edición: 2866 , Lunes, 16 diciembre 2019
09/12/2008
Observatorio de Coyuntrura

Envite financiero de la Zona Euro sobre la economía real

Servicio de Estudios de 'la Caixa'.- La fuerte crisis financiera que se viene desarrollando desde el verano de 2007 ha alcanzado tal intensidad que procede preguntarse sobre cuál está siendo su transmisión a la esfera de la economía. En principio, existen dos grandes canales por los cuales la crisis puede afectar a la evolución macroeconómica. El primero es el canal del crédito, una variable cuyo encarecimiento y/o restricción afecta directamente a la capacidad de las familias y empresas de financiar sus gastos corrientes o sus inversiones. El segundo, el canal de la confianza, es decir, los cambios en la percepción de los agentes (de nuevo, consumidores y empresas) sobre la situación económica y cómo dicha percepción se corresponde con decisiones de gasto e inversión.

Y bien, ¿cómo están operando en la práctica estos dos canales? El consumo en la zona del euro está moderando sensiblemente su ritmo de crecimiento que, ciertamente, tampoco había sido excesivamente alegre ni en los momentos más álgidos del ciclo. Por ejemplo, las ventas al por menor, un indicador clave del consumo, descendieron en el promedio de julio y agosto un 1,7% interanual, empeorando el débil registro del segundo trimestre (caída interanual del 1,6%).

Esta evolución es, a grandes trazos, paralela a la desaceleración del crédito a las familias, que pasó de crecer cerca de un 11% interanual en el primer trimestre del 2006 a hacerlo menos del 4% interanual en agosto, y al empeoramiento de la confianza del consumidor, que en los doce meses que finalizan en septiembre ha cedido más de 13 puntos. Aunque existen otros factores que también empujan en la misma línea, como, por ejemplo, la transmisión de las pérdidas bursátiles a menor consumo (la inversión del efecto riqueza), la propia Comisión Europea estima en su último informe trimestral que dicho efecto riqueza es de baja magnitud en el caso de la eurozona (no así, por ejemplo, en Estados Unidos).

La inversión también está recibiendo el impacto de la crisis financiera. Ya sea al nivel de macromagnitud trimestral como de indicadores mensuales, la inversión muestra claros signos de deterioro. Así sucede también con el gasto de las familias, tanto la confianza empresarial (bien sea de servicios o industrial) como la ralentización del crédito a las empresas siguen sendas bajistas aproximadamente equiparables a la de la inversión.

Cabe concluir, por tanto, que existe un impacto de la crisis apreciable en la actividad económica a nivel interno. Esto deja al consumo público y a la demanda externa como únicas fuentes compensatorias de la desaceleración. Por lo que se refiere al consumo público, las últimas cifras disponibles, del segundo trimestre, apuntan a una clara inflexión alcista. La demanda externa, por el contrario, está sufriendo más y más a medida que avanza 2008. En agosto, la balanza comercial, en saldo acumulado de doce meses, anotó un déficit de 14.900 millones de euros, con lo que suma dos meses consecutivos en negativo.

Esta evolución deriva del hecho que las exportaciones han tendido a ralentizarse mientras las importaciones se muestran por el momento ancladas en ritmos expansivos superiores. Un primer factor que explica estas mayores dificultades exportadoras es el encarecimiento de los precios debido al efecto de la apreciación del euro. Así, y a pesar de la corrección producida en los últimos meses, en septiembre el tipo de cambio efectivo nominal de la moneda única registraba un nivel un 3% superior a los de un año atrás.

Un segundo elemento que constriñe la capacidad exportadora europea es la patente ralentización de ciertos mercados tradicionales que hasta la fecha habían todavía mantenido dinamismo, como Reino Unido, Suiza y Suecia. Ello está dejando a la exportación europea muy dependiente de mercados emergentes (las exportaciones a China y Rusia están creciendo todavía en cifras de dos dígitos), unos destinos que, de cumplirse las previsiones, van a ser menos vigorosos en unos pocos meses.

A partir de esta situación, las perspectivas inmediatas no son positivas. Los indicadores mensuales disponibles relativos al tercer trimestre –producción industrial, sentimiento económico, índice compuesto de indicadores adelantados, etc–, apuntan con cierta claridad a que el producto interior bruto (PIB) puede haber vuelto a caer por segundo trimestre consecutivo. Esta entrada en recesión técnica puede ser el preludio de unos próximos trimestres complicados. Aunque la tasa de paro todavía se mantiene relativamente baja (7,5% de la población activa en agosto) y lo peor del tensionamiento inflacionista parece quedar atrás (en septiembre la inflación se desaceleró hasta el 3,6% gracias a la contención de energía y alimentos), estos factores son insuficientes para contrarrestar los amplios signos negativos de una economía en horas bajas. Como tampoco se pueden esperar resultados inmediatos de los distintos programas de ayuda que los países de la eurozona están planteando para salvar a sus respectivos sistemas financieros y cuyo impacto sobre la actividad no se vislumbrará hasta dentro de bastantes meses.

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