edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
19/05/2017
Vientos de cambio y revisión de expectativas

Empresas, Gobiernos y mercados descuentan un relevo en la Casa Blanca

Los mercados frenan sus avances, se detienen los planes de inversión empresarial mientras instituciones y Gobiernos abandonan a Trump a su suerte
Juan José González
La realidad parece estar superando a la ficción. También a las expectativas depositadas en su día en un candidato a la Casa Blanca que prometió, poco menos, que el inicio de una nueva etapa en la vida de la civilización, de la historia de la Humanidad. Pero después de tres meses y medio al frente de la primera economía y, sobre el papel, el país avanzadilla de la civilización, el balance de la gestión presidencial se revela negro, confuso y enmarañado, a escándalo semanal (a veces dos). Es el pan nuestro el que cada día nos ofrece la realidad en EE UU. El paso del tiempo viene a constatar que aquellas ideas y promesas electorales del candidato Donald Trump eran, únicamente, de campaña. Y así, el tiempo se carga y encarga de echar por tierra las expectativas de avances económicos, de grandes inversiones, billonarias, de aceleración del crecimiento interno, una locomotora en toda regla llamada a tirar, a arrastrar, del resto de los vagones de las economías occidentales. Cien días después la ciudadanía recela del presidente, las instituciones ya preparan un relevo, los inversores se frenan, los mercados han situado la economía de aquel país en cuarentena. Se descuenta un cambio, un relevo traumático, en cuestión de meses.
Lo cierto es que el balance de la gestión del actual presidente de EE UU, una vez superados los primeros cien días, ofrece un resultado decepcionante para el mundo económico, el político y el social como también frustrante y vergonzoso para la ciudadanía norteamericana. Aunque es probable que no se precise el paso del tiempo para sacar las peores conclusiones, nefastas por supuesto, de su gestión política. Y no como comprobación de que ésta ya se esté reflejando en unos decepcionantes índices de popularidad récord, impopularidad que no haya sido capaz de registrar presidente alguno a lo largo de la historia del país.

Aspiraba Donald Trump (se supone que, distraído en otros charcos, ya ha desistido) a integrar en territorio norteamericano la totalidad  de la cadena de producción del sector de la automoción. Entendía que cuantas más fases del proceso de fabricación estuvieran localizadas en el país, mayores inversiones, más empleos y beneficios se quedarían en casa, en la economía nacional. Lanzado en su lucha contra la globalización de los grandes sectores, sus intentos de imponer a las grandes empresas tecnológicas como Google, Microsoft, Apple o Amazon, una especie de `carnet nacional´ a sus trabajadores, los cuales deberían ser, preferentemente, norteamericanos con varias generaciones de antepasados familiares, parece haber pasado (que se sepa) a mejor gloria.

Y lo que para unos está siendo un ejercicio de la política basado en las declaraciones, los gestos y la imagen, se convierte en la práctica en un sueño con pesadilla incluida. La Casa Blanca, entendida como la globalidad del ámbito físico, origen y sede del ejercicio del poder, parece estar hoy gobernada por un presidente elegido por la mayoría de los ciudadanos norteamericanos al que se le ha atragantado el poder. Superado por la realidad, por el efecto de sus `tuits´, de la exhibición de las `amistades peligrosas´, el presidente Trump se demuestra confundido y trastornados sus criterios de percepción y valoración de los hechos, de la realidad. Así, el ejercicio del poder se hace imposible.
 
Sus propias instituciones desconfían de sus movimientos. Los medios de comunicación, convertidos en notarios de su funesta trayectoria, están levantando actas, a diario, de una catástrofe anunciada, del adelanto de un desenlace desafortunado para el presidente. Seguramente abandonado en un próximo futuro por sus más estrechos colaboradores se verá resignado tan sólo a la compañía de sus familiares más próximos. Los grandes conglomerados empresariales ya han comenzado a matizar sus promesas iniciales de inversión en el país, comienzan a darle la espalda. Siguen así la misma vía del abandono a su suerte del presidente, del camino emprendido por la gran mayoría de los líderes políticos mundiales.

Empresas y líderes políticos que, al igual que los mercados financieros, parecen haber iniciado una revisión de las expectativas habida cuenta del frenazo que registran las bolsas norteamericanas y mundiales. Frenazo mundial porque se ralentizan los avances económicos y desaparece la fe en los planes del presidente, de los que se sigue sin tener noticias. Frenazo en el avance del Dow Jones, superados los 21.000 puntos como máximo registro histórico que alcanzó desde los cerca de 19.000 de la victoria de Trump. Hasta la Reserve Federal parece haber modificado el ya lento y pausado ritmo en la revisión monetaria. Instituciones, gobiernos, inversores y una creciente mayoría de la ciudadanía norteamericana ya han comenzado una cuenta atrás para el relevo en la Casa Blanca.

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