edición: 2978 , Lunes, 1 junio 2020
24/01/2020
La nueva ministra ha reforzado la vigilancia sobre la compañía

Endesa comienza el desmantelamiento final del negocio, ahora con un inventario laboral

Primero vendió las filiales más rentables, después segregó las renovables en Enel Green Power, y ahora, inventariada la plantilla, procederá a su reducción
Juan José González
Los dueños italianos de Endesa, Enel, propietarios del 70% de la energética, han comenzado a levantar el campamento, no se sabe si para darle el pase con la venta parcial o total de su participación, o bien para ir reduciendo poco a poco su actividad hasta que le resulte atractiva para alguno de sus competidores. Y ha comenzado por el principio, como corresponde a una salida ordenada de los activos, una limpieza legal (eso parece) de costes y que en esta ocasión corresponde a la fuerza laboral, la plantilla, los trabajadores. Endesa da empleo a 8.800 personas y el ahorro que pretende la compañía energética italiana alcanza al 11%, es decir, unos 1.000 trabajadores. Se trata de una oferta de la compañía que pretende ser de ejecución inmediata, en las próximas semanas, unos dos o tres meses. Un programa de indemnizaciones orientado a los empleados mayores de 50 años. Es un desmantelamiento claro si se tiene en cuenta que la eléctrica ya ha comenzado la limpieza hace años, primero con la venta de activos y ahora con la pretendida salida del 11% de la plantilla. Un plan del que se dice se encuentra en una fase inicial, ya que este primer ajuste laboral se tiene en la casa como una especie de "operación piloto". El ministerio del ramo, ahora Para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, lleva observando los movimientos y las decisiones de los italianos, obviamente, más allá de la expatriación de dividendos.
Prosigue el desmantelamiento industrial de la eléctrica italiana Endesa. Italiana porque sus dueños, que lo son en un 70%, son los italianos del grupo Enel, al que se dirigen cada año los dividendos que generan los beneficios de la compañía. En el ministerio y en Moncloa siempre ha llamado la atención la política italiana de maximizar el dividendo de la filial española, deshaciéndose de filiales e ingresando las plusvalías por la venta de estas y limitando año tras año la capacidad de inversión. En más de una ocasión desde la dirección se alegó que los planes de la eléctrica en relación con la política de dividendos, tenía que ver con la amortización acelerada santo y seña de la casa matriz. Algo que por supuesto ha cumplido a rajatabla.

Una estrategia de maximizar dividendos que ha provocado varios enfrentamientos entre el presidente de la filial española y la matriz italiana. Recordar que la salida de Borja Prado, tras diez años al frente de la eléctrica, tuvo entre sus motivos un cierto desacuerdo con la política intensiva de maximización de dividendos, a pesar de ser Prado el que ejecutó dicha política a lo largo de esa década de presidencia. Sin duda, el gran negocio de Enel que a los cuatro años de su adquisición ya daba por amortizada la compra de la energética.

El plan estratégico contemplaba que al término del mismo en 2019, el grupo ya se habría embolsado el 80% del pago. Si al cierre de 2018 ya había recuperado 26.000 millones de euros correspondientes a su participación del 70%, tan sólo le quedarían unos 6.000 millones para cubrir los 32.000 del coste que pagó Enel por la energética. Es decir, un negocio más que redondo en poco tiempo, menos de diez años, y después de haber ingresado las plusvalías procedentes de las filiales, por cierto, las más rentables del grupo. Por contra, la deuda financiera neta llegó a alcanzar a finales de 2018 los 6.600 millones de euros, más de un 30% de la deuda con la que comenzó ese mismo años. 

Y entre el endeudamiento al alza y el superdividendo también subiendo, la compañía parece haber sido presa de una enfermedad crónica en los últimos diez años. Y hoy es una energética con anorexia y con un pasivo disparado. Con todo, a pesar de que las protestas sindicales y del mismo expresidente Borja Prado hacia la política `esquilmadora´ de los italianos se han dejado oir en el Gobierno, tanto de Mariano Rajoy (Álvaro Nadal) como en el actual de Pedro Sánchez (Teresa Ribera), la compañía no ha variado su estrategia ni un ápice, a pesar de que parece que los planes firmados por la energética en la compra de la misma no se han cumplido en el apartado de la inversión en España, lo que habilita al ministerio a aplicar sanciones por incumplimiento.

Ahora se presentan las prejubilaciones como un plan orientado al puro ahorro de costes laborales, pero que al mismo tiempo deja al descubierto algo imposible de ocultar, como es el desmantelamiento de las térmicas. Primero fueron Compostilla, en León y Andorra en Teruel. Después fueron As Pontes en A Coruña y Litoral en Almería, y recientemente, este mismo mes de enero, se suma Es Murterar en Mallorca, térmicas que en conjunto afectan a casi 4.500 trabajadores que ahora ven más cerca el cierre. Afortunadamente, el ministro de Transición Ecológica sigue de cerca las decisiones que toma la compañía. Y no precisamente por el abandono del carbón.

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