edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
03/12/2018
banca 
Las contradicciones del supervisor

El regulador europeo, atado por la inconsistencia de la resolución del Popular

Intenta aplicar el mismo criterio para liquidar las crisis de la banca italiana, francesa o alemana
Juan José González
Sigue coleando, y por tanto, sin explicaciones convincentes, el porqué de la liquidación de un banco solvente como lo era, en el momento de la resolución por la Autoridad Europea Bancaria (EBA) el Banco Popular. Sigue sin convencer la cadena de hechos, algunos probados y otros a la espera de información que pruebe, al parecer, los más decisivos e interesantes, cuando ya ha transcurrido más de un año y la entidad es ya hoy una marca digerida por otra entidad financiera, Banco Santander. Sigue existiendo una laguna muy amplia y profunda de inexplicables hechos que ni siquiera los políticos que manejan los hilos de la política financiera de Europa logran explicar: sólo hay que observar las respuestas, cuando no las calladas, de algunos responsables de la burocracia de Fráncfort. Aseguran quienes han leído el informe del Banco Central Europeo sobre la liquidación del Popular, que se trata de un informa que no informa de nada y que tan sólo representa el punto de arranque de la tesis, o chapuza, montada para justificar o explicar lo inexplicable.
Llama la atención del informe del BCE -hecho público en agosto de 2017, y día de hoy sin conocerse en su totalidad, con partes ocultas del mismo reservadas y bloqueadas (entre otros, por el Banco Santander) sólo accesibles a un grupo de cuatro jurídicos del BCE- que lo único que parece quedar claro es la autoría de lo que las autoridades bancarias consideran un fiasco (con otra palabra más técnica -quiebra- pero fiasco al fin) que no son otras que los gestores; que el banco habría quebrado en todo caso víctima de la sequía de depósitos causada por la huida general y en bloque de los depósitos y que, finalmente, que la amplia difusión de la información ("La EBA liquida el Popular") dio al traste con el banco. Omite explicar el informe los tres porqués de las tres causas de la quiebra.

Un reciente informe de un banco español viene a confirmar que la resolución y posterior venta del Popular fue todo un hito que parece destinado a marcar un antes y un después en la gestión de la supervisión bancaria europea, a la par que un punto de inflexión en la atrabiliaria reordenación del sector bancario en España. Asegura el informe que la banca española ha vuelto a recuperar los niveles previos a la última crisis del sector, tras la resolución y posterior venta del Popular al Santander, y que la liquidez del sistema no es un problema.

Viene a recordar esta afirmación sobre la buena salud del balance entre crédito y depósitos de la banca española que las autoridades  bancarias europeas continúan sin dar explicaciones convincentes, razonables y creíbles acerca del porqué de la resolución del Popular, una cuestión en la que el BCE ni la EBA han consentido entrar en ningún momento a lo largo de los últimos 18 meses. Las autoridades no responden a los interesados -inversores privados, públicos los menos, pero igualmente perjudicados, ahorradores y pequeños accionistas, y no tan pequeños- a la cuestión principal: por qué se intervino y resolvió (liquidó) una entidad de la que no se pudo demostrar (tampoco a día de hoy) que era solvente.

Las primeras explicaciones de las autoridades tienden a argumentar -en un intento en vano de desviar la intención de la pregunta- que el banco tenía graves problemas, considerando como grave el incumplimiento de la norma que establecía un mínimo de liquidez. Falta que a la postre determinó la sentencia final de liquidación sin apelación. Los abogados que a lo largo de los últimos meses vienen trabajando la defensa de los grandes fondos y patrimonios ricos afectados por la resolución, preguntan, sin éxito, por qué no se trató de evitar la fuga de depósitos si este, y no otro, era el problema principal que padecía el banco y que concluyó siendo determinante para la resolución final.

Si la salida -huida- de los depósitos fue la causa de la liquidación del Popular, la pérdida de confianza tuvo que ser anterior a la gran estampida y, por tanto, debería y podría haber sido controlada y evitada. Pero no fue así porque, entre otras razones, las filtraciones a través de la prensa por parte de estancias interesadas en activar la crisis del Popular, hicieron de acelerador de la misma en vez de actuar de freno. Se podría afirmar por tanto que la estructura del sistema burocrático bancario del supervisor no funciona para corregir y evitar estos eventos, en vez de servir como freno para evitar crisis como la que dio al traste con el Popular.

Tras año y medio de la intervención y a la espera de conocer las partes reservadas al conocimiento público, la resolución del Popular -y posterior venta por un euro al beneficiado Santander- continua siendo un misterio. Porque la responsabilidad de los gestores, que no se discute por obvia, acaba siendo menor en la medida en la que los reguladores bancarios -con el apoyo del Santander- siguen disponiendo de las excusas legales precisas para evitar la aplicación de los mecanismos que hubieran frenado la sangría de los depósitos y la crisis de liquidez. Deberían los bufetes especializados en estos casos, y hoy con clientes muy interesados en el asunto, estar atentos a los movimientos y actuaciones de EBA y el BCE ante los complicados que se les presentan con entidades bancarias de Francia, Italia y Alemania, aunque se da por hecho que en esta ocasión no va a ser la crisis de liquidez la causa de nuevas liquidaciones y resoluciones porque, entre otros, italianos y alemanes no parecen sufrir crisis de liquidez porque ahora las autoridades locales se esmeran en cuidar la confianza de los ahorradores y accionistas.

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