edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
12/04/2012
La larga despedida del Gobernador
Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España

En Moncloa temen las seis intervenciones públicas que le quedan a Ordóñez

Potenciar las pensiones privadas y reforzar la Obra Social, tarea futura para las cajas
Los departamentos económicos piensan que está “pisando” ideas para el próximo Gobernador
Juan José González

No pasa una jornada en la que no se escuche alguna voz de lamento desde Economía y Hacienda sobre la actividad del Gobernador del Banco de España. Se reafirma en ambos departamentos ministeriales la amarga sensación de arrepentimiento en haber decidido desde el primer momento “respetar” el mandato hasta su término, final de junio. Pero las declaraciones de Miguel Ángel Fernández Ordóñez en un foro público este martes pasado fue motivo de tratamiento especial en una larga reunión en varios despachos del Gobierno. El problema que suscita la figura de un Gobernador en “posición de salida”, o de despedida, es que comienza a enturbiar algunas relaciones entre el sector bancario y el Ejecutivo, recompuestas con gran trabajo en las últimas semanas. Ahora se teme lo peor; que el Gobernador aproveche cada ocasión pública para marcar el paso a su sucesor, profundizar en un ejercicio de exculpación y justificación de decisiones y errores ya atribuibles el nuevo Gobierno y lo que más duele: “pisar” ideas para el próximo Gobernador.

Once semanas, calculan en el Gobierno, son las que restan al actual Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, como responsable máximo al frente de la supervisión del sector financiero. Para algunos, el plazo en cuestión se ha convertido en un calvario, técnicos de Economía que estos días finalizan el documento que dará paso a una reforma del organismo supervisor, y que se plasmará en un nuevo estatuto del Banco de España, algunos de cuyos aspectos ya han sido adelantados en ICNR. Temen los técnicos que Ordóñez, llevado por su espíritu constructivo y reformista, se dedique en las próximas intervenciones públicas –seis, según cálculos de agenda- a proponer, sugerir, recomendar… normativa así como profundizar en la diferenciación de competencias entre Banco de España y ministerios económicos, de manera que estos cedan algunas de sus atribuciones.

Lo de ceder funciones significa en la práctica, pérdida de poder político del Gobierno en materia financiera, algo que siempre suena mal, pero que ahora parece causar daño en los oídos del Ejecutivo, que antes que ceder influencia en materia legislativa financiera es, al contrario, proclive a atribuirse funciones del Banco Central, y para lo que tan sólo será necesario esperar unos meses hasta conocer las primeras líneas de actuación del nuevo Gobernador. Como aseguraban en el Banco hace unos meses, un organismo público que tiene muchas limitaciones en su régimen sancionador, poco podrá hacer frente a algunas de las situaciones más recientes vividas en el proceso de fusiones de cajas de ahorros.

El Gobernador, en ese ejercicio de ir adelantando en público su testamento, se sirve de esa carencia de mayores normas sancionadoras para responsabilizar a la clase política –se entiende que en especial al Gobierno anterior que le nombró- del resultado fallido de algunas fusiones sugeridas por el Supervisor, pero que en su día fueron vetadas –las CC AA tenían la facultad de veto- por los políticos regionales. Aunque le asista la razón en la mayoría de las alternativas “interregionales más sólidas” –según palabras del Gobernador- no cabe la menor duda que en la práctica, Ordóñez descarga en la clase política buena parte de la responsabilidad del estado actual de la reorganización bancaria.

Sin embargo, difícilmente podrán reprochar al Gobernador sus esfuerzos por sacar adelante su fórmula para reestructurar el sector mediante la creación de un “banco malo”, mecanismo prohibido en su día (enero 2011) por Elena Salgado, al entender que la imagen y resultados de la fórmula, alimentada con dinero público, retrasaría el proceso de fusiones en marcha, algo que el tiempo se ha encargado de desmentir.

Quizás lo que peor puede haber sentado en Economía de las “perlas” del Gobernador fue la idea de recomendar a las cajas convertidas en bancos su conversión en inversores institucionales, muy próximos al sector de los fondos de pensiones, algo que sin duda, reforzaría el sistema de pensiones público pero que serviría para potenciar las pensiones privadas. Y parece haber sentado mal porque la idea era un proyecto del Gobierno para el próximo año, en el que ya se estaba trabajando y con alguna idea novedosa de futuro sobre la Obra Social de las entidades financieras.

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