acabar el artículo sin insistir en el hecho de que la incertidumbre sobre el impacto del coronavirus es muy elevada. A nivel global, las repercusiones deberían ser algo mayores que en 2003 dado que China es una economía mucho más integrada en la economía global (actualmente representa un 17% del PIB global frente al 4% en 2003). A nivel interno, la economía china también tiene una estructura productiva muy diferente a la de 2003: el peso del consumo privado es menor actualmente (39% del PIB frente al 43% en 2003), lo que sumado al auge del comercio online puede amortiguar en cierta medida el impacto negativo del COVID-19. Ahora bien, el mensaje de este artículo es claro: el coronavirus es un foco de riesgo importante que tendrá impacto en los datos de crecimiento de este año. Por tanto, es un fenómeno que habrá que seguir muy de cerca, y no solo desde las ciencias médicas.

*Javier Garcia-Arenas.
CaixaBank Research

1. Véase el Focus «China: en la prosperidad y en la adversidad», en el IM06/2018 para todos los detalles.

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