edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
18/04/2018
banca 
Dura y costosa penitencia por el Popular

El Santander, acorralado por la Justicia, se juega resultados y reputación en EE UU

El juez neoyorquino devuelve las expectativas a miles de afectados y fondos de inversión de notable peso, que ven cada vez más cerca una compensación con cargo al actual propietario 
Juan José González
El grupo de inversores encabezado por Antonio del Valle, propietario del 4,2% del Banco Popular antes de la resolución de la entidad, no ceja en su empeño de recuperar todo o parte de su inversión, en principio, perdida, tras la decisión de la JUR. Son 470 millones de euros los que están moviendo a los 55 inversores que integran el grupo de Del Valle y que, visto lo visto en España y en Bruselas, mantienen abierto el frente judicial en Estados Unidos. Tratan los inversores afectados de recuperar lo que consideran por ley que les corresponde y que les fue arrebatado de forma arbitraria e irregular. La reclamación del grupo inversor que lidera Del Valle, supone un salto cualitativo en la batalla legal de los afectados por el Popular, una nueva fase en la que las reclamaciones de los inversores van a ser estudiadas por un juez ajeno a los intereses de las autoridades europeas y de los tribunales continentales, y que puede concluir con la obligación de descubrir toda la información que reclaman los afectados. Y no se trata de una demanda aislada, la provocada por este grupo inversor que dirige el mexicano, sino de un movimiento judicial al que se podrían sumar las demandas de otros grandes fondos como Pimco y Anchorage, todos en las manos del mismo juez. Palabras mayores que trastocan el horizonte del Santander y que mantienen al banco en vilo. El impacto en las cuentas de la entidad, motivado por el calvario judicial, si bien se estima que será menor, sí tendrá en adelante un reflejo en las grandes decisiones, en las estratégicas. Todo indica que el coste superará un euro.
Porque, por mucho que buena parte (la mayoría) de los documentos sensibles del caso, así como numerosos testigos (compañías y reguladores) se encuentren en Europa, como subraya el banco, el nuevo frente judicial abierto por los accionistas de Del Valle tiene sede en Nueva York, donde un juez ha registrado la demanda de los inversores afectados y al que proponen iniciar el procedimiento encaminado a descubrir la totalidad de la información sobre la valoración del Popular. Y en esa información está algo más que un simple morbo; están la clave, el misterio y las razones de la resolución. 

Pero, a diferencia de la línea de defensa mantenida hasta ahora por el Santander, que estimaba que se trataba de un caso exclusivamente europeo y que afectaba a los reguladores y supervisores, lo que ha provocado la reacción y la respuesta de Santander es que ahora se corre el riesgo de que el juez norteamericano, libre de cualquier influencia de los tribunales y reguladores europeos entienda y falle que hay causa suficiente como para ordenar un proceso de información por el que se conozcan las partes del informe y otros documentos adjuntos que concluyeron en la resolución del Popular. 

La reacción del Santander tiene, por otra parte, justificación suficiente en tanto que el banco sigue "atrancado" en el complejo mercado norteamericano, por mucho que en los últimos meses desde la entidad hayan intentado restar peso al volumen de negocio en aquel mercado y su escasa aportación a los resultados del grupo, de apenas un 5%. Sin embargo, en esta batalla judicial con los inversores del Popular el banco no se juega sólo los resultados y el negocio, sino también y sobre todo, la reputación y las dudas sobre el gobernanza del Santander, en cuestión desde la resolución y adquisición del banco quebrado.

En otro orden de asuntos, llama la atención la nefasta diligencia y dirección en el caso del Popular llevada a cabo por Elke König, la presidenta de la Junta Única de Resolución (JUR) primero por su actuación irreflexiva y rápida, posiblemente con escaso tiempo dedicado a meditar la resolución, como por otra parte su declaración de mostrarse sorprendida y hasta cierto punto, pillarle desprevenida "todo el ruido que rodea el caso", según sus propias palabras. Por eso, que la responsable de tomar la decisión en la JUR valorase que en el caso del Popular ("insolvencia probada") difícilmente la resolución iba a resultar más negativa que los efectos derivados de la propia insolvencia, confirma su incompetencia técnica e intelectual en asuntos de problemas bancarios.

En todo caso, el camino judicial que le queda al banco por recorrer en este vía crucis por el Popular, aunque hoy sea considerado en la entidad como parte del precio en forma de penitencia, parece que afectará al banco, y no únicamente en aspectos de imagen y reputación, sino también, y esto es lo más grave, a la marcha del negocio. Hoy, los analistas del sector observan con cautela la evolución del banco -sus cuentas- y ponen el foco en las grandes decisiones, las procedentes del consejo. Sobre las primeras señalan que el impacto en las cuentas, procedente del calvario judicial, podría quedar diluido en parte, dado el volumen del grupo financiero. El calvario por la compra del Popular influirá, sobre todo, en las grandes decisiones, en las estratégicas.

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