edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
03/10/2018
Nueva `pensada´ a las medidas fiscales

Empresarios y banqueros convencen al Gobierno de la caída del beneficio y de la inversión

El Ejecutivo se replantea la aplicación de los nuevos impuestos para no interrumpir el ritmo de creación de empleo y cotizantes
Juan José González
Los argumentos esgrimidos por los dirigentes empresariales y banqueros parecen haber causado un primero efecto sobre los responsables fiscales del Ejecutivo: provocar una reflexión más profunda sobre el alcance de las medidas fiscales y la subida de impuestos `selectivos´ a aplicar a sectores concretos de la actividad económica. En la agenda del Gobierno figuraban una docena de medidas fiscales orientadas a una mayor recaudación de impuestos con varios fines, uno de ellos, y quizá el más popular por llamativo, tapar el preocupante y creciente agujero de la Seguridad Social, o sea, para financiar una parte significativa de las pensiones. Claro está que, en este caso, el gravamen recaería en exclusiva sobre el sector bancario. Unos y otros, empresarios y banqueros, han coincidido en líneas generales en que a una mayor presión fiscal le correspondería como contrapeso una menor actividad empresarial, en la medida en que restaría financiación bancaria, reduciría beneficios y, por supuesto, se frenaría la inversión. Si el Gobierno ya tenía preparado el guion de las medidas a aplicar y también un calendario orientativo, los dirigentes empresariales sólo han tenido que esperar a contar con algunas cifras que avalan sus argumentos. Y las cifras señalan que, precisamente lo que en estos momentos conviene evitar que es restar ritmo de crecimiento a la economía. En este sentido, es probable que la borrasca situada sobre la geografía italiana ayude a que esa reflexión gubernamental entre en razón y motive al Ejecutivo para que piense más en estímulos que en cargas fiscales. Hay otras cifras que también han colaborado en esa reflexión.
Los dirigentes empresariales coinciden estos días en el cambio de escenario económico: medio punto menos de crecimiento de la economía significa eso, menor actividad y también, a medio plazo, beneficios a la baja. Las cuentas que ya se comienzan a preparar de cara al cierre que se producirá en apenas tres meses, ofrecen una primera imagen de freno provocada por la incertidumbre política interna y a la que ahora se suma la inestabilidad exterior procedente de la eurozona. En este escenario se mueve, sin embargo, una primera amenaza para los excedentes empresariales: los planes fiscales del Gobierno.

Al argumento del Ejecutivo sobre la necesidad de subir impuestos para incrementar gastos sociales y lograr suavizar (parchear) el agujero de las pensiones, los empresarios contraponen el suyo, que no es otro sino que los mayores impuestos, lejos de ser un estímulo para la actividad económica, van a restar beneficios, reducir inversión, al tiempo que una clara amenaza sobre los salarios, precisamente cuando estos comenzaban a tomar nuevos aires merced a los pactos salariales.

Si en el terreno empresarial sucedía esto, en el más estricto del sector financiero las cuentas de la banca indican que, aplicado el impuesto especial a las transacciones financieras -o sobre el nivel del beneficio- la tasa bancaria apenas serviría para reducir el déficit de las pensiones mientras que, por el contrario, se vería afectado el volumen de crédito y la inversión. Una primera advertencia de los dirigentes empresariales al Ejecutivo se centraba en ese desequilibrio. Ahora, sólo había que esperar a que el Gobierno tuviera en su poder las primeras cifras de evolución económica.

Y estas han llegado. Al término del primer semestre se mantiene a buen ritmo la inversión aunque las expectativas de los empresarios, medidas en índice de sentimiento empresarial, muestran un claro retroceso para el último trimestre del año en curso, y se frena el consumo privado, asunto que sí tendrá un reflejo claro en el tercer trimestre (cuando se conozcan los datos) así como en el último trimestre del año. Por su parte, el sector bancario ya había advertido al Ejecutivo de los riesgos que los nuevos gravámenes suponían para el sector, entre ellos, la reducción del crédito disponible para la financiación de la economía y que ya se han dejado sentir en el pasado mes de septiembre.

Y los datos económicos han comenzado a llegar al Ejecutivo. El primero y, al parecer el más decisivo en tanto que ha logrado impactar en las fibras más sensibles del Gobierno es el relativo al aumento de los cotizantes en 51.000 personas en septiembre (mes en el que se han creado casi 22.900 puestos de trabajo, la mejor cifra desde 2001) hasta alcanzar los 18,8 millones de cotizantes. Por tanto, las cifras señalan que, precisamente lo que en estos momentos conviene evitar que es restar ritmo de crecimiento a la economía. Aunque también es probable que la borrasca situada sobre la geografía italiana haya colaborado a la reflexión gubernamental en su entrada en razón y piense más en estímulos que en cargas fiscales. En resumen: que el Gobierno parece haberse vuelto reflexivo optando por no interrumpir el ritmo de empleo y cotizantes. Lo contrario sería el harakiri político, algo a lo que no debe estar dispuesto.

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