edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
19/04/2018

El punto justo con el banco

Al grito de ¡tonto el último! se echan a la calle los comerciales bancarios a la caza y captura del cliente. Con órdenes precisas y muy concretas: los jóvenes temporalmente contratados al mejor precio del mercado abordan al primero que encuentran, para una hipoteca, una cuenta, lo que sea, pero el objetivo es echarle el lazo. Después vendrá el guante y lo que tenga que venir. Hay que correr porque los bancos pretenden adelantarse a la nueva ley hipotecaria, que parece estar a punto, justo antes de la nueva burbuja, para meter en vereda algunos detalles que se han ido de madre en la anterior.

De madre son los vínculos obligatorios que conlleva la aceptación del paquete hipotecario, más rígido, cruel e inviolable que el mismo contrato matrimonial, en el cual se dice inspirado el de Santander, que bien lo sabe y mejor práctica, como nadie y ninguno, y que en esencia viene a ser, “o me firmas aquí todo esto, o no te doy ni un euro”. Y así cualquiera. Con los productos adicionales de la dichosa vinculación, me vínculo con el banco para toda la vida. Pero al fin, la nueva ley hipotecaria, vendrá para librarme, por ilegal, de esa abusiva costumbre vinculatoria de los `santanderes´ de turno; ya no tendré que contratar ni tarjetas que no uso ni seguros que no deseo.

Por si no fuera suficiente, la nueva acometida bancaria en modo guerra hipotecaria y a la que luego, otro día, seguirá con más bulla la de los depósitos (que ya asoma) transcurre esta vez, además de por tierra y mar, también por el aire del ciberespacio; ofertas online de todo tipo y color que disparan al público enchufado y lo convierten en `ciberganado´ estabulado: sea lo primero porque el trato de la clientela es similar al que se aplica una la mesnada animal, sea lo segundo en tanto que clasificado y ordenado el público objetivo por categorías comerciales.

Y así tiene la tal guerra bancaria hipotecaria asida a la masa, comprometida con el banco porque lo de los seguros; de vida, de la casa, de la bici, del coche y de la misma mascota, no va de broma, va en serio. Porque también lo es que por las mismas te crujen con penalidad y comisión accesoria si te da por cancelar antes de lo previsto, y ya te digo si te cambias de variable a fijo o te vas a otro banco con la hipoteca. Pues bien, como sea que las obligaciones entre particular y banca tienen tan sólo una dirección, y que esta lleva al uso y al abuso, la nueva ley hipotecaria pondrá las cosas, no todas, pero sí algunas, en su sitio justo. Esperemos.

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