edición: 2936 , Lunes, 30 marzo 2020
21/02/2020
Del piso al plan privado

Escrivá se plantea un cambio de cultura financiera para cerrar el déficit de pensiones

La sostenibilidad de las pensiones es una cuestión de dinero, de plazos, de gestión pero también, y parece que sobre todo, de cambiar la mentalidad del ahorro, cambiando el ladrillo por los planes privados. Ahora hay que hacerlo
Juan José González
De la teoría a la práctica, de las ideas sobre el papel a la realidad, a los hechos. A José Luis Escrivá, aquel que fue el director de la agencia Airef, un organismo independiente, cómodo y verbo libre, según conviniera, le han dado la alternativa. Debe ahora salir al ruedo y aplicar al morlaco que sale de los corrales la teoría. Sale al ruedo problema de grandes astas al que ahora le echará el maestro el capote de la Inclusión, la Seguridad Social y Migraciones. Aquí y ahora es donde se esperan las soluciones para el sostenimiento de las pensiones. Si es que hay solución. Si la hay, políticos, funcionarios y ciudadanos todos deberán cambiar el chip, las coordenadas, los criterios, el fondo y la forma conocidos. Es decir, el tiempo y el dinero, las retenciones y los plazos de cotización, las coordenadas. Aquel sistema, ideal, solidario por el que los trabajadores en activo sostenían, mantenían o sustentaban las pensiones de los jubilados, ha pasado a mejor vida. Se quiere que continúe siendo solidario y que los activos cubran las necesidades de los pasivos, pero a otro precio y a otro plazo. Esa es la solución. El desequilibrio actual del sistema crea déficit y lo que en su día se llamó solución era, en realidad un apaño, un arreglo, insuficiente y efímero.
El Pacto de Toledo quiere que la reforma sea razonable, lo que pasa por aplicar el buen criterio del sentido común, que no es otro que subir ingresos, controlar el gasto (disminuirlo) y ampliar los plazos, la base, de modo que la ecuación propuesta dé como resultado un aumento de la productividad y una disminución del déficit. El Pacto también quiere consolidar (blindar) el factor de revalorización de las pensiones, es decir, el IPC que sea. Y replantear la edad de jubilación. Un primer problema de lo hasta aquí planteado, todo teoría, sólo sobre el papel, como en tiempos de la Airef, reside en que las premisas y los términos de la ecuación (en realidad, de cualquier ecuación) dependen del juego político, pues la materia en cuestión es propicia para la manipulación o manejo electoral.

El Pacto de Toledo ha sido en su historia un reflejo de la contradicción ideológica y de las necesidades e intereses políticos. Las pensiones se prestaban (y se siguen prestando y se prestarán) a ser el balón del juego, al receptor de las patadas. Ahora Escrivá, aquel que proponía que su agencia independencia, u otra instancia independiente, fuera la inspiradora o precursora de las soluciones, del alumbramiento (del parto de Toledo) al margen, por supuesto de la refriega política. 

Sucede que el mantenimiento de la solución en la gleba política (pues qué si no es Escrivá ahora desde el ministerio) adelanta una prolongación del problema por varios meses más y que en términos de deuda puede alcanzar el agujero de la Seguridad Social los 63.000 millones de euros hacia junio (sin contar con la próxima extra). Recordar que el agujero (que llaman deuda o déficit) alcanzó los 54.987 millones de euros al cierre de 2019, casi un 33% más que el año antes. Lo que no dijo Escrivá en su día al frente del organismo independiente es que antes que tocar las bases, las coordenadas, los plazos y los precios, quizá habría que empezar a construir desde los cimientos, como cualquier edificio.

Cimientos que son la idea de los españoles sobre el sistema público de pensiones, cómodo y eficaz, fiable y seguro, siempre llega. No hay mentalidad de insostenibilidad del sistema como tampoco hay mentalidad de cambio climático. Por tanto, es complicado, casi imposible que, con esa mentalidad errónea nos decidamos a dedicar más del 5% de nuestra renta disponible al ahorro, a los seguros o a los planes de pensiones, da igual, mientras los ciudadanos de los países europeos comparables están en el 12% y en el 15%. Escrivá tiene complicado cambiar la mentalidad de los futuros pensionistas del país para que inviertan en el futuro en planes privados. 

Un cambio de cultura que fuera capaz de transmitir la idea de que la jubilación no está en el ladrillo es hoy por hoy imposible. Por eso en el Pacto de Toledo, si no media ninguna cita electoral general, deberá tener claro que la única solución al problema de las pensiones para por imponerla por ley, ya que la cultura financiera que precisa una solución razonable y razonada pasa por el largo plazo.

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