edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
21/11/2017
Decisiva cumbre europea en marzo

España, favorita para la vicepresidencia del BCE apadrinada por Alemania

Ruptura con la etapa Draghi y nueva etapa sin Reino Unido en la UE, España jugará sus bazas, entre ellas, apoyar a un candidato alemán para presidir el banco central en 2019
Juan José González
A cuatro meses y medio de que se abra el proceso administrativo de relevos de cargos al frente de las principales instituciones de la Unión Europea, ya se perciben los primeros movimientos en Fráncfort y Bruselas, centros de poder y sedes preparados para la renovación, entre otros, del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. Cuatro de los actuales seis miembros de la cúpula del BCE, entre los que se encuentran el vicepresidente, el economista jefe, el presidente del banco y el responsable de mercados financieros, siguiendo este riguroso orden, deberán ser renovados. Comienza por tanto la cuenta atrás tan esperada por el Gobierno español para situar a su representante y a quien, según la mayoría de las quinielas, está destinada una de sus plazas. Es una batalla compleja que exigirá la mayor dosis de habilidad y diplomacia conocidas porque la importancia y trascendencia de la silla obliga a un trabajo de equilibrio de fuerzas y sensibilidades muy diversas. A los puestos en cuestión -pero principalmente y para los intereses españoles- el sustituto del vicepresidente del banco, Vítor Constâncio -termina el próximo mes de mayo- se presenta como la gran ocasión para restaurar el peso perdido por el cuarto socio de la Unión Europea y en la que está claramente infrarrepresentado.
La experiencia muestra, sin embargo, que no son el criterio de proporcionalidad ni tampoco el que de equilibrio los que se imponen en la elección de cargos o relevos en las instituciones europeas, sino la habilidad negociadora, la sintonía ideológica de los aspirantes y, cómo no, la coyuntura política. La habilidad negociadora ha situado a los representantes italianos en puestos clave de la Unión. Mientras que la sintonía ideológica ha visto cómo otros socios de la UE se hacían con sillones muy influyentes, Grecia o Portugal sin ir más lejos. Y la coyuntura política, el momentum de los asuntos, de los cambios en los Gobiernos de los socios -ahora mismo, pendiente la formación del nuevo Ejecutivo alemán- o de otros avatares económicos o fiscales, se han revelado en los últimos tiempos como un factor decisivo de cara a influir en la decisión final.

Se diría por tanto que la condición de viejo aspirante, infrarrepresentado, o incluso, la `condición´ de no haber ocupado nunca un puesto en el BCE, debería ser suficiente para contar con todas las garantías de acceso a las plazas en juego. Pero en la práctica, no parece que sean los criterios con mayor peso. La realidad muestra que actualmente ocho países miembros no han ocupado nunca un puesto en el banco central y que, por tanto, se mantienen como aspirantes.

Así las cosas, con un escenario abierto al optimismo, en base a una coyuntura teóricamente favorable, la candidatura española a un sillón de los que entra en juego, puede caer del lado español. Jugarían a favor criterios de económicos como la recuperación de las cuentas públicas así como la situación de expansión de la economía. En estos dos últimos aspectos, la UE estaría -`premiando´- valorando la disciplina del socio español y la obediencia a la ortodoxia de la política europea. Y en este sentido, España contaría ahora con un socio afín, alineado políticamente y apoyado para ocupar la vicepresidencia del BCE, como es Alemania.

El último Gobierno alemán de Angela Merkel -el actual está en funciones- y el nuevo presidente de la Cámara baja alemana -y ministro de Finanzas en aquel Ejecutivo- Wolfgang Schäuble han mantenido en los últimos tiempos posiciones distantes, muy encontradas y con fases de crisis, con el presidente del BCE, Mario Draghi, a quien han reprochado su insistente política monetaria de ciclo expansivo hasta alcanzar el abultado balance del banco europeo. Posturas muy diferentes en este último tramo de la crisis financiera que no juega precisamente a favor de una hipotética continuidad al frente del banco.

Pero si la `candidatura´ española -en la persona de Luis de Guindos- que parece contar con numerosos apoyos -dentro y fuera del banco- consigue hacerse con el título de aspirante final, es decir, con la nominación asegurada y considerada casi como definitiva del puesto, el español deberá entonces votar al candidato alemán, probablemente Axel Weber, Jens Weidmann, para presidir el banco central cuando Mario Draghi deba abandonar por final de mandato la presidencia de la institución financiera, lo que sucederá en octubre de 2019. Tampoco sería una exigencia difícil de lograr aunque sí de muy alto compromiso puesto que implicaría -como vicepresidente- mantener la mejor convivencia, elevado o total grado de acuerdo y sintonía con el presidente -en este caso germano- en un escenario de adelgazamiento de balance del BCE, ortodoxia monetaria y el final de las medidas no convencionales que han servido para la recuperación de la economía española.

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