edición: 2829 , Lunes, 21 octubre 2019
02/07/2019
Ahora los peligros son los servicios financieros de las tecnológicas

El regulador bancario europeo pierde la confianza de los regulados

Entre los requerimientos de capital -la pesadilla de todos- los exámenes de estrés -humillantes para algunos- políticas, medidas y demás estímulos el regulador bancario ha perdido todo su crédito y la credibilidad del sector bancario
Juan José González
De nuevo, avisos de los organismos internacionales y europeos sobre los nuevos competidores que se incorporan al mercado de los servicios financieros. Competidores con distinto grado de cualificación técnica, pero en todo caso, competidores serios y experimentados en las nuevas tecnologías en tanto que dominadores del sector tecnológico. Amazon, Alibaba, Google, Tencent y Facebook, hasta hace bien poco tan sólo amenazas para el mercado de los servicios financieros, ya son realidades, ya cuentan en el mercado con servicios como los pagos, el crédito y el ahorro, en la mayoría de los casos en un estado incipiente pero en otros plenamente desarrollados. De esta realidad el BIS (el Banco Internacional de Pagos) el coordinador de los bancos centrales, ya advirtió hace tres años pero lo denominaba "riesgos" o "amenazas". Y desde entonces, con distinta intensidad, los bancos han reaccionado de diferente forma. Hoy, todas las advertencias al respecto parecen escasas y el BIS inicia la carrera urgente para dotar al sector de una nueva regulación, para afinar normas y herramientas y hacer frente a la cohabitación que viene entre las grandes tecnológicas y las entidades bancarias.
El regulador parece estar seguro en cualquier caso de que cuenta todavía con un margen de maniobra suficiente que le permita fijar las reglas de la nueva competencia antes de que comience el partido, por otro lado, confiado en que por ahora, tan sólo el 11% de los ingresos de las grandes compañías tecnológicas se originan en los servicios financieros. Los bancos sospechan que este porcentaje se triplicará en 2020, lo cual mantiene a todo el sector más sensibilizado que cuando llegó la primera advertencia, en 2014.

Lo cierto es que el sector parece haberle perdido el miedo a todo tipo de advertencias que en forma de opiniones o informes eran lanzados a los cuatro vientos cada semestre, bien por el BCE, bien por el BIS. Para empezar, las autoridades dan por hecho, confirman, que en el horizonte se presenta una nueva crisis, algo que hasta hace unos meses no estaba siendo reconocido de forma explícita. Y como tal hecho futuro, la realidad obliga a los supervisores europeos (como el BCE) y a los internacionales (como el BIS) a proponer acciones y animar a los gobernantes políticos a que apliquen nuevas reformas estructurales y también nuevas políticas fiscales. 

Pero las autoridades financieras se encuentran con un inconveniente: la resistencia de algunos Gobiernos, empresas privadas y bancos a aceptar las recomendaciones. La desconfianza y la falta de credibilidad acumuladas en estos últimos años, está siendo la principal barrera que impide que las recomendaciones de los supervisores sean, no escuchadas, sino tenidas en cuenta. El sector bancario se ha vuelto receloso en estos años de postcrisis (desde 2008 en adelante) a sospechar de los mensajes y de los tiempos.

Escépticos algunos bancos de las medidas del supervisor para asegurar la estabilidad del sector financiero, la -para muchos- tortura de los requerimientos de capital o los exámenes -en alguna ocasión humillante- de las pruebas de estrés han logrado erosionar la confianza de los bancos en varios aspectos de la actividad reguladora. Ahora, el sector bancario, suspicaz ante los nuevos mensajes de BCE y BIS, tampoco se creen que estos hayan agotado sus arsenales de políticas, medidas y estímulos como tampoco se creen que una (otra más) reducción de tipos de interés vaya a provocar la reacción de la banca en la dirección que desean los supervisores.

Un analista bancario explica la correspondencia de premisas entre la economía y el sector bancario: "para crecer más hay que reducir la dependencia de la deuda y mejorar la productividad" y añade "y para que los bancos sean rentables deben ajustar el tamaño de red y plantilla y adaptar costes a la realidad". Sugiere el analista que en este sentido una buena parte de los bancos no han hecho los deberes y se han dedicado a echar la culpa de sus males, en especial, los malos resultados, a "los azotes constantes de los reguladores". Y concluye que aunque el sector, en general, le haya perdido el miedo a los reiterados mensajes del Banco Central Europeo sobre la crisis ("a la vuelta de la esquina", o "la competencia de las tecnológicas reducirá aún más los márgenes", o de la aparición de nuevas burbujas") los grandes bancos se siguen resistiendo a adaptar sus planes de negocio y planificaciones estratégicas a planteamientos más realistas. "Seguramente cuando lo hagan, ganarán más dinero, incluso, a pesar de la regulación".

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