edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
16/01/2013
Con junio como horizonte y el fin del paquete de ayuda a Irlanda en noviembre las perspectivas son inquietantes

En el seno de la CE se libra una sorda batalla sobre el buen fin de los rescates bancarios con dinero del MEDE

Carlos Schwartz

Casi un año después del pacto sobre la puesta en marcha del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) que reconocía en principio la posibilidad de la capitalización directa de la banca en crisis desde el organismo multilateral, saltando por encima del riesgo soberano, el acuerdo será revisado. En junio, el Consejo Europeo deberá tratar el tema mientras circula un documento inspirado por Alemania que establece que los recursos del MEDE sólo podrán ser vertidos en el capital de los bancos en crisis si estos cumplen con el mínimo de capital regulatorio establecido. Es decir que el estado miembro que requiera ayudas del MEDE para sus bancos deberá antes reducir y ampliar capital hasta el mínimo exigido. O sea, que será el Tesoro del país con bancos en crisis quien deberá afrontar el primer tramo del saneamiento. Si el país no está en condiciones de hacerlo, deberá aportar garantías sobre el buen fin de la inversión del MEDE, es decir incorporarlo como deuda soberana.

Por añadidura, toda ayuda para los bancos a través del MEDE será contabilizada como deuda, y el estado afectado deberá garantizar su devolución. Esto demuestra que en el caso de España, Alemania no ha hecho más que arrastrar los pies en materia de recursos para el saneamiento de la banca. Es decir, antepuso a los planes del FROB el hecho de que no existía una supervisión centralizada de la zona del euro a través del Banco Central Europeo (BCE) como pretexto para oponerse a que el MEDE hiciera una capitalización directa de la banca en crisis para ganar tiempo. El objetivo de fondo era y es dar al MEDE estatuto de acreedor preferente, excluyendo la posibilidad de que sufra pérdidas. En todos los casos serán los países que reciban ayudas para sus bancos en crisis quienes habrán de garantizar los aportes del MEDE. De esta suerte, la idea de que se rompería el vínculo entre la crisis bancaria y la deuda soberana a expensas de la financiación directa de la banca mediante el fondo financiado por los 17 países de la zona del euro puede disiparse totalmente en junio.

Uno de los elementos de fondo en la cronología de esta decisión es el hecho de que en noviembre de este año vence el paquete de ayuda a Irlanda, en el cual hay 64.000 millones de euros que fueron destinados a sanear a la banca. Irlanda ya ha comenzado a expresar su aspiración de que se le aporte algún alivio económico en la forma de nueva financiación o ayudas. Del sistema financiero irlandés no queda ni rastro, o mejor dicho solo han sobrevivido dos grandes bancos que se han llevado casi 30.000 millones de euros. El resto del dinero destinado al sector se ha ido por el alcantarillado. Es decir, que el país deberá acudir a los mercados para hacer frente al agujero que supondrá la devolución de los créditos a la UE. Una operación que los analistas ven con escepticismo. Con excepción del ministro de Economía de Alemania, Wolfgang Schauble, que en octubre pasado declaraba en Dublín su convicción de que Irlanda se desvincularía al cien por ciento de las ayudas concedidas por la troika... ver para creer. Pero la convicción alemana tiene su reaseguro en los objetivos que lleva a la reunión de junio en la que espera dejar puesto el cerrojo sobre el MEDE de forma tal que si Irlanda pide, tendrá que garantizar.

La posición de estos maravillosos aliados del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es sumamente perversa porque mientras establecen la condición de acreedor privilegiado para el MEDE y las ayudas de la UE a la banca en crisis de los países miembros de la zona del euro, obliga a los países que reciban ayudas a absorber las pérdidas a costa de los contribuyentes nacionales. Esto es, las pérdidas las enjugan los contribuyentes de los países con bancos en crisis, pero no el MEDE. Pero de esta operación quienes salen beneficiados son los bancos de los países acreedores que mediante el saneamiento de las entidades en crisis se aseguran que cobran sus posiciones acreedoras. En el caso español quiere decir que los bancos europeos que han financiado la especulación inmobiliaria española comprando las cédulas hipotecarias de las subprime hispanas no van a sufrir pérdidas alguna, porque las deudas las pagarán los contribuyentes españoles.

Son estas maniobras en la sombra las que están detrás de las presiones sobre España para que altere el proceso de reducción y ampliación de capital de los bancos que deben ser saneados a lo largo del presente mes. El denominado Grupo 2, formado por Liberbank, Caja3, Banco Mare Nostrum y Banco CEISS. La CE, en definitiva la troika, pretende que sea el FROB quien instrumente este proceso de reducción y ampliación antes de que el MEDE inyecte los recursos comprometidos para el saneamiento de estos bancos. No está claro que esto vaya a ser así. Pero no cabe ninguna duda de que hay presiones para se haga de esa forma.

En este proceso las pérdidas que soportarán los tenedores de acciones y capital híbrido -como las preferentes- reducirá los requerimientos de fondos públicos en 2.000 millones de euros. En todo caso de los 6.248 millones de euros que estaban inicialmente previsto destinar a poner en orden el capital de este grupo de bancos, al final sólo serán necesarios 1.865 millones de euros.

Quitando los 2.000 millones que aportarán accionistas e inversores -españoles desde luego- con sus pérdidas el resto de los ahorros son obra de colosales artilugios contables. El dinero -es decir los bonos del MEDE- para este grupo de bancos llegará al FROB, tal como establece el memorando de entendimiento, por lo tanto será más deuda pública. A su turno el FROB traspasará a los bancos los bonos. Estos los descontarán en el BCE. Ciertamente, no es oro todo lo que reluce.

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