edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
12/12/2008

En el ‘Plan B’ de Alemania, España baja a segunda división

Merkel propone una eurozona “reducida” para combatir la crisis
Juan José González

Quiebras de bancos, quiebras de empresas, quiebras de países… A la canciller alemana Ángela Merkel, no le cuadran las cuentas para salir de su crisis, y en cambio sí le salen cuando las hace a su manera, pero en marcos. Es conocido por todos la distancia que marca la canciller en todos los discursos públicos cuando comparte estrado, mesa o plató con sus socios de la Unión Europea, y tanto en el papel como en la foto final -y no porque desprecie los saludos con contacto y sobeteo- sino porque sencillamente no esta de acuerdo con ellos.

Merkel no esta de acuerdo porque no cree ni en la fórmula ni en la forma en que el resto de socios de la UE se plantea combatir la crisis económica. No esta dispuesta a decirles a sus ciudadanos que deben consumir, y consumir más, para que la actividad productiva no se frene, como tampoco esta dispuesta a que sea el Estado quien asuma el papel de consumidor privado. Los ciudadanos, piensa Merkel, no se van a endeudar más para echar una mano al mercado. A la canciller, que con toda la intención del mundo, no quiso estar presente en la reciente foto final con Sarkozy, Barroso y Almunia, no le salen las cuentas cuando piensa que al igual que Islandia –quebrada- y Hungría y Ucrania –ambas enviaron “sos” al FMI-, se pueden dar los mismos casos en países de la eurozona, y claro, no es lo mismo que quiebre un banco a que quiebre un Estado; si no se deja caer a un banco -piensa- menos se dejará caer a un Estado, sobre todo si es miembro de la eurozona. Así las cosas, Merkel ha elaborado su “Plan B” para lidiar su crisis y no lidiar la de los demás sin correr el riesgo de ser insolidaria. Difícil.

La canciller propone entre líneas la creación de una zona reducida (“Plan B”) formada por Estados miembros que cumpliesen, escrupulosa y rígidamente con los criterios de Maastricht. Algo así como una zona reducida para la divisa euro a la que sólo tuvieran acceso los Estados que estuvieran “al día” en dichos criterios, una zona reducida, o primera división, donde los países que la integren estarían en condiciones de ser el motor para el resto de miembros de la UE. Según la canciller, ese exigente perfil de economía champions, sólo la cumpliría Francia y, por supuesto, Alemania. El resto, directamente a segunda división. Y Salkozy no quiere ser aliado de Merkel en esta guerra, de ahí el distanciamiento entre ambos de los últimos meses.

La prensa alemana más conservadora (Die Welt) viene haciéndose eco en los últimos meses del pensamiento económico dudosamente “liberal” de la canciller. Y no ha cesado de recoger declaraciones de miembros de su Gobierno que apuntan en una misma dirección, pero  contraria al espíritu del Tratado de Maastrich, con referencias continuas a la vuelta al marco y a políticas nacionalistas. En este sentido, Merkel no ha ocultado en los últimos tiempos su temor a una crisis de Estados, para lo que también ha pensado en dar una solución que no comprometa ni los intereses ni los recursos germanos.

Porque en la misma situación que Islandia, Hungría y Ucrania, se encontrarían, según la creencia del Gobierno Merkel, países de la zona euro como Rumanía, y éste con carácter inminente, Grecia (14% déficit exterior) y España (10% déficit exterior) estos dos últimos como países con turbulencias y, claro, candidatos a pedir auxilio. Situación deficitaria que preocupa, en primer lugar, a los bancos centrales. Se vale la alemana de los datos de las balanzas comerciales -peligrosamente negativas- para establecer que estos dos últimos Estados, pueden ser a lo largo de 2009, serios demandantes de fondos monetarios internacionales. Por eso, las reticencias de Alemania en numerosas cuestiones de la eurozona, explican la resistencia a llevar a cabo políticas comunes con sus socios europeos, para mitigar los efectos de la crisis y estimular la actividad de los mercados.

Alemania no quiere verse en el juego de tener que financiar agujeros de las balanzas de otros países y menos bancarrotas nacionales, y duda de la reacción política de algunos países miembros de la UE ante situaciones de este tipo. En estos escenarios, se sabe que el Banco Central Europeo no esta autorizado a rescatar a ningún Estado de la UE por mucha amenaza de bancarrota que exista, pero igualmente se sabe (y sino se intuye) que nadie dejaría caer un Estado cuando no se ha dejado caer a bancos y empresas en Estados Unidos o incluso, a bancos regionales en la misma Alemania.

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