edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
18/11/2019

El uso de información privada por las grandes de Internet, sujeta a investigación por los medios

El destino de la información que los grandes buscadores recogen de los usuarios desata una tormenta
Carlos Schwartz
La pasada semana el Financial Times dio a conocer una investigación que llevó adelante mediante herramientas de código abierto en las páginas web dedicadas a la salud más frecuentadas del Reino Unido, y descubrió que éstas inoculaban en el 79% de los casos cookies en los navegadores de los usuarios que permiten a terceros rastrear posteriormente su actividad en Internet. La introducción de estas pequeñas burbujas de código capaces de transmitir los resultados de las búsquedas de los usuarios se hacía sin el consentimiento de éstos, algo que la legislación británica prohibe. Pero el dato alarmante es que la información sensible, que incluye datos de fertilidad, uso de medicinas, síntomas, diagnósticos, y nombres de fármacos, eran cedidos posteriormente a empresas de todo el mundo que hacen publicidad dirigida como Google, Amazon, Facebook, y Oracle hasta otras menos conocidas, dedicadas a la publicidad en las plataformas tecnológicas como Scorecard u OpenX. El destino más habitual de la información recogida era la división de publicidad de Google, DoubleClick, en el 78% de los casos, seguida por Amazon en el 48% de los casos, y por Facebook y la tecnológica de anuncios AppNexus.
Los consultores especializados consideran que compartir este tipo de información es ilegal porque viola la legislación de protección de datos del Reino Unido. No hay de momento investigaciones independientes en otros países sobre el uso de esa información, ni de la posibilidad de que sea una práctica extendida, sin embargo no hay razón para que no sea así en lo que respecta a las páginas web que evacuan consultas de salud en todos los mercados en los que esas grandes tecnológicas operan. Pero de acuerdo a los conceptos jurídicos sobre protección de datos incorporados en la la legislación de la Unión Europea y que dieron origen a la directiva de la que se derivan todas las normas nacionales, el Reglamento General de Protección de Datos, esta cesión de información no es legal según afirman las fuentes consultadas.

Tras el anuncio de esta investigación Google comunicó que planeaba limitar el acceso a datos de los usuarios por parte de las agencias de publicidad de Internet como forma de aplacar la creciente ola de malestar, no sólo de los reguladores, sino también de los usuarios de Internet a escala global. De acuerdo con una portavoz de Google el equipo de la empresa que gestiona las cuestiones de “confianza y privacidad” ha decidido limitar el acceso de los anunciantes a datos de usuarios tales como religión, política u orientación sexual. En un lenguaje un tanto críptico la portavoz señaló que el cambio ayudaría a “evitar el riesgo de que los anunciantes que participan en nuestra subasta de anuncios pueda asociar los identificadores individuales con las categorías de contenido en contexto de Google”.

Pero los anunciantes y los publicistas reaccionaron en contra afirmando que esta limitación podría aumentar el control de Google sobre los datos de usuarios y potenciar su dominio sobre la publicidad en Internet. Es decir, que los anunciantes que habían librado una batalla para tener acceso a esa información para orientar su publicidad, lo que vienen a decir es que el que se va a quedar con esa información para hacer uso de ella por su cuenta es la gran tecnológica. El asunto de la privacidad, y de que los verdaderos dueños de la información son realmente los usuarios, no parece tener la menor importancia para las plataformas, los anunciantes y los publicitarios. 

El consejero delegado de Digital Content Next, una asociación de editores digitales on line, señaló que, sin datos de terceros sobre usuarios el valor de los datos recogidos de Internet por Google aumentaría de forma considerable. Apuntó al respecto que esa plataforma es dominante en materia de obtención de datos de primera mano, con lo cual dañará a todos menos a sí misma.

La avalancha de fuertes críticas a Google se ha hecho más compleja en la última semana tras anunciar la plataforma que había firmado un acuerdo marco con Ascencion, una red de asistencia sanitaria privada que atiende a 50 millones de pacientes en Estados Unidos, para el almacenamiento y tratamiento de datos de la red en su nube digital. Si bien el contrato no viola la legislación de Estados Unidos en materia de confidencialidad de datos, y el tratamiento de la información se haría de forma privativa para Ascension, el nivel de desconfianza hacia las grandes tecnológicas tras una serie de escándalos por la cesión de información confidencial de usuarios, comenzando por el asunto de Cambridge Analytica que afectó a Facebook, va en acelerado aumento. 

El Wall Street Journal se ha sumado a la cadena de investigaciones sobre la conducta de las grandes plataformas de Internet con una que señala la falta de neutralidad por parte del motor de búsquedas que monopoliza el sector, Google, en la recuperación de la información. En esencia la investigación demostraría que la plataforma orienta la búsqueda mediante una serie de intervenciones poco detectables. La primera mediante el sistema de predicción de escritura, que estaría sesgado para que cuando se hace una búsqueda y se comienzan a introducir los caracteres pertinentes a lo que se pretende encontrar, el auto rellenado ofrezca una serie de alternativas que van en el interés de lo que Google espera que se busque. De acuerdo con esa investigación cada minuto 3,8 millones de búsquedas se inician en esa plataforma para que los algoritmos del mismo arrojen sus resultados sobre temas tan diversos como el cáncer, un presidente de país, o las más recientes noticias sobre una crisis política. 

Desde que Google inició el desarrollo de su buscador afirmó que los algoritmos que había diseñado mejorarían la forma en que los individuos buscan la información, y que esas piezas de código binario eran neutrales, es decir no influían en las búsquedas. De acuerdo con el WSJ la empresa afirma en un blog que “no utilizamos la actividad humana para recoger u ordenar los resultados en una página” al mismo tiempo que afirma que no puede divulgar detalles de como funciona el algoritmo porque la empresa está empeñada en una batalla de largo aliento con aquellos que intentan doblegarlo para sus propios fines. De acuerdo con el WSJ esas afirmaciones chocan con la evidencia de que a lo largo del tiempo la plataforma ha revisado esos algoritmos para modificarlos restándoles neutralidad, interfiriendo con los resultados de las búsquedas hasta un nivel que no coincide con lo que la empresa afirma.

Estas acciones son producto en muchos casos de presiones por parte de empresas, grupos de interés ajenos a la plataforma, o gobiernos de todo el mundo. Esto ha determinado una evolución por parte de Google desde sus declaraciones de principios sobre la “organización de la información global” como una actividad neutral, a una que es mucho más activa en cuanto a cómo la información debe aparecer. Estas investigaciones comienzan a cuestionar seriamente la defensa de la privacidad, la neutralidad de la información que se genera en los buscadores, y la forma en que esta tendencia profunda afecta a los medios de comunicación como generadores de información independiente respecto de los grupos de presión y de interés y los gobiernos de turno. La neutralidad, la solvencia informativa y la seriedad cae del lado de los medios afectados profundamente por el desarrollo de las plataformas de Internet.

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