edición: 2829 , Lunes, 21 octubre 2019
05/07/2019

El sector siderúrgico padece la inestabilidad política por la postergación de decisiones estratégicas

El precio de la electricidad y el tonelaje del transporte reducen la competitividad del acero español
Carlos Schwartz
De acuerdo con el presidente de Unesid, Bernardo Velázquez, la aprobación del Estatuto de Industrias Electrointensivas negociado con el Gobierno de Pedro Sánchez ha quedado paralizado por la convocatoria electoral y a la espera de la proclamación del candidato a presidente tras las elecciones generales del 28 de abril. Según el director general de la patronal, Andrés Barceló, la negociación del estatuto estaba dirigida a cerrar la brecha que afecta a las empresas españolas con fuerte dependencia de la energía eléctrica para sus costes respecto del precio del kilovatio hora en Francia y Alemania. La clave de la competitividad, de acuerdo con los portavoces de Unesid, respecto de esos dos países está precisamente en el precio de la energía eléctrica que sería un 30% más barata en Francia y cerca de un 50% en Alemania. Velázquez señaló que los costes laborales en la industria del acero, que está altamente tecnificada y automatizada, son de apenas el 10% del total. La Unión Europea (UE) ha definido como un principio estratégico alcanzar un 20% de participación de la industria en la formación del producto interior bruto (PIB) de las naciones miembros. “Pero un objetivo de esta naturaleza requiere tener un terreno de juego nivelado respecto de los otros países en el terreno industrial”, señaló Barceló quien recalcó los avances en materia de incremento de la tecnología en el sector siderúrgico. 
Velázquez por su parte señaló que en la siderurgia existe una gran estabilidad laboral y una muy alta cualificación del personal, sin la cual no se puede poner en marcha la industria. “Lo habitual es que los trabajadores del sector acaben su carrera laboral de toda una vida en una misma empresa”, añadió. Es evidente que no existe en la España contemporánea una preocupación central por la competitividad de la industria, algo que se refleja claramente en los costes de la energía. Alemania, que ha encarado su “revolución energética” desmantelando la generación nuclear de electricidad y abrazando la causa de las energías renovables, se ha ocupado de asegurar a la industria un precio por kilovatio competitivo. Por el contrario en España el coste del subsidio a las energías renovables han recaído sobre el consumo.

El otro gran capítulo del sector del acero en 2018 ha sido la aplicación por parte de Estados Unidos de aranceles del 25% a las importaciones, no sólo a China, sino a prácticamente todos los países que no aceptaran autolimitar su producción en materia de productos del acero. A consecuencia de estos aranceles mucha producción fue desviada a Europa. En julio de 2018 la UE aprobó una serie de medidas de salvaguardia para evitar que esta desviación del tráfico comercial anegara los mercados europeos. Las medidas han sido relativamente eficaces, pero en ciertos casos no han servido para nada. En 2018 las importaciones de acero en España, pese a las medidas, crecieron de forma general un 9%, con un aumento del 21% en las procedentes de fuera de la UE. 

Turquía por ejemplo ha sido severamente afectada por los aranceles estadounidenses y ha volcado su producción hacia la UE, con la cual tiene aranceles cero, con la consecuencia que las importaciones españolas de acero turco subieron el año pasado un 52%. Pese a ello la actividad de la industria española se mantuvo “estable con una producción de acero bruto de 14,3 millones de toneladas”, lo cual representa un descenso de sólo el 1% con entregas de 14,4 millones de toneladas lo que supone un aumento del 1% sobre el ejercicio anterior.

La combinación de importaciones y de producción elevó el consumo aparente en España un 12%, hasta los 14,5 millones de toneladas. La industria siderúrgica española sufrió las consecuencias de la desaceleración en el mercado exterior con una caída del 12% de las exportaciones respecto del año anterior, con una caída más acusada en las destinadas fuera de la UE, que cayeron un 18%.

China sigue siendo el principal factor del exceso de capacidad en la producción mundial de acero. El año pasado ese país produjo 928 millones de toneladas de acero, lo que representa el 52% de la oferta mundial. El resto del mundo produjo 861 millones de toneladas. “Esto está en la base de la guerra comercial internacional”, señaló Velázquez. La desaceleración en el sector del automóvil por la caída de las ventas se ha reflejado en una mayor debilidad este año en las ventas de productos planos con una mayor demanda de productos largos. Es el caso de las exportaciones españolas a Reino Unido que han aumentado de forma significativa en productos largos y perfiles por la ”tradición constructiva de ese país sesgada en favor del acero, más que del hormigón” de acuerdo con las fuentes de Unesid. 
Mientras tanto, las medidas de salvaguardia han sido parcialmente sorteadas por la actividad de los 'traders' del acero. En el sector existe la suspicacia de que esas medidas fueron evitadas de diversas formas. Una de ellas mediante la alteración de la fecha de los contratos de embarque predatándolos, ya que por la 'shipping clause' los contratos firmados antes de la adopción de las medidas pueden ser despachados a su destino. Otro mecanismo ha sido el almacenamiento en los puertos, pendiente de despacho. Esto explicaría que algunos países hayan completado la cuota a la que están autorizados 24 horas después de que aquellas entraran en vigor. 

Unesid ha tenido un papel activo en las medidas de salvaguardia y en su perfeccionamiento mediante su negociación con el Gobierno y su participación en la patronal europea del sector, Eurofer. Los portavoces de Unesid señalaron que será necesario definir una política de gas para la industria. Mientras, sigue en el aire el sistema de interrumpibilidad ya que el Gobierno ha anunciado su voluntad de suprimir las subastas, sin que se sepa con qué se las va a sustituir. Tanto Velázquez como Barceló han señalado que la autorización de los camiones de 44 toneladas sigue paralizada. Dijeron al respecto que tanto las administraciones del Partido Popular en el pasado, como el PSOE ahora, afirman comprender la necesidad de que los camiones puedan transportar 44 toneladas lo que permitiría un ahorro de costes. Cada bobina de acero pesa 22 toneladas, lo cual determina que los camiones estándar de 40 toneladas circulen por las carreteras españolas con una sola bobina en su caja por esa diferencia de 4 toneladas.

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