edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
19/09/2012
La UE limitará el uso de combustibles biológicos por su influencia sobre el precio de los alimentos

Energía y Cambio Climático anuncian el freno a los biofuels mientras cae el precio de los granos

Carlos Schwartz

El Comisario de Energía de la Unión Europea, Gunther Oettinger, y la Comisaria de Cambio Climático Connie Hedegard, han firmado un comunicado conjunto anunciando que solicitarán la limitación de la participación de los biofuels para el transporte a un 5% del total hasta el 2020. La legislación de la UE preveía un incremento de la participación de los biofuels hasta el 10% en el mix de combustibles de origen renovable que debería alcanzar al 20% del total. Ambos comisarios han negado que la política europea para esos combustibles haya contribuido al incremento internacional de los precios de los alimentos. Este ha sido un argumento central de las organizaciones no gubernamentales que apoyan a las naciones en desarrollo y luchan contra el hambre en el mundo. Las ONG han aplaudido la decisión.

Mientras esta era la decisión en la UE, los mercados de materias primas han comenzado a reflejar una reducción de los precios de los granos que no tienen nada que ver con este anuncio. Los precios de los cereales y de las semillas y granos oleaginosos, han mostrado una fuerte subida en meses recientes a causa de lo que se calificó de la “peor sequía en años” en los Estados Unidos que es el primer exportador mundial de estos productos. En particular de maíz utilizado para la alimentación de ganado. Sin embargo, a pesar de los pronósticos sobre una reducción de la cosecha que habían llevado los contratos de futuros a niveles sumamente altos, los precios spot comenzaron a caer a causa de la celeridad de la cosecha y la disponibilidad de granos.

El precio del grano de soja bajó el lunes precipitadamente chocando con el límite diario de caída. Los contratos para entrega en diciembre cerrados esta semana para la soja cayeron un 4.4% en un día en el Chicago Board of Trade (CBOT). El trigo a diciembre por su parte cayó un 5%. La reducción de precio de un lado cuestiona el origen del incremento y del otro la afirmación de que la liberalidad monetaria de la Reserva Federal bautizada como quantitative easyng (estamos en la Q3) llevaría a un alza del precio de las materias primas como efecto inflacionario de la política monetaria. También cuestiona de hecho la hipótesis de que los biofuels fuerzan un alza del precio de los alimentos.

En realidad, esa vertiente de los combustibles de origen orgánico tiene más que ver con el acaparamiento del suelo para su producción por parte de las empresas que dedican su cosecha a ese destino, y al acaparamiento especulativo de las cosechas por los grandes intermediarios con el fin de incrementar el precio de las materias primas que son la base de su negocio. Lo central en esta cuestión es que, con la excepción de los Estados Unidos, los principales productores de los cereales destinados a los combustibles biológicos son países en desarrollo que alientan esta forma de producción. Si esas naciones pusieran límite a la reserva de suelo destinada a esa producción y la limitarán racionalmente para dejar la superficie necesaria a la producción de alimentos es probable que la incidencia de los combustibles fuese nula.

El caso de Argentina es significativo. La producción está en manos de las “sojeras”, empresas multinacionales dedicadas al cultivo de la soja. Estas empresas están íntimamente ligadas a los productores de semillas transgénicas y los insecticidas que van acoplados a esa producción. El vínculo de los grandes laboratorios productores de esos insecticidas y de las semillas, como el caso de Monsanto, con las multinacionales productoras de soja tienen efectos secundarios feroces como las enfermedades ocasionadas por los insecticidas fumigados desde avionetas en poblaciones rurales enclavas en medio de los campos de producción. En Argentina se ha registrado una fuerte sustitución de cereales por soja destinada a la exportación. Sin embargo la soja no es la principal materia prima de los combustibles biológicos. Por el contrario es una semilla destinada a la alimentación y el aceite comestible. Al mismo tiempo, el Gobierno argentino depende de forma inexorable de los ingresos que generan las exportaciones agrarias porque el principal ingreso fiscal es la tasa del 35% sobre las mismas.

Lo cual quiere decir que si el Gobierno pusiera limitaciones a la producción de semillas objeto de intensa especulación por parte de las multinacionales, y gestionara el suelo de forma centralizada para orientar la producción de acuerdo con las necesidades alimentarias de la población socavaría su propia fuente de ingresos, que es precisamente la cadena especulativa en torno a las materias primas. Para el Gobierno argentino la posible reducción de los precios de los cereales y semillas no es buena noticia porque supone una reducción de sus ingresos que se materializan con repatriación de la venta de las cosechas en marzo de cada año.

A finales de agosto la Comisión Europea inició una investigación sobre el posible dumping por parte de Argentina e Indonesia en los precios de los biofuels. La Comisión dijo que existían indicios de la existencia de ese dumping. España ha restringido la importación de biofuels de Argentina en abril de este año alegando un nivel de precios por debajo de mercado. Sin dudas el deterioro del clima comercial entre Argentina y otros países, incluidos los limítrofes, tiene que ver con las restricciones argentinas a las importaciones en un régimen proteccionista que intenta frenar la salida de divisas. Pero también a la necesidad de dar salida a su producción de biofuels.
 
Desde luego los costes de producción de biofuels en Europa son mucho más altos que en las naciones emergentes, como lo es la producción de carne y cereales. Este es un problema que es ajeno a la batalla entre la UE y Argentina y tiene más que ver con los costes de producción y el modelo agrario europeo, basado en una política agraria común que defiende los intereses de los productores que de otra forma caerían bajo el aluvión de materias primas de importación. No es un fenómeno nuevo. Los junckers alemanes bajo el canciller Otto von Bismarck y los campesinos franceses bajo Luis Bonaparte, gozaban de más privilegios que los industriales emergentes. Bien mirado algo de eso sobrevive aun hoy. Mientras en Argentina, como en la Inglaterra de David Ricardo, los propietarios de la tierra viven de su renta y no de la producción, ya que la arriendan a las multinacionales productoras de soja... pero allí no hay ningún Ricardo en el Congreso. Al menos de momento.

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