edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
08/10/2019

El mercado de futuros para el bitcoin del ICE no logra despegar a dos semanas de su lanzamiento

La cotización de la criptomoneda ha caído un 34% desde sus máximos de junio en medio de escepticismo
Carlos Schwartz
Bakkt es el nombre de un mercado de futuros para el bitcoin inaugurado por el Intercontinental Exchange (ICE) hace dos semanas. El mercado lleva 10 días operando y el volumen de contratos que se cierran diariamente es realmente minúsculo. El pasado viernes totalizaron 49 contratos, y desde la apertura no pasan de los 900. El ICE tenía previsto estrenar este mercado en noviembre del año pasado, pero las dificultades para obtener las licencias de los reguladores, poco afectos a las criptomonedas, impidió que se cumplieran los planes iniciales. Pero el escaso éxito del mercado está gravitando con fuerza sobre la cotización del bitcoin. El lunes en medio de leves oscilaciones marcó un mínimo de 7.700 dólares y un máximo de 8.200 dólares, es decir una variación de 500 dólares en la jornada. Pero si se tiene en cuenta que en junio la criptomoneda había roto el techo de los 10.000 dólares para alcanzar los 13.879 dólares esta semana los inversores en bitcoin se encuentran con que su inversión ha perdido un 41% de su valor y desde que desde que Bakkt se estrenó un 19%.
Es cierto que desde diciembre de 2017 existe otro mercado de futuros para el bitcoin lanzado por el Chicago Mercantile Exchange (CME) que se ha consolidado y cuyo volumen de contratación se ha estabilizado, pero sigue sin ser comparable con mercados como el del e-mini S&P 500 con 600.000 contratos cerrados el viernes 4 de octubre en comparación con los 2.064 del bitcoin en la misma fecha. Por lo tanto, aun si Bakkt se consolida, si se mantiene en los niveles del que opera el CME el futuro de estas plataformas no parece espectacular.

Para los inversores institucionales la existencia de un mercado de futuros regulado debería ser, en principio, un aliciente, pero también un arma de doble filo en la medida que si la contratación es baja el mercado se desalienta y el precio sufre. Para los especuladores, y esta criptomoneda es paradisíaca para los especuladores, un mercado de futuros oficial organizado es un elemento secundario porque tiene varias opciones para simular plazos y operar en futuros fuera del mercado mediante otras opciones. Las operaciones cruzadas contra otras criptomonedas les sirven además para provocar caídas y alzas en la cotización por la estrechez del mercado. Es decir, que la cotización del bitcoin es manipulada de forma sistemática por los operadores vinculados a las diversas plataformas de contratación de esta criptomoneda. Los que quedan pillados en este mercado son los pequeños inversores, aunque los que han sabido salir a tiempo se han hecho de oro, si se tiene en cuenta que el bitcoin pasó de valer 1.000 dólares hasta los 20.000 en el mejor momento de ese mercado en 2017.

Los promotores de este mercado de todas formas consideran que finalmente se afianzará, porque está en el interés de los inversores institucionales que han reservado una porción de sus recursos para invertir en esta criptomoneda. En Bakkt han invertido no sólo el ICE, sino además la división de capital de riesgo de Microsoft, y el Boston Consulting Group entre otros. De acuerdo con los promotores la base de clientes del mercado de futuros crece a buen ritmo con la presencia de operadores y cámaras de compensación. En realidad para los generadores de bitcoin, los “mineros”, y las plataformas de 'trading', la presencia de mercados organizados es un apoyo importante porque dan profundidad a la demanda y atraen a la inversión institucional. 

Pero pese a ello el bitcoin no logra atraer hasta ahora al grueso de la inversión institucional por los problemas que son inherentes a su propia emisión. Manipulación en el precio, mercados poco transparentes, riesgo de fraude, y mercados paralelos globales. Esto puede hacer que operar en bitcoin se mantenga como una actividad marginal, poco controlable, en un circuito bastante cerrado que incluye la evasión fiscal y la evasión de divisas en países con control de cambios como varias naciones asiáticas, China incluida. Otro de los problemas que de momento va ligado de forma indisoluble a la criptomoneda es de qué forma se la valora. Bajo su nombre de fantasía lo que hay es una unidad de cuenta sin valor intrínseco. El valor se lo da la demanda que se registra por él. Es decir que carece de utilidad objetiva, aunque se la pueda utilizar para pagar bienes o servicios, sobre todo en el mercado negro porque no se puede rastrear ese pago. No es una moneda de curso legal, respaldada por lo tanto por un banco central y por el conjunto de los bienes y servicios de un país. Esta dificultad en adjudicarle un valor que no sea el atesoramiento por los especuladores, hace que para los gestores de los fondos de inversión no haya un parámetro objetivo que les permita justificar la inversión en esta unidad de cuenta.

Un ejemplo de esta peculiaridad son los fondos de inversión que buscan formas de intervenir en el mercado de las monedas digitales y su avance tecnológico sin necesariamente adquirir esas criptomonedas. Bank of New York Mellon, por ejemplo, tiene un fondo de inversión destinado a la aplicación de la tecnología de las cadenas de bloques, que es el sustrato tecnológico de las criptomonedas. El fondo lanzado en Europa en febrero tiene 10 millones de dólares para gestionar y de momento invierte en empresas vinculadas al uso de la cadena de bloques. Pese a que el fondo puede adquirir criptomonedas de forma directa si lo desea, no lo hace. El obstáculo es la ausencia de una métrica, es decir una forma fiable de medir su precio potencial, aplicable al valor del bitcoin o cualquier otra criptomoneda. 

Los gestores del fondo consideran que les resultaría difícil justificar ante lo clientes que han entregado dinero para su gestión una inversión en bitcoin, porque no tendrían argumentos razonables para entrar al mercado a un determinado valor, ni para salir de la inversión en otro momento determinado. Mientras que operar con divisas es una opción en la que la predicción juega un papel defendible, sobre la base del análisis de un número amplio y complejo de factores, en las criptomonedas no lo es. No hay predictibilidad posible. La cuestión de qué se les argumenta a los inversores si un fondo pierde el dinero en gestión si se adquieren criptomonedas es determinante. En este escenario la inversión institucional masiva en bitcoin parece distante.

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