edición: 2824 , Lunes, 14 octubre 2019
17/06/2019

El pulso salarial

Todo lleva a pensar que aquella profecía disparada desde Cibeles por el banquero central, cifrando en 125.000 los puestos de trabajo que se llevaría por delante la subida del salario mínimo, y luego, poco después, respondida con saña (de la mala) por la secretaría de Empleo gubernamental, ha sido el punto de partida para una animada disputa, un reñido pulso o la leña que animará este salarial y otros fuegos venideros. Según los críticos, todo obedece a los lobbies anti subida salarial, y según los militantes del alza salarial es que no existe modelo económico claro que certifique que a una subida salarial le corresponde una caída del empleo.

En estos términos parece mantenerse el pulso, y ambos a la espera de que pase el tiempo, de que se sucedan los meses de subidas del empleo, que obviamente darán mayor fuerza al Gobierno mientras que una caída del mismo añadirá razón a los agoreros del Banco de España. Aunque en el fondo se advierte una suerte de fuego cruzado entre reformistas y contra reformistas, ambos parecen vivir fascinados por el carácter estructural de las reformas laborales. Un fuego o pugna por hacerse con el control del mercado, en este caso laboral, para ponerle precio a lo que los economistas llaman factor trabajo.

Cuando aún es todavía, es decir, cuando transcurrido un trimestre desde la reforma del salario mínimo, comienzan a aparecer las primeras señales del mercado laboral, que apuntan en la dirección de los malos efectos de la subida salarial sobre el empleo, el Gobierno ya prepara una respuesta contundente y de periodicidad mensual, para el Banco de España, para restregarle la subida del empleo al mismo tiempo que señalar que las caídas de este se deben a la desaceleración que vive toda Europa antes que a los efectos de la polémica subida del SMI.

Lo cierto es que tras el festival electoral de los meses pasados, y haciendo caso de las encuestas de empresas especializadas en colocación, en el período de vigencia de la subida del salario mínimo se ha destruido empleo en las grandes empresas (27.700 empleos) y retrocedido su creación. Si bien es cierto que no se trata del apocalipsis tampoco deberían cantar victoria los agoreros del alza salarial, pues lo que ni uno ni otro valoran es que, al final, son los empresarios los empleadores, los que funcionan siguiendo criterios ligados a las expectativas de negocio antes que a considerar que la subida del salario mínimo es una variable fatal o letal para el negocio que, en realidad, sólo afectaría de forma lateral a la rentabilidad. Pero el pulso seguirá.

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