edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
13/03/2018
banca 
El ministro, paladín de las fusiones

Escolano acapara el poder político en la nueva fase de concentración bancaria

Juega la baza de primer accionista de Bankia, el deseado comodín de BBVA y al que no pierde de vista el Sabadell
Juan José González
Román Escolano quiere capitanear la iniciativa para que no se le escape al Gobierno ningún movimiento en la nueva fase de concentración bancaria. En su doble condición, por un lado, de ministro de Economía del Reino, con sobrada capacidad sobre los procesos societarios, propios de las concentraciones bancarias, en tanto que su firma es necesaria para que un Consejo de Ministros dé su visto bueno, y por otro, de su poder como primer accionista en representación del Estado, de Bankia, el nuevo ministro Román Escolano viene a expresar el deseo del Gobierno de tomar la iniciativa en los movimientos empresariales que se produzcan en el sector financiero. Consciente el Ejecutivo de su papel ridículo en la resolución del Popular, por el que la JUR fallaba, probablemente sin oposición alguna del Gobierno español, a favor de la oferta de Santander (y que según distintos medios aseguran que no fue la única sobre la mesa) no quiere que se repita el bochorno público nacional e internacional ante la posibilidad, en breve, de una nueva operación bancaria. Es una nueva situación: un banco público -Bankia- que aspira a fusionarse con otra entidad bancaria nacional para hacerse grande o mayor, y que bien puede ser el BBVA. Esta entidad guarda silencio, quizá porque estima que el movimiento le puede beneficiar mientras la fusión y el candidato -Bankia- no se caliente demasiado, es decir, no experimente una subida de valor que provocaría una subida de precio inalcanzable para el comprador.
Bankia sabe de su posición de comodín ideal en cualquiera de las combinaciones posibles para una fusión. Ideal para sumar con BBVA al tiempo que salvación estratégica para éste. Complementaria con Sabadell, como en su día lo fue, y lo intentó pero no salió, con el Popular. Pero pasada la primera oleada judicial que amenaza con tempestad el futuro de la ganga para el Santander, el sector parece más animado y listo para la acción. En principio, el movimiento de banqueros y autoridades se limita al terreno de la declaración de opiniones, ni siquiera intenciones, si bien de aquellas cabría la posibilidad de interpretar algunos posibles movimientos.

Como en una partida de cartas, los jugadores han comenzado con el ritual de los gestos. El presidente de Bankia conoce lo que puede dar de sí la entidad rehabilitada y, por tanto, es consciente de la imposibilidad de reintegrar el montante de la inyección pública a golpe orgánico. Luego, la salida indicada para recuperar lo que la oposición crítica al Gobierno como el "honor del rescate" pasa por una buena boda o una venta espectacular. Más probable la primera ceremonia que la colocación de la segunda, el presidente de Bankia ya ha comenzado a calentar el escenario: ya nadie duda -parece- que si Bankia -como la buena ginebra- combina bien con todos, el mejor acompañante es el BBVA.

Ni en el cuartel del pretendido ni en el del pretendiente piensan en otra opción, salvo que la intención sea para marear la perdiz. El Gobierno, ahora con Solano, se prepara para oficiar la ceremonia. El ministro conoce la casa, los actores, es amigo de FG y de Goirigolzarri, y ahora conoce los estados de cuentas y las posiciones de ambas entidades. Sólo le queda cumplir la voluntad del accionista público, el Gobierno, y sentenciar, oficiar la boda. El movimiento no está exento de complejidad, habida cuenta que el actual presidente de BBVA, Francisco González, se encuentra en posición salida del banco y en creciente abandono de los suyos. En último extremo, despejar la fusión de BBVA con Bankia pasará por dejar contento a FG, en una fundación o, directamente al retiro dorado.

En la misma partida juega otro saliente, el Gobernador del Banco de España, acostumbrado a jardines ajenos pero que no quiere perder la ocasión de opinar como regulador o supervisor financiero. Dice Luis Mª Linde que hay espacio para fusiones, que el tiempo no lo impide y que además todos están dispuestos para las ceremonias. Debe tener buena información el Gobernador, de primera mano vía el Gobierno y de la misma mano del BBVA. De Bankia ya conocía sus intenciones, pero ahora cuenta con declaraciones frescas y públicas de Goirigolzarri. Por tanto, el Gobernador y el presidente de Bankia han hecho gestos, guiños e insinuaciones de que están dispuestos para que comience el espectáculo.

Es el escenario que acredita a Escolano para que sea él, en nombre del Gobierno, quien tome la iniciativa en la nueva etapa de concentración bancaria, la cual, se desea gestionada por el ministro -es mayoritario en Bankia- y controlada, políticamente, desde Moncloa. Porque el mal ejemplo del Popular, conejillo de indias de la JUR y víctima de la desidia del exministro de Economía De Guindos, no se puede repetir. En esto coinciden, unánimes, todas las partes implicadas en las futuras fusiones: no habrá más chapuza colectiva, pública, privada e institucional como la que llevó a Santander a hacerse con el Popular. De ahí que en esta ocasión el nuevo ministro de Economía haya expresado su intención de controlar muy cerca, en primera línea, cualquier movimiento de concentración bancaria, todo lo contrario que su antecesor, más volcado en la autopromoción y en las prisas por resolver una crisis en la que renunció a la iniciativa.

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