edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
13/03/2019

El parlamento británico rechaza de nuevo de forma aplastante la propuesta de separación con la UE de May

Junker advierte de que está agotada la posibilidad de más ajustes finos de la negociación con la CE
Carlos Schwartz
El parlamento británico votó por segunda vez en contra del tratado de separación con la Unión Europea (UE) negociado por Theresa May por 391 votos contra 242, derrumbando las expectativas del Gobierno. El estancamiento de la cuestión llevó a la patronal industrial CBI a declarar que: “Es hora de que el Parlamento frene este circo. Este debe ser el último día de política fracasada. Puestos de trabajo y las vidas de las personas dependen de ello”. La primera ministro regresó a Reino Unido tras su última gira negociadora a Estrasburgo, en la que obtuvo una nueva carta de compromiso de la Unión Europea de la mano de Jean-Claude Juncker, con la renovada esperanza de lograr el apoyo del parlamento para su tratado de separación. Pero esas esperanzas, que compartieron públicamente algunos miembros de su gabinete, fueron efímeras. 
A las 11 de la mañana el fiscal general, Geoffrey Cox, emitió un juicio lapidario en el que se señalaba que en el caso de “diferencias intratables” con la UE Londres se vería obligada, aun en contra de su voluntad, a permanecer atrapada indefinidamente en una suerte de unión aduanera con el bloque del que aun forma parte. La cuestión de la frontera con Irlanda sigue siendo el obstáculo definitivo de un acuerdo con los socios europeos. Un sector significativo de los conservadores calificados de Euroescépticos, y los Unionistas irlandeses que apoyan al Gobierno conservador, no están dispuestos a perpetuar una frontera abierta entre norte y sur, es decir entre el territorio sujeto a soberanía británica y la Irlanda independiente, porque en el horizonte distante eso implicará la posibilidad de una unificación entre ambas en una única nación. Esto, en un sentido histórico, supondría perder ese territorio de forma definitiva. Esto es lo que los Unionistas rechazan de plano, al igual que una parte sustancial del Partido Conservador.

Mientras que para la primera ministro se habían logrado en las negociaciones de último momento “cambios claros y legalmente vinculantes”, para el fiscal general “los riesgos se mantenían sin cambios”. El optimismo de May se basaba en una declaración conjunta que según ella introducía las garantías y una declaración unilateral separada del Reino Unido. El dictamen del alto funcionario de la administración, recogido en tres folios, derrumbó las esperanzas de ver aprobado en el parlamento el tratado de separación. El dirigente Conservador y parlamentario Jacob Rees-Mogg dio por muerta la operación en un tweet por la mañana, “Dies irae, Dies illa” recordando el réquiem de la iglesia católica.

Por su parte, Juncker hizo público en la despedida de May en Estrasburgo que ya no había más espacio para la negociación de la negociación, expresando con claridad que no se podía rizar más el rizo en este asunto. La imposibilidad de volver a retocar el tratado de separación es de hecho un límite con el cual el parlamento británico parece dispuesto a chocar una vez más en una coyuntura que tiene visos de callejón sin salida. May afirmó que si votaban en contra de su propuesta convocaría a dos votaciones más. La primera debería ser hoy en Westminster. Esta vez los grupos parlamentarios deben responder a la pregunta de si se debe abandonar la UE sin un tratado. El siguiente, previsiblemente el jueves preguntará si se debe aplazar la fecha de salida de la Unión prevista en principio el 29 de marzo. Todo parece indicar que en la votación de hoy ganará el NO, es decir que no se debe abandonar la UE sin un tratado. 

El callejón sin salida indica que, si no hay espacio para una nueva negociación, no se entiende muy bien como se va a replantear la cuestión. La salida a este aparente dilema que dejaría sobre la mesa el NO, sería la elección de un nuevo Gobierno que podría asumir dos opciones, convocar a un nuevo referéndum sobre el Brexit, o proponer un nuevo tratado de separación. Pero en ambos casos la llave es una mayoría parlamentaria. Mientras tanto, fuentes del parlamento indican que se ha ido modelando la posibilidad de un Brexit suave, que incorpore la idea de una unión aduanera, que podría llegar a contar con una mayoría. La coyuntura parlamentaria actual está determinada de un lado por la fuerte presencia de Euroescépticos dentro del propio partido Conservador, en el Unionismo y en otros grupos. Del otro, por el bloque Europeísta que también rechaza el Tratado, pero porque no quiere abandonar la UE.

El laborismo tiene una posición interna de división en torno a la cuestión pero una mayoría está en favor del Brexit, de acuerdo con los sondeos que se han hecho públicos. Sin embargo, dentro de esa posición dominante, se rechaza la salida sin tratado y hay disposición para que la ruptura sea suave. Esto es lo que ha dado pie a la posibilidad de una mayoría parlamentaria orientada en este camino. Los sucesivos reveses de May han colocado la cuestión de una convocatoria electoral como una posibilidad. 

El intento del Partido Laborista de un voto de censura no prosperó, pero la evolución de la situación política no puede excluir la caída del Gobierno de May a corto plazo. Finalmente, quedaría la votación del jueves, que sería desencadenada por el rechazo a la salida sin tratado, que obligaría a prorrogar los términos del artículo 50 del Tratado de la Unión que es donde se fija el plazo. 

May ha advertido que no se gana nada postergando una decisión y que se asume el riesgo en estas dilaciones de que finalmente no haya un Brexit. Esto, lejos de ser una amenaza, va adquiriendo forma de esperanza en los grupos parlamentarios opuestos a la salida de la UE y los que aspiran a salir en términos blandos, con unión aduanera y acuerdos comerciales que no sean lesivos. Mientras tanto, el mundo empresarial ha emplazado a los partidos políticos con dureza, lo que está en juego es la estabilidad económica del país.

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