edición: 3028 , Viernes, 14 agosto 2020
28/04/2020

El pacto del Consejo Europeo para un Fondo de Recuperación estará muy lejos de las expectativas

El Gobierno impulsa la idea de que su gestión abrió el camino a un acuerdo histórico en Bruselas
Carlos Schwartz
El Gobierno español ha impulsado de forma contumaz la especie de que su gestión ha desbloqueado la posibilidad de un acuerdo “histórico” en el seno de la Unión Europea (UE) al sortear el escollo de la mutualización de la deuda, idea a la que se oponían los países de capital más desarrollado y concentrado de Europa. La fórmula que habría permitido ese “avance histórico” fue el incluir el objetivo de un Fondo de Recuperación Europeo dentro del Marco Financiero Plurianual (MFF, por sus siglas en inglés), el nombre bajo el cual se conoce el presupuesto de la UE que se pacta por siete años. Es llamativo que la pandemia Covid-19 haya allanado el camino a esta idea, en la medida que antes de la misma lo que había en torno al MFF era una lucha de fieras por ver como se superaba el hueco de 60.000 millones de euros que había dejado la salida de Reino Unido de la UE. El ejecutivo encabezado por Sánchez hizo rodar la versión de que el presidente habría convencido por teléfono a la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, para que las negociaciones sobre dicho Fondo de Recuperación quedaran insertadas dentro del presupuesto. Mientras tanto se difundió la idea de que el fondo se dotaría de una colosal cantidad de dinero sobre la base de bonos perpetuos, y los intereses se atenderían con cargo al presupuesto de la UE, y pasarían de esta suerte a formar parte del gasto estructural.
No faltó al respecto ni siquiera el oportuno y favorable artículo de opinión del especulador internacional George Soros apoyando la idea de la deuda perpetua como método de recaudación. El Gobierno, que se caracteriza por aprovechar cada oportunidad que se le presenta para hacer un despliegue propagandístico, ha sacado lustre a la decisión favorable a la constitución del referido Fondo como si se tratara de una conquista personal del presidente Sánchez. En realidad este triunfo se limitó a sortear la posible aplicación del Mecanismo de Estabilidad Europea (MEDE) con sus cláusulas condicionantes, a la solicitud de recursos por parte de las naciones afectadas por la epidemia de coronavirus. Un mecanismo de negra fama para la ciudadanía de la Europa del Mediterráneo, por su papel en el rescate de las economías europeas en estado de shock tras la crisis de 2008.

En el camino quedó la idea de la mutualización de la deuda mediante la emisión de bonos específicos, respaldados por el conjunto de las naciones del euro, para obtener los recursos necesarios para la reconstrucción económica de las naciones más afectadas por las consecuencias de la Covid-19. Esto ya es agua pasada, y los medios de prensa han sugerido que ha sido Sánchez quien ha convencido al primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, para que abandone su caballito de batalla y se pliegue al Fondo de Recuperación. La realidad, no obstante, es que la cuarta reunión por videoconferencia desarrollada por el Consejo Europeo el 23 de abril sólo decidió que se encargaría a la Comisión Europea el diseño del fondo de marras. No estableció un objetivo en dinero. Tampoco especificó de qué forma se aportarían los recursos necesarios a los países que lo demandaran. 

Tampoco se dijo si para obtener los recursos se apelaría al mercado, aunque la ministra Angela Merkel lo dio por sentado. De acuerdo con fuentes al tanto de las negociaciones la canciller de Alemania fue muy clara en cuanto a que el fondo apelaría al mercado, y que las deudas se deberán devolver. Dejó claro que la idea de ayudas o subsidios es algo para lo cual ella no está facultada para decidir, cae fuera de su capacidad ministerial o de la capacidad de su Gobierno. Es decir requeriría una instancia superior, a saber una modificación legislativa, por ejemplo. Estamos hablando por lo tanto de créditos reembolsables y no de subsidios. Créditos que van a computar en el nivel de endeudamiento de los países que los soliciten.

Por su parte la presidenta de la Comisión Europea (CE), Úrsula von der Leyen, se comprometió a elaborar la propuesta concreta y el plazo en el que se mueve es de mediados de mayo. Pero ya están circulando por Bruselas borradores con las ideas preliminares. En el borrador no hay cifras globales, pero la presidenta de la CE ya deslizó que estamos hablando de billones y no de miles de millones. Para ser más exacto la cifra que circula es la que sugirió el Gobierno español, 1,5 billones de euros.

La cuestión es, sin embargo, de qué forma se dispondrá de los tramos que cada estado necesite. El propio Gobierno de España de puertas adentro ha sido “muy generoso” en lo que respecta a la modalidad de los avales. Por ejemplo anunció con bombos y platillos un programa de emergencia de 200.000 millones de euros como asistencia económica a los afectados por la Covid-19. De ellos 100 millones eran avales. Del resto una parte significativa iba por cuenta de la banca, y una cantidad menos significativa que lo necesario se destinaba a la lucha contra la pandemia. 

Sobre lo que se está trabajando, de acuerdo con los que han tenido acceso a algunos de los borradores que circulan por Bruselas, se baraja la idea de que algunas partidas que estaban ya en los borradores de presupuestos, podrían ser transferidas al fondo. Por ejemplo 200.000 millones de euros de créditos y subsidios para los programas de reformas económicas de los países miembros. Este punto ofrecería recursos bajo la forma de créditos y subsidios, condicionados a la implementación de reformas y a inversiones destinadas a alentar el crecimiento potencial. De esta suerte la resistida figura de los subsidios quedaría introducida en el conjunto, dando satisfacción a una necesidad de titulares favorables a la hora de los futuros anuncios, de una forma tolerable para Alemania.

Mientras Von der Leyen señaló que la reforma del marco financiero plurianual, es decir el presupuesto de la CE, requerirá de los estados miembros una elevación de los límites de endeudamiento, la tasa de recursos propios, hasta el 2% del producto interior bruto de la región. Este paso sería necesario para “hacer espacio” a las nuevas demandas de financiación que requerirá el nuevo fondo. La cifra que se baraja mientras en los documentos en circulación es de 300.000 millones de euros como contribución de Bruselas a ese fondo obtenidos mediante financiación de mercado. Así se han llenado ya los 500.000 millones iniciales…  Estamos desde luego en las fases preliminares de esta batalla. Las cifras pueden subir. Pero todo indica que los objetivos de España, Italia y Francia no van a ser tomados en consideración. El fondo aportará avales en primer lugar, luego subsidios que ya estaban contemplados en el borrador de presupuesto, y finalmente crédito puro y duro que habrá que devolver y estará condicionado. Esto acabará trasladándose a los países miembro bajo la forma de crisis políticas, comenzando por Italia.

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