edición: 2939 , Jueves, 2 abril 2020
14/01/2020
banca 
Santander y BBVA los principales perjudicados

El sector bancario espera en la antesala del nuevo Ejecutivo para recibir un golpe fiscal

El objetivo son los dividendos de las filiales, hoy exentos pero que en breve se les aplicaran cuatro o cinco puntos porcentuales
Juan José González
Los departamentos de Consolidación de Sociedades y Filiales de algunos bancos ya vienen trabajando desde hace unos meses junto a algunos despachos jurídicos nacionales e internacionales un problema que se les viene encima a las entidades financieras: el aumento de algunos gravámenes que, en concreto, tienen por objetivo un aumento de los ingresos fiscales del Estado por la vía del encarecimiento de entre un 4% y un 6% los dividendos que se distribuyen de las filiales. Estas, muy numerosas sobre todo en el caso de entidades cuya actividad está dispersa por los cuatro o cinco continentes, puede suponer una rebaja importante en los beneficios finales, de entre dos y tres puntos porcentuales, aventura un experto en contabilidad de filiales. Lo cierto es que el nuevo Ejecutivo parece guardar en la recámara algunas medidas relámpago, sorpresa y eficaces desde el punto de vista mediático y social, medidas que estaban previstas en la hoja de ruta del Gobierno anterior pero que la coyuntura electoral desaconsejaron. Pero ahora sucede lo contrario, ya hay vía libre para algunos gravámenes al sector financiero que llevan meses masticándose en Moncloa. El acuerdo programático de la coalición de gobierno reúne algunas medidas que no salieron adelante en el anterior ejecutivo con otras novedades que vienen de la mano de los nuevos socios. Es conocida la intención de ambos partidos de la coalición sobre que en ningún caso los gravámenes mínimos a las entidades bancarias serían inferiores al 18% de su base imponible, una medida que hizo saltar las alarmas el verano pasado al considerar la medida un ataque al sector. Pero ahora vienen más.
La primera razón que esgrimió la banca frente a las entonces sólo intenciones de aumentar la presión fiscal al sector, fue muy clara: los bancos pierden dinero en España y las filiales lo ganan fuera, pero el resultado final es que los grupos bancarios tienen bases imponibles negativas en España porque es donde se pierde dinero. El razonamiento quedaba cojo si con él se pretendía justificar la injusticia de cualquier nuevo gravamen, puesto que la coalición de Gobierno tiene planeado una subida de la tributación fiscal de al menos tres o cuatro puntos en el Impuesto de Sociedades. 

Por otro lado, el sector añadía que la práctica habitual en varios países europeos no se centra en gravar tanto los beneficios de las filiales como sí en establecer una tasa o gravamen sobre los depósitos o activos que gestiona un grupo bancario. No parece que el nuevo Ejecutivo vaya a tener en consideración este último apunte. Ahora bien, lo que según el Ejecutivo parece que no sería tan sencillo repercutir al cliente bancario sería un gravamen a los dividendos originados en las filiales que, actualmente, carecen de tasas, es decir, están exentos de tributación.

Así las cosas, así los planes decididamente imperativos que pueden ser anunciados en breve, los grandes perjudicados, los principales destinatarios de los gravámenes de las filiales son, obviamente, los dos grandes bancos: Santander y BBVA, en tanto que sus beneficios proceden, en más de la mitad del total, de las sociedades filiales en el extranjero. Lógicamente, serían las filiales el objeto y objetivo de la nueva fiscalidad que se pretende aplicar al sector bancario. Y en concreto, sus dividendos tributarían entre un 4% y un 5% respecto a la tributación actual que es cero, es decir, están exentos.

La medida, por otra parte, podría causar cierta polémica puesto que aunque el gravamen sobre los dividendos de las filiales tendría un carácter general, en tanto que afectaría a todas las empresas, serían sin embargo, los dos grandes bancos los principales pagadores de la tasa a los dividendos de las filiales. Una medida que no tiene que ver con la tasa bursátil que, según parece, está encontrando alguna oposición interna en el mismo seno del Gobierno al estar relacionado el gravamen con una posible deslocalización del ahorro y de los inversores españoles hacia otros mercados o países vecinos.

Al final, debería tener en cuenta el legislador que cualquier impuesto, tasa o gravamen que se vaya a imponer al sector financiero, será repercutido, por una u otra vía, a los clientes, con lo que el banco no será el destinatario de las ideas del Gobierno sino sólo un intermediador entre los planes de recaudación y el público final. Es decir, la banca no pagará más como pretenden los planes del Gobierno sino que será la población la que acabe poniendo el dinero. Lo que se dice hacer un plan como unas tortas. En último extremo, para que las filiales bancarias quedasen al margen del impuesto que se pretende aplicar sobre los dividendos, sólo habría que deslocalizar sedes y centros corporativos, al estilo de las multinacionales americanas, japonesas o chinas.

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