edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
20/11/2019
Economías sólidas y sistemas políticos estables

El refugio de los grandes inversores se muda al norte de Europa en busca de rentabilidad

Cuatro países del norte de Europa son hoy el caladero preferido de los buscadores de la rentabilidad reparadora frente a los tipos negativos del centro y del sur de la Unión Europea
Juan José González
De un tiempo a esta parte, quizá en los últimos seis años, los grandes fondos de pensiones y los grandes patrimonios han orientado sus miradas hacia el norte de Europa. Especialmente desde el convulso año pasado donde no hubo día sin Trump para los activos financieros, en particular para las emisiones de deuda. Así que la coyuntura parece haber puesto de moda el norte de Europa, cuatro economías en concreto que hoy pueden presumir de sistemas estables en sus economías y en sus regímenes políticos. Se diría entonces que Escandinavia es esa zona del mundo donde todo se mantiene dentro de la ortodoxia y el orden económico y político más correctos. Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia (sólo éste pertenece a la Unión Europea) integran ahora mismo una suerte de oasis social y económico capaz de respetar los tiempos y los ritmos del sistema bancario y de la economía pública y privada como en ningún en otro lugar del mundo. Transparentes, previsibles, con divisas estables y sistemas bancarios saneados y solventes, los países nórdicos son hoy un centro mundial de atracción de capitales que demandan la rentabilidad de sus bonos, públicos y privados, con apreciables notas de calificación, si bien, un buen número de empresas privadas todavía no presenta rating crediticio.
El grandioso desierto que hoy dibuja la política monetaria del Banco Central Europeo con los tipos de interés en negativo obliga a prácticas de emigración a los inversores, gestores, empresas y Estados en busca de caladeros propicios para compensar la caída de la rentabilidad de las inversiones, en particular, las que se producen en el mercado de la renta fija. Y los países nórdicos parecen ser hoy ese oasis deseado por la rentabilidad para los emigrantes de los tipos negativos. Son los cuatro países de la zona del norte de Europa, Escandinavia: Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia (sólo éste es miembro de la Unión Europea).

Un mercado que está señalado en las guías más exclusivas de los inversores institucionales, cuatro economías a las que el centro y el sur de Europa observa con tanta atención como envidia. Reúnen los requisitos al completo de las normas que se aprueban los europeos para sus socios, empresas y ciudadanos. La legislación, tanto laboral como social y económica de los países del norte coinciden con las que se han dado los países del centro y del sur. No hay contraste ni comparación, salvo que en el norte se pueden cumplir y respetar y en el resto es más difícil o incluso imposible. 

La normativa, por citar un ejemplo, europea sobre déficit presupuestario y deuda pública es en la Unión Europea un grupo de leyes muy claro y conciso que no admite dudas. Y sin embargo, los socios se encuentran a larga distancia de su cumplimiento. Es el caso también de la singularidad de las empresas que emiten deuda en el norte de Europa: casi todas, la mayoría, recogen en sus normas internas los criterios de buen gobierno, los principios del Pacto Global de las Naciones Unidas así como otros criterios medioambientales y sociales que también se observan en el resto de la Unión Europea pero que, sin embargo, no parece que sean aplicados en toda su amplitud.

Y así se va dibujando poco a poco la naturaleza de este caladero de la rentabilidad que son las emisiones de deuda de empresas y Estados nórdicos. La deuda empresarial es ese lugar al norte europeo un activo con un comportamiento suficientemente previsible para los inversores. Hoy son estos países un puerto seguro de estabilidad bancaria y social, donde las empresas mantienen un alto componente exportador y una financiación local, en su mayoría de procedencia del ahorro interno y de las instituciones de la región. Los inversores tienen, de esta forma, una `versión´ más cercana y real, seguramente más objetiva que cualquier calificación externa o recomendación experta.

Así descrito el mercado del norte, el oasis de la rentabilidad positiva, la región segura para los ahorros y las empresas, con escasa volatilidad y suficiente transparencia quizá habría que pensar en la forma de convertir el centro y el sur europeo en otros oasis similares para la financiación empresarial, un mercado de bonos previsible y estable, menos convulso (mejor sin tanto alboroto). La normativa que regule ese nuevo oasis se puede decir que ya está hecha y aprobada. Tan sólo faltaría el trabajo institucional de los organismos públicos europeos para estabilizar los mercados y poner orden en las finanzas de los socios. Con un poco de autoridad institucional y seriedad de los gobiernos de los socios sería posible. Y necesario para evitar el próximo crash que no debe andar muy lejos.

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