edición: 2886 , Lunes, 20 enero 2020
10/05/2019
banca 

El plan privado para salvar al banco italiano Carige, en el aire tras la retirada del socio Blackrock

Los analistas temen que un mal manejo de la crisis de la entidad desate una carrera sobre los depósitos
Carlos Schwartz
Banco Carige, con no poca gravitación en la vida comercial, industrial y financiera de la región de Genova, se ha quedado de momento sin plan de salvamento. Tras declarar el Banco de Italia y el Banco Central Europeo (BCE) su virtual insolvencia en enero, el Gobierno de coalición entre 5 Estrellas y la Liga Norte barajó brevemente la idea de nacionalizar la entidad. El banco está desde luego bajo la tutela del BCE. Ante las reticencias generalizadas, en primer lugar de la Unión Europea y en segundo término del BCE, el Gobierno alentó una “solución privada” que pasaba por que el fondo Blackrock tomara el 24,9% del capital de la entidad y el resto de las acciones se “mutualizara” entre la banca privada italiana. El plan estaba en pleno desarrollo cuando Blackrock anunció que se salía de la operación sin dar argumentos. Los analistas estaban lejos de considerar que la entidad, con una recapitalización propuesta del orden de los 630 millones de euros, fuese viable. Tampoco estaba claro quienes acompañarían al fondo estadounidense, que finalmente pegó la espantada. 
El BCE con el visto bueno de la UE y en particular de Alemania, construyó un mecanismo único de resolución para las crisis bancarias del cual se ha ufanado muy mucho. Lo de “único” va porque en teoría nadie puede actuar por la suya en una vía no prevista en las reglas adoptadas… salvo desde luego Italia. Las reglas para las crisis bancarias ajustadas a martillazos por los socios europeos en 2014 fueron saltadas a la torera por la Italia de Paolo Gentiloni el breve en 2017, tras la caída de Matteo Renzi, en el caso de Monte dei Paschi de Siena que logró una bula para su recapitalización. 

No tuvo la misma suerte el Banco Popular en España a quien el BCE le firmó la orden de ejecución para vendérselo al Santander por un euro. Todos los caminos llevan a Roma, en algunos casos para bien y en otros iglesia mediante para mal. Lo que ocurre es que, a diferencia del panorama español de hace dos años, el italiano amenaza ruina en el sector bancario y los analistas temen que la falta de una respuesta apropiada en la crisis de Carige puede convertirse en una carrera sobre los depósitos de otros bancos reputados por su incierta situación y al menos baja capitalización. Las entidades de crédito italianas están atiborradas de créditos improductivos e incobrables y no todas han logrado librarse de todo el legado de una larga crisis en el sector empresarial que se ha mantenido durante una década camuflada de diversas formas.

Si se aplicara la fórmula del BCE para el Popular el Carige debería acabar en las manos del UniCredit o en su defecto del Intesa San Paolo, algo que ambos bancos resistirían con uñas y dientes. El UniCredit anunció una mejora en sus resultados en el primer trimestre de este año y un plan para deshacerse de una parte de su cartera de deuda pública. Esta semana anunció además la venta de un 17% en una filial que le reportará ingresos del orden de los 1.000 millones de euros que le permitirían elevar en 0,21 puntos porcentuales su ratio de capital de máxima calidad (Tier1) en el segundo trimestre este año. 

Todos los analistas coinciden en señalar que está dieta simultánea de adelgazamiento y musculación está destinada a poner en forma al banco para una fusión con otra entidad no italiana. La apuesta para esa operación es el Commerzbank por el cual el presidente del UniCredit, el francés Jean-Pierre Mustier, ya ha expresado interés, de palabra y por escrito. Pero en el camino se ha levantado de forma imprevista un obstáculo, Carige. 

Es bien cierto que se trata de poco dinero, pero mucho más que el que se dice. A la entidad en crisis no se la acomoda con menos de 2.000 millones, y de ahí en más habría que ver qué es lo que realmente hay dentro de ese envase. Por algo Blackrock, que contaba con todos los beneplácitos, se largo sin muchas contemplaciones. Una operación seria para rescatar el banco en apuros requiere la presencia de los dos grandes y algunos de los medianos. Al menos de los más saludables que no son muchos. El capitalismo italiano no está en condiciones de hacer bravuconadas con una economía en recesión y muchas incertidumbres sobre su futuro. Entre ellas el nivel de deuda pública y privada. Un salvataje colectivo o selectivo que involucrara a los grandes bancos frustraría las ilusiones transeuropeas del UniCredit. Un banco cuya área de expansión ha sido desde siempre Europa central y oriental.

El plan inicial para el Carige era una inyección de 720 millones de euros en parte aportados por Blackrock y en parte por la conversión de deuda en acciones por parte de la banca italiana en una mutualización de la deuda. Pero esto hace tan sólo a la distribución de capital. Porque transformar deuda en acciones no es inyectar capital. Es un pase mágico.

Tras el reparto de las acciones por las cuales el único que pondría dinero, si es que se trata de eso, sería Blackrock -aunque hay derecho a sospechar que ni eso, sino que ese era otro que estaba por transformar papel en posiciones accionarias- lo que se imponía era una recapitalización real. Tras esa aria operística de lo que se trataba era de meter dinero de verdad en el banco y esto el club se lo fiaba a Roma. La de Luigi di Maio y Matteo Salvini, que no es la del Papa Francisco. En una declaración los interventores del Carige afirmaron que siguen buscando una solución viable y que se reservan la posibilidad de solicitar al Ministerio de Economía una recapitalización de la entidad.

El Gobierno dice tener disponibles 1.000 millones para aportar en el caso de que una operación privada no resulte viable. No parece suficiente. Como era de esperar las acciones de los bancos italianos cayeron en bolsa. Para decirlo en breve, la economía de Italia pasa por un momento muy complejo, su banca está en muy mal estado, y un quebranto mal llevado puede desatar una tormenta. Desde la crisis de la deuda europea en Italia han desaparecido 11 bancos. El Monte dei Paschi se salvó por la excepción hecha por el BCE. Los bancos medianos Popolare de Vicenza y Veneto Banca, ambos de la región del Veneto, fueron cerrados y las pérdidas de accionistas y ahorradores se convirtieron en votos de 5 Estrellas y la Liga. Por lo cual en su lógica de supervivencia el Gobierno no va a dejar caer al Carige, aun a costas de más enfrentamientos con Bruselas. Habrá más...

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