edición: 2703 , Miércoles, 24 abril 2019
02/04/2018
banca 
Accionistas a la espera de su `justiprecio´

El juez quiere reconstruir la vida del Popular para aplicar el criterio más justo

El mismo criterio reparador del Estado a los accionistas de Bankia podría aplicarse por Santander a los del Popular  
Juan José González
El caso es extremadamente complejo. Para que el juez que instruye la quiebra del Banco Popular finalice su trabajo, quiere conocer todos los detalles del proceso institucional seguido en la resolución y todos los detalles de sus causas, motivos y razones que llevaron a la entidad a la quiebra. Y para lo cual necesita conocer, reconstruir, el histórico de la entidad. Es una labor también compleja, aunque posible, puesto que se trata de indagar en aspectos como son la estructura del grupo bancario quebrado, de su modelo de negocio, de cómo se originaron las pérdidas del grupo en los últimos cinco años. Es quizá el mismo criterio utilizado por la Hacienda Pública en una inspección tributaria, por la que trata de averiguar los motivos y las causas en origen de un problema para concluir con una decisión o resolución final. Y como el caso es complejo, quizá exige al frente más que un juez experto en causas comunes, un perfil más técnico, un instructor avezado en cuentas, en causas financieras porque la del Popular requiere peritos, inspectores y expertos iniciados. No es una causa cualquiera. Además de experiencia y cualificación técnica financiera, demanda además una elevada dosis de mano izquierda y una visión de largo plazo del problema, pues se trata de una resolución, la del Banco Popular, que afecta a 305.000 accionistas. Pero ahora, el magistrado instructor solicita algo más que información: demanda la evolución del negocio, de las cuentas y de las decisiones tomadas por los gestores los años anteriores a la quiebra, a la resolución y venta del banco por un euro al Santander. Se barajan ahora, además de otros, criterios de tamaño y de recursos. Porque siempre el más grande puede compensar al más afectado.
Y son casi 305.000 afectados los que continúan confiando en la vía de la reclamación judicial como la mayor garantía para recuperar el dinero invertido, unos 1.300 millones en el momento de la resolución. De ese total de afectados, tan sólo una tercera parte habría elegido la "acción comercial" del Banco Santander, orientada básicamente y sometida a condiciones, a sólo una parte de los clientes minoristas, en especial, a los empleados del Popular que adquirieron títulos del banco en la última ampliación de capital y a los inversores de las obligaciones subordinadas de 2011.

Las dudas del magistrado son numerosas; de forma y de fondo, también de contenido. Muchas sospechas sobre la forma en que se hicieron las cuentas del banco en los últimos tres ejercicios (dos y medio). Recelos sobre el fondo de los movimientos en la contabilidad de la entidad así como de la intención real de otros movimientos que se realizaron en los dos últimos ejercicios (principalmente en 2016) en el apartado de recursos propios, donde se querían sacar unos 5.800 millones de euros de activos del balance del banco con destino a su proyectado banco malo.

A diferencia de la operativa seguida (y demandada por el Juez) en el caso de Bankia, en esta ocasión el magistrado instructor marca el camino, la ruta y las pautas a los inspectores que, aunque del Banco de España trabajan en exclusiva para el único Juez del caso (Fernando Andreu, en la Audiencia Nacional). Una puntualización ésta muy relevante, llamada a evitar conflictos de competencias y filtraciones interesadas y que, como se pudo comprobar en Bankia, amenazaron de gravedad la investigación y los resultados del caso.

Pero ahora el riesgo puede estar en que todo finalice en fiasco y la Justicia concluya que los inversores han perdido, efectivamente, todo su capital. Recordar de nuevo que los principales afectados por la salida a Bolsa de Bankia fueron los pequeños inversores, que la resolución final provocó un conflicto institucional entre supervisores (y dentro del principal supervisor, el Banco de España) del que todavía se desconocen algunos aspectos que ni siquiera una Comisión parlamentaria ha sido capaz de esclarecer.

Algunos magistrados no evitan establecer algunas comparaciones (como siempre, odiosas) entre la suerte y fatalidad de Bankia y Popular, y por las que Ron se haría acreedor de unos avatares similares a los de Rato así como el Popular, temporalmente reparado en el Santander. Siguiendo el mismo criterio, también los accionistas de Popular, como los de Bankia por el Estado, deberían ser compensados por el reparador Santander. El más grande siempre podría compensar al más pequeño.

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