edición: 2806 , Miércoles, 18 septiembre 2019
02/01/2019

El superávit con Estados Unidos pone en riesgo la tregua comercial pactada entre la UE y Washington

Pese a una mejoría de los términos de intercambio para EEUU en energía y soja la brecha crece
Carlos Schwartz
Los datos de comercio exterior bilaterales entre Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea indicaban a finales de octubre que el bloque de 28 naciones registró un superávit de 115.000 millones de euros frente a EEUU., camino de superar el récord histórico de 122.000 millones de euros registrado en todo 2015. Lo que podría ser un motivo de festejo, es en realidad un drama, porque el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, logró una frágil tregua con el presidente Donald Trump en Washington en julio sobre la base de mejorar los términos de intercambio con ese país. La mejoría esencialmente se lograría estimulando las compras europeas de gas natural licuado, productos agropecuarios, incluyendo carnes libres de hormonas, y otros capítulos de la nomenclatura comercial. 
La declaración que firmaron ambos dirigentes durante la visita de Juncker afirmaba que “trabajaremos de forma conjunta en el sentido de tarifas cero, barreras no tarifarias cero y subsidios cero en productos industriales no automotores”. Además ambas parte acordaron reforzar el comercio de servicios, productos químicos y farmacéuticos, productos médicos y soja. Otro aspecto del acuerdo, que además de económico era claramente político, fue el compromiso de incentivar las importaciones europeas de gas natural licuado (GNL).

Trump venía de acusar a Alemania de postrarse ante Rusia en materia energética, porque Moscú es el principal proveedor de gas a la UE con una clara dependencia regional del orden del 40% del total. El presidente estadounidense fue aun más allá señalando que el proyecto North Stream II era una expresión directa de esa dependencia y que Alemania debía abandonar el consorcio para la construcción de un segundo gasoducto para abastecer de gas a Europa a través del Mar del Norte.

Este fue un ataque a la verdadera línea de flotación de los intereses alemanes en la medida que los socios de la rusa Gazprom en esa operación incluyen a empresas energéticas alemanas y europeas clave. El pacto arrojó resultados significativos en términos relativos ya que las exportaciones estadounidenses de gas crecieron el 52% desde el acuerdo, mientras que las de soja tienen ahora una cuota de mercado en la UE del 69%. Sin embargo este último dato, señalan las fuentes consultadas, refleja la existencia de excedentes estadounidenses tras la aplicación de derechos compensatorios por parte de China, más que un esfuerzo europeo. Mientras tanto el efecto del aumento de las importaciones de GNL por parte de Europa representan sólo un 2% del total de las importaciones de Rusia.

El precio de estos desajustes en los términos de intercambio entre el bloque de naciones y EEUU puede ser alto. Trump se comprometió a no tocar los términos de intercambio existentes de la industria del automóvil que supone exportaciones por 40.000 millones de euros al año para las industrias europeas. La condición era una mejora visible de los términos de intercambio en otros sectores. De lo contrario el sector del automóvil se podría ver afectado por los derechos compensatorios. 

En una señal de que los industriales alemanes de este sector no creen en las negociaciones europeas, una delegación que los representaba visitó Washington y en una reunión con Trump y funcionarios del Gobierno señalaron su disposición a incrementar las inversiones en plantas industriales en EEUU. Esto supondría un incremento de la oferta de empleo y una mayor contribución al producto interior estadounidense. La política de Bruselas es mantener la línea de las concesiones limitadas y la negociación abierta con el objetivo de estirar los plazos hasta que Trump o bien abandone la Casa Blanca o alcance un pacto estable con la UE.

Los funcionarios estadounidenses, mientras tanto, señalan que Trump muestra una creciente impaciencia ante la inexistencia de resultados tangibles en el terreno de la balanza comercial y consideran que “entretenerlo” con logros parciales no tendrá un efecto perceptible. Los ejecutivos de BusinessEurope, la principal asociación de federaciones comerciales europeas en EEUU afirman que lo que ellos escuchan de forma permanente es el mensaje intimidatorio de que Trump está perdiendo la paciencia.

Este podría no ser un dato demasiado relevante si no existiera un antecedente como el de las relaciones con China. Trump ha centrado sus ataques sobre los desequilibrios comerciales con China y ha aplicado tarifas sobre 250.000 millones de dólares en exportaciones chinas. La respuesta de China ha sido una represalia directa, sometiendo a tarifas a 110.000 millones de dólares de exportaciones chinas a EEUU, lo que representa el 85% de los productos estadounidenses que entraron a China en 2017. 

La UE intenta evitar una enfrentamiento de esta naturaleza, y apuesta por una vía de negociación que permita consolidar el acceso al mercado estadounidense de una industria como la del automóvil, con un alto grado de integración a escala internacional. La caída de las ventas de automóviles en China este año -del 2% según fuentes del sector- no ha hecho más que aumentar la preocupación por el desenlace de las negociaciones entre Trump y la UE. Para colmo de males este es un año electoral en Europa, lo que tiene que dar lugar a una nueva CE en la cual estarán representados necesariamente partidos euroescépticos como los que forman la coalición de Gobierno de Italia, entre Cinco Estrellas y la Liga Norte. 

Es posible que la formación de una nueva CE este año, tras las elecciones al Parlamento Europeo, se retrase con una extensión del mandato de la actual. Este es un elemento que no va a contribuir a la estabilidad en las relaciones con Washington porque es, entre otras cosas, la expresión de una crisis de gobernanza interna y por tanto de dificultades para alcanzar acuerdos firmes.

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