edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
07/05/2018
España puede perder dos de las 13 plantas

El sector del automóvil afronta el futuro sin políticas de apoyo industrial

Reino Unido y Francia ya cuentan con planes estratégicos para competir en calidad con fuertes inversiones en tecnología
Juan José González
España cuenta con 13 plantas de construcción de automóviles, el segundo lugar en Europa y octavo a nivel mundial, aporta el 9% al PIB, emplea a cerca del 10% de la población activa y representa la quinta parte de la exportación española. Son las cifras de identidad de una industria que superó con nota la crisis económica, a pesar de que no han faltado episodios puntualmente complejos que hicieron peligrar la supervivencia de dos plantas. Ahora el sector vive un momento de alegría, de recuperación de las ventas, paralelamente al de la recuperación económica. Que el sector, la producción, el empleo y las ventas vayan viento en popa no significa que los fabricantes no se estén planteando el futuro.
Ya se conocen algunas tendencias que indican hacia dónde va el sector, a dónde planea llegar, cómo y qué condiciones. Y algunas proyecciones de futuro dan incluso el número de fábricas que podrán sobrevivir así como las nuevas tecnologías que marcarán la fabricación y los productos. Es probable que en esas proyecciones a España le toque una parte importante de la nueva industria, para bien y para mal. Para bien la pervivencia de la industria, pero para mal es probable que ni el número de plantas deba ser el actual como tampoco su número de trabajadores. Los primeros estudios apuntan a que de las 500 plantas de fabricación automovilística que existen en el mundo sobrarán la mitad. Es posible que entre estas 250 se encuentre alguna del sur de Europa, y que España cuenta con varias papeletas. Aunque este no es el principal problema.

El problema capital al que se enfrenta la industria de la automoción en España tiene que ver con diversas variables. Una es la energética, donde la legislación española ya cuenta con una marca, una meta u objetivo como es que para 2020, los automóviles eléctricos y los propulsados por gas (Cero Emisiones y ECO para la Dirección General de Tráfico) deberán alcanzar una cuota de al menos el 10%. Aquí hay un primer desafío que ya está obligando al sector a reaccionar, a realizar varias adaptaciones, con el consiguiente empleo de capital o inversión. El energético no es el único desafío.

Hay otro inmediato e importante, como es la elevada competitividad, aspecto en el que también hay que contar con los competidores vecinos como Marruecos y Portugal, así como no perder de vista otros competidores más lejanos. Mantener la competitividad en automoción no se limita a variables como la salarial porque es probable que cualquiera de los dos competidores mencionados pueda producir más barato que España por salarios. Donde los competidores lo pueden tener más difícil respecto a las plantas españolas es en otros apartados como los profesionales y su cualificación, y las tecnologías aplicadas al producto y también a la fabricación de los vehículos. Y todo esto apunta a una producción, y por tanto, también de plantas, de calidad.

Hace varios años, la industria del automóvil española consiguió adelantar a las francesas en costes, compitiendo con salarios más bajos y otros costes de producción. Entonces, la mayoría de las fábricas españolas dieron el gran paso de calidad al invertir en nuevos procesos y materiales que fueron incorporados a los vehículos que actualmente están en la fase previa al automóvil conectado al big data. Es decir, las plantas españolas ya han comenzado a construir vehículos con perfil tecnológico, mientras que los competidores más cercanos no han llegado a esa fase previa.

Todo apunta en una misma dirección: la producción de automóviles de calidad, entendiendo por ésta vehículos eficientes en energía, medio ambiente, seguros y con nuevos materiales. La estadística señala que cada cuatro años aumenta la robotización un 15%, lo que da una idea de que cambios en los procesos de producción se producen a una velocidad que obliga a invertir en nuevos materiales pero también (o sobre todo) en los trabajadores especializados o cualificados.

Así el escenario del sector, en permanente proceso de cambio y adaptación a los tiempos, algunos países como Reino Unido y Francia han comenzado a aplicar políticas de renovación tecnológica y formación de profesionales del sector. Cuentan con planes de inversión para una industria que ya se proyecta con horizontes de 2030 y 2040, políticas de apoyo a la industria del futuro del automóvil. España no cuenta, por el momento, con ningún plan de futuro para una industria que corre el peligro de quedarse sin dos o tres de sus actuales trece plantas. Y no sería el peor escenario, pues la industria de componentes, que ocupa a 225.000 trabajadores, corre el riesgo de reducirse a la mitad. Otros competidores lo han visto tan claro que ya están fabricando baterías y componentes electrónicos para los actuales vehículos.

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