edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
21/05/2020
Estrategia de salida y venta

Endesa, en el punto de mira del Gobierno ante su posible venta a fondos extranjeros

El Gobierno detecta movimientos en la eléctrica, no quiere sorpresas y pone bajo observación a la eléctrica, una cuarentena que deberá vigilar Teresa Ribera
Juan José González
En medios oficiales del Gobierno, todo indica que alertados por el sector, siguen de cerca los pasos de la eléctrica Endesa, hoy dirigida por José Bogas, su consejero delegado. Moncloa ha situado a Teresa Ribera como cancerbera de la compañía. En otras palabras, la eléctrica se puede considerar en cuarentena, en observación, y no precisamente por un virus: podría estar preparando las maletas, la venta, que al fin y al cabo es lo único que le resta por cobrar. Ribera teme un movimiento empresarial en el sector, del que también han alertado grupos inversores y entidades bancarias. No se trata de una venta sencilla, pequeña, de un paquete de acciones cualquiera, minoritario; implica el control de la propiedad de Endesa, hoy en un 70% en manos de los italianos de Enel. La compañía pasa por una situación compleja que dura casi dos años y que respondería a una estrategia de largo plazo, meditada y calculada. En medios bien informados del sector constatan que los italianos se encuentran ahora en el desarrollo de la segunda fase de la misma; la limpieza que prosigue al vaciado una vez descapitalizada la empresa, ya ejecutado el reintegro de la inversión en forma de dividendos. Y todo sin problemas ni oposición oficial. Para la segunda fase es preceptivo un choque, un enfrentamiento. Y así, agotado el vaciado de Endesa y medio terminada la limpieza llega la hora del conflicto con el Estado. Si la primera piedra de toque fue la venta forzada de las carboneras, luego vinieron las críticas de la eléctrica al Gobierno por el sistema de subasta de renovables y demás, como por ejemplo el conflicto por las nucleares.
Ahora la táctica que está aplicando la dirección de la italiana es lisa y llanamente el conflicto con el Estado, no frontal ni directo, sino a través de otro enfrentamiento, el que se desarrolla desde hace meses (para unos 18 meses y para otros seis) en el campo laboral, donde la compañía eléctrica mantiene un pulso con los sindicatos Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores. Y después vendrá la salida de los italianos de la eléctrica, la venta. Y para el control de la venta el Gobierno ha situado bien, con plenos poderes, a Teresa Ribera. Señalada por su intervencionismo desde la `injerencia´ en la gestión de Red Eléctrica, la ministra ha ido creciendo en poder e influencia. Seguramente será porque lo vale. O no, puede ser sencillamente por delegación.

El caso es que Ribera no tiene intención de intervenir el sector eléctrico -insisten en fuentes próximas a su departamento- y nada tienen que ver sus movimientos con las energéticas (Iberdrola, Naturgy o Repsol) sino con Endesa, un problema abierto, una asignatura pendiente, heredada desde la calamitosa gestión en su día del Gobierno Zapatero. Saben en Endesa que cualquier conflicto laboral con los dos sindicatos mayoritarios que se produzca en una gran empresa, acaba interesando, interviniendo, el ministro del ramo. Más si se tiene en cuenta que se trata de una compañía cuya actividad industrial es considerada estratégica. Y en este sentido, el conflicto, el enfrentamiento, la estrategia de la eléctrica ya figuraría entre los problemas prioritarios de Trabajo y Energía, es decir, en el Gobierno.

En más de una ocasión, los responsables de energía del Gobierno opinaron que observaban con preocupación algunas decisiones de la eléctrica por cuanto encajaban perfectamente en una estrategia de salida programada en el tiempo. Si en un primer momento los italianos llevaron a cabo una concentración de acciones (hasta el 70% del capital social) que pasó inadvertida para la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la política de reparto agresivo de dividendos fue la constatación de que la eléctrica italiana pensaba llevarse, repatriar a Italia, el máximo volumen de beneficios generados en España, como así ha venido ejecutando en todos los ejercicios pasados.

Pero una vez consumado el cobro de dividendos en volumen suficiente para amortizar la adquisición de la eléctrica, llega la etapa siguiente al vaciado: la limpieza. Por limpieza debe entenderse eliminación de activos tóxicos, improductivos, costosos... pasivos. Pasivos son para la eléctrica los 26.000 trabajadores que ya no lo son de Endesa, jubilados en su mayoría, además de otros 9.000 en activo, que se estaban beneficiando de descuentos de tarifas, salarios en especie o gratuidad en algunos servicios. Sin embargo, esta fase no es tan sencilla como la previa, el vaciamiento de la caja y su descapitalización, labores ya ejecutadas. 

La fase del enfrentamiento con el Estado mediante el conflicto implica un calendario más complejo que trasciende las negociaciones políticas y sindicales. Se trata de los plazos que fija la Justicia, los tribunales, en este caso, el Supremo donde estudian varios recursos (después de que Audiencia Nacional avalara con su decisión el final de los beneficios sociales). Todo encaja en la estrategia; movimientos financieros, contactos con inversores, conflicto laboral y ruptura o impasse de negociaciones con los sindicatos hasta forzar un movimiento del Estado, del ministerio encargado, Energía. 

Porque antes de hacer las maletas, los italianos, obviamente, quieren dar el último pelotazo: la venta de la compañía. El pasado enero un grupo de inversores institucionales, fondos extranjeros, visitaban la sede de Endesa en Madrid para conocer con José Bogas los planes de futuro de la eléctrica italiana. Una visita con un motivo extraño toda vez que los gestores de fondos habían hecho su última escala en Roma donde fuentes bien informadas aseguran habían visitado la matriz Enel.

Andan inquietos en la eléctrica italiana con la actividad que desarrolla en las últimas semanas la todopoderosa ministra energética Teresa Ribera, por supuesto. Interpretan en la alta dirección de la eléctrica que la ministra busca la forma de intervenir la gestión, de controlar los movimientos "altamente sospechosos" de algunos miembros del consejo de administración de la compañía. Control de Ribera justificado en la posibilidad cierta de que Endesa ya pueda haber elegido comprador y sin que la estrategia empresarial de la eléctrica haya sido consultada con Moncloa, consulta obligada en tanto que empresa considerada de interés estratégico.

En la compañía todo han sido buenas palabras, compromiso empresarial con el Gobierno, nada de ERTE ni similares, low profile para no llamar la atención, y sí promesas de fuertes inversiones como la todavía pendiente de los 6.300 millones de euros de los que a día de hoy no se tienen noticias y que Endesa iba a realizar en tres ejercicios, 2019, 2020 y 2021, inversiones prometidas y comprometidas con el Gobierno en noviembre pasado y de la que la mitad se realizaría en instalaciones renovables.

Todo lo cual justificaría la desconfianza del Gobierno de Pedro Sánchez y la actividad de la ministra Ribera en marcar de cerca todo lo que sea posible los movimientos de la eléctrica. Más sospechoso es el comportamiento de la compañía en medio de la pandemia, asegurando que no contempla medidas de ajuste sino sólo de apoyo a la población, faltaría más. Pero Ribera y el Gobierno disponen de información acreditada de las intenciones de los italianos que no es otra sino la venta a un grupo de fondos. Por eso deben vigilar y por eso deben permanecer muy cerca de la compañía y se incrementa el control político. Más que nada para que al Estado no se le escape de nuevo la pieza, para no reincidir en el ridículo. Porque parece estar bien claro que Endesa está en movimiento de salida, de venta.

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