edición: 3094 , Martes, 24 noviembre 2020
13/03/2020
El deseado modelo noruego sigue en el objetivo

Escrivá no descarta el proyecto de un fondo del Estado para cubrir el déficit de pensiones

La cartera de participadas del Estado basa su aportación a las arcas públicas en el cobro del dividendos, con una escasa renta del 5%, lo que anima a plantear nuevos objetivos y metas más ambiciosas
Juan José González
Llegan al mercado de la inversión malas noticias sobre la pericia de los gestores de cartera del Estado español. En su condición de accionista del mercado bursátil, el Estado cuenta con una cartera notable, voluminosa y cuantiosa de pocas empresas, nueve en total, pero que le hacen acreedor del título de accionista relevante del selectivo. Una cartera de participadas entre las que se encuentran Enagas, Red Eléctrica, Indra, Airbus o Bankia, también IAG, Aena y Abengoa. Se diría que una cartera de lujo, con sus más y sus menos, pero con una buena media de dividendos anuales que le asegura al Estado unos ingresos interesantes y recurrentes. Es el Estado un inversor de bolsa conservador, estable, nada que ver en sus movimientos con las compras y ventas especulativas en busca de recoger beneficios ni esas cosas: el Estado es un inversor serio. Pero pasivo, despreocupado, se diría incluso que, indiferente. Y claro, en un mercado atestado de escualos la posición del pasivo se vuelve perdedora. Quienes albergaban el sueño de que algún día el español fuera un inversor preocupado, activo, que no agresivo, en el mercado de la renta variable, estarán desilusionados con sus últimos resultados. La cartera de acciones del Estado ha pasado en tan solo cuatro meses (desde noviembre a febrero) a valer casi 10.000 millones de euros menos, desde los 25.793 millones de euros hasta los 15.815 millones de euros de esta semana.
La crisis ha pillado a los gestores mirando para otro lado, o entretenidos en otros asuntos. Es difícil imaginar que los gestores funcionarios no activaran alguna cobertura al efecto para evitar pérdidas superiores al 30%. Es probable que los gestores hubieran dado la orden a sus brokers subcontratados de que no vendieran ya que podrían provocar el derrumbe del selectivo español. Pero la idea del estabilizador del mercado no ha servido para nada puesto que el volumen del paquete total no habría podido compensar la caída que en forma de huida ha protagonizado la mayoría del indicar bursátil español. Como tampoco parece de recibo aceptar que la cartera del Estado se conforme con obtener una rentabilidad por dividendo del 5,2%. 

En resumen: la cartera de acciones de titularidad pública en manos del Estado no rinde, no renta ni obtiene el beneficio adecuado para una masa de activos de la que cabría esperar mayores rendimientos. En este punto, las comparaciones son, de nuevo odiosas, sobre todo si se compara la evolución de la rentabilidad de la cartera del Estado español con el sueño, el modelo, el fondo público Noruega cuya actividad en el mercado español le está reportando revalorizaciones superiores al 20% en `temporada baja´ y de hasta el 38% en algún año bueno.

Y ya no sólo es el atractivo de su rentabilidad lo que provoca los dientes largos en los gestores públicos españoles, sino que las inversiones y ganancias del fondo gubernamental noruego, vehículo de inversión creado hace 24 años, corresponden a las pensiones de los 5,5 millones de noruegos. En cualquier caso, si por algo se caracteriza el gestor del fondo noruego es por sacarle brillo reiteradamente, año tras año, a sus inversiones, por cierto, no exentas de elevado riesgo si se tiene en cuenta que cerca del 70% de sus posiciones corresponden a acciones de renta variable y el resto a bonos y obligaciones. Lo que se dice una cartera agresiva con vocación riesgo.

En numerosas ocasiones, el fondo de un billón de euros de capital ha llegado a registrar pérdidas sonadas, pero que la pericia y la paciencia de sus gestores lograron recuperar en pocos meses. Riesgo que se ha visto recompensado con rentabilidades proporcionadas al mismo. Las comparaciones son, desde cualquier punto de vista, odiosas, sobre todo desde la gestión de las inversiones, las apuestas o compras que decide el comité de inversión. Así las principales ganancias que se apuntó el fondo en el pasado ejercicio tuvieron como fuente origen en las acciones de las compañías tecnológicas, muy superiores a las obtenidas en otros valores industriales, de un 18% para las tecnológicas y de un 14% de ganancia para las industriales y energéticas.

Es probable que el responsable de la sanidad española, José Luis Escrivá, ministro de Seguridad Social, este considerando la idea de darle una vuelta a los activos `a la sombra´ que tiene el Estado, entre los que se cuenta la cartera de acciones. Escrivá no llegó a descartar desde su anterior atalaya pública (la AiRef, la autoridad independiente) la posibilidad de obtener recursos de los recursos del Estado para cubrir el déficit en pensiones. El descalabro de las cotizaciones bursátiles de estos días puede servir para ser conscientes de que hay que poner remedio a la pasividad de la gestión de una cartera sin cobertura (ha perdido 10.000 millones de euros) y reformar el objetivo de la gestión.

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