edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
30/09/2020

El precio del oro se mantiene sin correcciones significativas a expensas de la volatilidad en las monedas

Las bajas tasas de interés explican que el mercado del metal tenga expectativas de nuevas subidas
Carlos Schwartz
El precio del oro tocó a mediados de agosto los 1.897,50 dólares por onza Troy, superando la anterior marca de 2011 de 1.891,90 dólares, registrada en medio del despliegue de la crisis de 2008. Pese a que ese nivel cedió tras las seis jornadas consecutivas de subidas en agosto, 2020 ha visto aumentar los precios de los futuros del oro un 24% en lo que va de año. Los expertos en el mercado de los metales preciosos sostienen que uno de los elementos por detrás del empuje en el metal amarillo está relacionado con los bajos tipos de interés. El oro es un activo de inversión que no rinde interés y su única fuente de ingresos es un incremento de su precio. Pero, bien mirado, las declaraciones de Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, afirmando que la inflación ha quedado fuera del horizonte de las preocupaciones del regulador y que bajará los tipos de interés cuanto sea necesario para alentar la actividad económica ha tenido un efecto directo sobre el oro. Las declaraciones de Powell implican que con los tipos de interés en niveles muy bajos, incluso negativos como en el caso de Europa, y el riesgo de crecimiento de la inflación, los activos de inversión tradicionales han perdido atractivo y han sufrido caídas en su rendimiento real.
La cuenta es sencilla, si un inversor compra bonos del Tesoro a 10 años con rentabilidades ínfimas corre el riesgo de perder dinero si los mantiene hasta su redención mientras crecen las tasas inflacionarias. Por añadidura la emisión de dinero por parte de los bancos centrales a escala mundial para inyectar cantidades sin precedentes en las economías globales, en la esperanza de evitar una profundización de la crisis impulsada por la pandemia de la Covid-19, ha despertado desconfianza en las monedas. Mientras tanto, una corrección en la bolsa estadounidense por la caída en la cotización de las tecnológicas ha vuelto a despertar el fantasma de la volatilidad. Wall Street fue la única que ha seguido con un mercado alcista hasta este año, pero existen fundados temores que se dirija a una fuerte corrección.

Los analistas de los mercados de metales apuntan que el oro tiene un registro de milenios en materia de refugio y atesoramiento de riqueza y que la apelación a este metal, que sigue flotando como referencia de los sistemas monetarios pese a todos los discursos en contra de ese concepto, tiene aún recorrido. El oro pasó la barrera de los 2.000 dólares la onza Troy este trimestre por primera vez desde hace décadas en una ola alcista que algunos observadores sostienen que se inició en 2015. La realidad es que a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 el oro llegó a tocar los 2.800 dólares por onza. Los escépticos señalan que entonces estábamos ante una situación excepcional en una verdadera guerra monetaria entre estados y el fin del tratado de Bretton Woods decretado en 1971 al suspender Estados Unidos la convertibilidad del dólar al oro. 

Pero dar carácter  de excepcionalidad a esas décadas, no se puede esgrimir para restársela a la actualidad económica. Los acontecimientos que vivimos superan en calado a la crisis de 1929 y la desconfianza en las monedas no es un sentimiento irracional. Los movimientos en el rendimiento real de los activos de inversión explicarían el 72% de la apreciación del oro en los últimos 12 meses mientras que los cambios en las expectativas de inflación supondrían otro 21% de ella, de acuerdo con la opinión del jefe de estrategia cuantitativa y de derivados de BNP Paribas, Michael Sneyd. La caída del rendimiento de los activos ha dado al oro, denominado en dólares en los mercados mundiales, un empuje adicional con la debilidad del dólar frente a otras monedas como el euro. 

El Índice del Dólar del Wall Street Journal que rastrea al dólar frente a una cesta de divisas cayó durante cinco meses consecutivos hasta agosto. Una cierta recuperación del dólar no es indicio de que la debilidad de la divisa estadounidense se haya superado de forma definitiva y esté en disposición de una carrera ascendente. La política de tipos de interés de la Fed indica más bien todo lo contrario. Con la perspectiva de las elecciones presidenciales en Estados Unidos en noviembre, tanto Republicanos como Demócratas han redoblado sus compromisos con las políticas expansivas que anuncian más emisión monetaria para intervenir en los mercados de activos.

En las últimas semanas, como reflejo de este escenario, las asociaciones de inversores han manifestado su preocupación por el bajo rendimiento de los fondos de pensiones y apuntan a verdaderos agujeros patrimoniales en los fondos en los que una parte de los europeos han colocado sus expectativas de retiro. De conjunto el futuro del dólar como una moneda de reserva está cuestionado a pesar de su papel preponderante en el comercio internacional. En la medida que el oro sigue siendo la medida última del valor de las monedas, a mayor desconfianza en las divisas emitidas por los bancos centrales, mejores perspectivas para el metal. A ello se debe sumar el objetivo de los tipos de interés de referencia que en el euro son negativos y en el dólar van a la baja de forma sistemática.

El rendimiento de los bonos le ha sacado lustre al oro en otro sentido. Ya que los rendimientos de los bonos son inversos a sus precios, el hecho de que sus rendimientos sean tan bajos los ha encarecido como fórmula de inversión. Los  gestores de dinero señalan que el nivel de rendimiento de los bonos es muy bajo y que en el caso de que las bolsas sufran una corrección fuerte no habrá espacio para que los bonos aumenten su rendimiento. En esas condiciones quedará una vez más abierta la vía para una nueva corrida sobre el oro.

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