edición: 3049 , Viernes, 18 septiembre 2020
26/05/2020
Más gastos, más deuda, más paro, más déficit... e inestabilidad política

En Bruselas pesa mucho la tensión política en España para aceptar la factura de sus deudas

Se hacen eco de las reformas inoportunas y de la inestabilidad política del Gobierno, creen que no es el momento para reformas y contrarreformas cuando están en juego los recursos del Fondo de Recuperación europeo y salvavidas para España
Juan José González
El banquero central europeo, por boca de su vicepresidente, Luis de Guindos, agradeció efusivamente al supervisor financiero local, Pablo Hernández de Cos, Gobernador del Banco de España, su claridad y oportunidad en el mensaje dirigido al pueblo español en general y a la clase política dirigente y empresarial en particular. Fue un mensaje que dio en el clavo, directo y claro, brutal. Llegó para poner las cosas en su sitio, eliminar pujas de hipótesis de crecimientos, apuestas y subastas macro, generalmente interesadas y en esta coyuntura mal orientadas. El Gobernador emitió una `circular´ urbi et orbi con su diagnóstico: deuda por encima del 120% del PIB y caída de éste en un 12% o poco más; el paro al 20% y no entró en la especulación del déficit público (para qué). La declaración de Hernández de Cos (por cierto, en un estilo que nada tiene que ver con sus antecesores en el cargo) realista y certera ha sido traducida rápidamente en Bruselas y Fráncfort donde se cuecen cuantías y distribución de ayudas del Fondo de Recuperación previsto por la Unión Europea. En términos precisos y concisos, los burócratas y la clase política europea traducen a De Cos: la economía colapsada (el turismo cerrado por vacaciones); estancamiento generalizado de los sectores industriales clásicos, deuda a discreción, mucha deuda, excesiva de nuevo y, para rematar la imagen, inestabilidad política recurrente, crónica.
Y así leído todo bien se asemeja en el literal a un parte de guerra que, obviamente, advierte e ilustra de las dificultades de España para salir con cierta rapidez e integridad de la recesión. Por otro lado, y pasado ya el bochornoso trago del acuerdo político para la derogación "integral" de la reforma laboral (y hoy ya aplazada) el Gobierno español calienta motores de nuevo para lanzar una de sus medidas estrella: el ingreso mínimo vital que, salvo sorpresa (o rectificación, que con Pedro Sánchez nunca se debe descartar) será aprobada en Consejo de Ministros esta semana. No es la decisión del Gobierno una de esas medidas que pasan inadvertidas por los políticos y burócratas de Bruselas. 

Una reforma estructural, como es el caso, activa una llamada automática en la Unión Europea que se transmite como a la velocidad de la luz a todos los centros de poder y decisión de la Unión. Cabe recordar que la medida en cuestión, sin duda necesaria dada la gravedad de la situación económica, no encuentra parangón alguno en todos los países de la Unión, un argumento que refuerza las posiciones de hoy de los países díscolos e insolidarios del norte de Europa, como Países Bajos, y es recibida por los gobernantes alemanes con un frío reconocimiento facial habitual.

Se diría que la medida, la decisión, la norma que regulará el ingreso mínimo vital llega o se promueve por parte del Gobierno español en el peor momento posible, cuando están sobre las mesas europeas importantes decisiones en materia de ayudas y fondos que constituirán los salvavidas de la economía española. Desde el Ejecutivo se justifica el ingreso mínimo vital como fundamento o pretexto para lograr de las autoridades europeas y de los socios de la Unión la aprobación de las mejores condiciones y formas de los fondos. Lo que no impide que los díscolos y su alter ego germano utilicen la subvención pública en beneficio de sus argumentos contra el sur.
 
Los argumentos del Gobernador señalados al inicio, sitúan al Gobierno en una posición complicada, dado que la situación de partida de la economía española no es precisamente la peor pero sí en cambio son muy negativas las que dibujan un escenario de deuda, déficit y desempleo pero incrementado con fuerza a partir de la pandemia. En la práctica, la suma de necesidades se traducirá en mayores gastos sociales (que, como el ingreso mínimo vital se consideran de emergencia) desembolso voluminoso para hacer frente al desempleo (ERTE), financiar la Seguridad Social (pensiones) así como para acometer los nuevos gastos (no inversiones, que deberán llegar más tarde) sanitarios y fuertes inyecciones de capital en ayudas a sectores multiplicadores de actividad como el turismo.

Así las cosas, el escenario poco menos que dantesco para los estudiosos de la economía (calamitoso y desgraciado para los desempleados) se debe interpretar en clave de política económica. La música de fondo, sin embargo, no parece sonar para bien para el Gobierno español, que en estas últimas fechas se prodiga en decisiones estruendosas para los delicados y sensibles oídos de buena parte de los socios europeos. Medidas que, como el amago (por ahora) de la derogación de la reforma laboral y el mayor gasto (sí, mayor gasto) social del ingreso mínimo vital, no hacen si no, armar y rearmar a los socios más beligerantes de Europa y obligar a Alemania a tomar parte en un debate -las facturas de la deudas- que ya había logrado acallar pero que ahora, con la detonación de las reformas y reformas de la reforma les llegan del sur de Europa. En mala hora se le ocurre hacer reformas y contrarreformas al Gobierno.

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