edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
09/09/2009

Encargo envenenado de Moncloa a Salgado: un Presupuesto 2010 "equilibrado"

La UE desconfía de la ‘solución española’: subir impuestos para cubrir déficit público
Elena Salgado, vicepresidenta segunda del Gobierno
Juan José González

Entre la espada y la pared, o entre el aumento del gasto público y la caída de los ingresos públicos. En ese lugar tan incómodo es donde se encuentra el equipo económico del Gobierno con su presidente al frente. La última discusión en el seno de la Comisión Económica del Gobierno fue a propósito de la elaboración de los Presupuestos para 2010, auténtico encaje de bolillos el que deberá obrar el Ejecutivo. La premisa era -a mediados de agosto- afrontar la situación económica con un presupuesto ‘equilibrado’, siguiendo el criterio de no gastar más de lo adecuado y, además, sin subir los impuestos. Pero esto último no era posible y lo primero debería ser manejado con prudencia, es decir, en voz baja, algo que, como se recordará, por la facundia de José Blanco, ministro de Fomento, tampoco fue posible.

La situación recordaba, según cuenta uno de los más ilustrados de la reunión, a la vivida durante la crisis del 29, cuando el presidente Hoover propuso algo muy similar a lo relatado anteriormente, y que, como la historia se encargó de certificar, terminó en desgracia puesto que cuando cae el consumo y la inversión, cae también la actividad económica y sube el paro. En ese escenario caen los ingresos públicos al tiempo que sube la presión por aumentar el gasto público, lo que terminó en histórica depresión.

Los presupuestos del Estado español en los últimos años, han sido expansivos, siempre al alza, cada año con mayores cifras porque también la riqueza de la economía era mayor. Zapatero le ha encargado a Salgado que confeccione un presupuesto a su medida; que parezca equilibrado aunque no lo sea, que parezca que es expansivo pero sin presumir de ello, que demuestre que va a ayudar a salir de la crisis aprovechando el tirón de 2010, al cual pretende engancharse desde la presidencia de Europa como sea (y al precio que sea). En Alcalá no les llega la camisa al cuello y no saben como ‘armar’ el encargo de Moncloa. Para ello, vicepresidenta y secretario de Estado de Economía han decidido exprimir sus capacidades heurísticas para pasar el trago del presupuesto más contradictorio y falso de cuantos se hayan realizado en democracia hasta la fecha.

Así las cosas, los Presupuestos Generales del Estado para 2010 van a tener dificultades para responder a las necesidades sociales y económicas que tiene el país. La última corriente que sale del Ejecutivo parece que pretende ofrecer, a la vez que subidas de impuestos, algún recorte en varias partidas presupuestarias para que no se pueda decir que la Administración no ha realizado ningún esfuerzo por contener el gasto. Pero, recortar gastos ¿de dónde? ¿de educación, sanidad, infraestructuras? O quizás de pensiones o de prestaciones por desempleo? Complicado, muy complicado.

El presidente del Ejecutivo sigue, sin decirlo ni mentarlo, las tesis de Keynes, y las sigue a su manera claro, adaptadas a sus presupuestos políticos, porque la respuesta del Gobierno español a un problema de demanda es la actuación del Estado en el gasto, incluso gastando en asuntos sin trascendencia. Pero en esta situación, al presidente del Gobierno la oposición le ha llamado la atención en numerosas ocasiones, advirtiendo del peligro que entraña la espiral gasto/deuda, gasto/deuda… y su consiguiente efecto sobre las próximas generaciones, puesto que el gasto crece aritméticamente pero la deuda geométricamente, de modo que nuestros sucesores deberán pagar más impuestos para mitigar o eliminar el endeudamiento histórico.

A propósito de las consecuencias económicas que propone (que impone) el Gobierno español, es interesante ojear el libro de Robert Frank, manual de referencia en las universidades de todo el mundo (occidental). Frank recuerda que la anterior administración norteamericana ‘aportó’ unos 5 billones de dólares al déficit público, cobrando menos impuestos a las rentas más altas para adquirir más casas, más coches, más viajes y más ropa. Algo que no fue suficiente para reducir el déficit público (tampoco era ese el objetivo). Pero en este caso, Bush buscó la financiación de China y ahora los herederos del anterior presidente deben pagar intereses por la deuda por valor de 210.000 millones de dólares, y estos sí que deberán financiarse con el recurso a los impuestos de los americanos.

Algo similar es lo que puede suceder en España, donde el ‘Plan E’ lleva camino de convertirse en el caso práctico de la economía del absurdo, y gastar en asuntos que, como se decía, podían ser intrascendentes, de escaso o nulo efecto futuro y reduciendo la posibilidad de mejorar la estructura económica. Se trata de gastar bien, es decir, de invertir y no gastar por gastar. El BCE acaba de enviar un mensaje al Ejecutivo español a través de uno de sus consejeros, el español, José Manuel González-Páramo, quien ha trasladado al Gobierno la preocupación de la UE por la actual situación de la economía que próximamente presidirá la UE, señalando que la experiencia europea demuestra que tiene más probabilidad de éxito el control del gasto público que subir impuestos. Ya nos dirán algo nuestros herederos.

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