edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
16/10/2018
Próximos obstáculos, deuda, pensiones y crecimiento

El Presupuesto consolida a Calviño como falsa vicepresidenta de Economía

Reduce a un papel secundario la poderosa Oficina Económica de Moncloa y potencia la Comisión Delegada para Asuntos Económicos
Juan José González
La idea inicial del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre el área económica del Ejecutivo, se mantiene fiel al modelo de un único responsable o titular de la cartera de Economía, con amplios poderes de coordinación con el resto de carteras también económicas. Hasta aquí nada nuevo porque en principio la estructura administrativa y política es única y sencilla. En anteriores gobiernos, esta misma estructura se pensaba que debería contar con mayor rango ministerial; en concreto, de vicepresidencia segunda (la política suele ocupar la primera). Pero en esta ocasión, dado el perfil técnico de Nadia Calviño, experta y buena conocedora de la administración europea y de sus instituciones, no parece haber requerido investir de mayor autoridad el cargo de ministra de Economía. Y así, bajo su dirección y responsabilidad, el presidente le ha descargado la tarea de elaborar una suerte de plan estratégico a dos años que le asegure el gobierno económico y su coordinación con las políticas económicas diseñadas por Bruselas. Era conocida la expectación que suscitaba entre sus colegas de género el trabajo de Calviño en estos primeros meses de la legislatura, al frente de la economía, para confirmar que la idea del presidente era, y continúa siendo, la de contar con una `vicepresidencia´ sin cartera pero con cartera económica, una falsa vicepresidencia segunda con todos los poderes asignados para imponer criterios de gestión sobre el resto de las carteras económicas, función que desarrolla la titular Calviño en el ámbito de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos.
Estaba previsto que el singular modelo de control de los asuntos económicos implantado por Pedro Sánchez tuviera su prueba de fuego en la elaboración y presentación del borrador de Presupuesto del Estado en Bruselas. Y la prueba parece haber pasado con grado de satisfacción para su mentor. Borrador o primera fase de elaboración presupuestaria cuyo peso y principal desgaste le ha correspondido a las carteras más políticas del Ejecutivo, en tanto que ha necesitado de la negociación política con algunos de los partidos que apoyan el Gobierno de Sánchez.

Calviño aprueba la prueba presupuestaria y confirma la sensación de Sánchez sobre la mayor eficacia que puede tener contar con una estructura para la gestión económica simplificada o centralizada en una única cartera, a diferencia de anteriores Ejecutivos, como el anterior de Mariano Rajoy desde 2011 a 2018, y de José Luís Rodríguez Zapatero en 2004 y 2008, en cuyos mandatos se administraron los asuntos económicos con estructuras paralelas duplicadas, con propuestas del ministro o vicepresidente económico que en ocasiones eran desestimadas por la Oficina Económica para Asuntos Económicos de Moncloa y último filtro para que salieran adelante las propuestas de mayor grado.

Y la práctica de estos cuatro meses de Gobierno de Sánchez parece haber demostrado, al menos, que la gestión económica no ha contado con las barreras y filtros internos que imponían las estructuras paralelas de gestión económica. Incluso se podría asignar a este trabajo el mérito de salir adelante a pesar del difícil equilibrio que mantiene el Gobierno en el Congreso de los Diputados, obligado a pactar las principales propuestas legislativas, como es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

Que la estructura que toma las decisiones económicas sea única y en teoría funcione de forma simplificada, no denota ni expresa que el Presidente intervenga menos o relaje el control de la gestión económica, al contrario, pues de esta forma se asegura un control más directo y que en la práctica se traduce en menores discrepancias y ausencia de fricciones entre carteras ministeriales. La historia más reciente está plagada de episodios donde abundan las disputas personales y los desacuerdos, cuando la todopoderosa Oficina Económica de Moncloa vetaba decisiones y propuestas del ministro de Economía.

Que la estructura del aparato administrativo y político que toma las decisiones de la economía española funcione según la idea del presidente, no es garantía de eficacia final de las iniciativas de Nadia Calviño -ni del resto de departamentos económicos- y sólo serán los resultados los que midan y valoren si la idea de depositar todo el poder de la política económica española en manos de la titular Calviño ha merecido la pena. Superado el obstáculo del borrador presupuestario, llegan ahora otros de igual o mayor dificultad, como son lidiar la deuda pública con tipos de interés y petróleo ambos al alza, corregir el déficit del sistema de pensiones o mantener la actividad de la economía en ritmos que aseguren los objetivos de empleo comprometidos. Y todo sin olvidar que el sistema se nutre de la confianza de los agentes económicos.

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