edición: 2285 , Lunes, 21 agosto 2017
19/06/2013
Subastas, sólo acuden los españoles

Entorno perfecto previo a una quita de deuda

La banca española ya habría tomado el relevo a la extranjera en la financiación del déficit
Juan José González

Un reciente informe del BoA parece como caído del cielo, como una bomba de varios megatones sobre un país donde puede ocasionar grandes y graves daños. Dice el informe en tono afirmativo que la deuda española no es sostenible y que, por supuesto, difícil será que España pueda devolver todo el dinero a sus acreedores. Duda el informe sobre la capacidad de la economía española para cubrir la colosal deuda. Ni las medidas fiscales en marcha ni la austeridad, como tampoco la recapitalización de la banca se tienen por suficientes para lograr la recuperación de la economía. No se cumplen los objetivos de déficit, los cuales cuentan con un plazo más dilatado, pero es también probable que incluso con los nuevos plazos no se cumplan. Finalmente, Gobierno y agentes económicos están pendientes de una nueva calificación del riesgo antes de agosto. Los inversores internacionales difícilmente acudirán a un escenario hostil y negativo como el que parece ofrecer hoy el país.

Que los inversores extranjeros dejaban de acudir a las subastas de deuda española, era un hecho probado desde hace bastantes meses, en concreto, los últimos quince. Un lugar, un vacío que ha debido ser cubierto por las entidades financieras españolas, principales compradoras o tenedoras, de la deuda pública española, los financiadores del déficit. El mensaje oficial del Gobierno insiste, sin embargo, en ver la luz al final del túnel, sospecha que algunos indicadores económicos van a salir mejor de lo previsto. La noticia se adelanta a los hechos y el Gobierno corre el riesgo de tener que matizar la información cuando lleguen de verdad las cifras reales.

El Ejecutivo se muestra confiado en que la economía ha comenzado a moverse, pero no se perciben los efectos del movimiento. El mayor empleo creado en el mes pasado, sorpresa doblemente positiva, por su significado y porque también no se esperaba en cuantía, es utilizado ahora por el Gobierno como proyección semestral, de la primera parte del año, y de la que ya se adelanta que será superior en la segunda mitad del ejercicio. Pero por mucho que el intento de adelantar noticias futuras, previsiones, hipótesis, etc. sea un intento a la desesperada por inyectar una mínima dosis de optimismo para crear expectativas y confianza en los agentes económicos, nada será posible si el país, el sistema, empresas y familias siguen sin crédito, o el dinero disponible, que es muy escaso, no se encuentra al precio que afirman ni el Banco Central Europeo ni el Banco de España.

Pero es la deuda pública donde en opinión del informe del BoA  residen todos los males y obstáculos para que la economía española se recupere. La deuda agregada de las Administraciones Públicas se acerca a los 1,2 billones de euros, con un ritmo de crecimiento anual que supera el cuarto de billón de euros con las Comunidades autónomas batiendo récords de endeudamiento, lo que sitúa el volumen de deuda en una posición insostenible, ni siquiera podría ser cubierta con crecimientos de la economía similares a los que registran algunas economías orientales y asiáticas de dos dígitos.

El deterioro de la situación económica comienza a ser, en contra de lo que dice el mensaje oficial, similar al que sufrían un año antes de la intervención países como Grecia o Portugal, rescates que el tiempo demostró que debieron haberse producido con mayor antelación. De ahí que el informe del BoA, en línea con la tesis del FMI, se muestre partidario de empezar a reconocer que una parte de la deuda no será posible que sea devuelta nunca. Por tanto, no debería de ser rechazada la idea de comenzar a calcular una quita de la deuda.

Quizás la única forma de entender la "insostenibilidad" de la deuda española encuentre su explicación en la actitud del Banco Central Europeo, dispuesto a comprar todo el papel público necesario para evitar el colapso de la economía española y dar confianza a la banca española para que actuara de tomador y financiador del déficit público. Sería la forma en que podrían librarse los bancos franceses y alemanes, los más perjudicados en una quita. Como se verá, la misma fórmula que permitió que el tiempo transcurriese para salvar a la banca germana en el rescate de Grecia.

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