edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
17/06/2010

España agota su cupo de errores ante Suiza

Antonio Cubero
Mal empezamos. Tanto esperar para nada. Suiza sorprendió a España en el primer partido del Grupo H del Campeonato del Mundo de Sudáfrica 2010 infligiéndole una derrota que, además de ser un toque de atención ante los dos próximos compromisos del grupo frente a Honduras y Chile, debe significar también una llamada a la prudencia para saber digerir con una alta dosis de paciencia las consecuencias de este duro revé que no entraba ni en los vaticinios de los más pesimistas pronosticadores.

Es momento para analizar con frialdad este batacazo para procurar levantarse lo antes posible. Porque si se ha perdido uno de los siete pasos que hay para llegar a la final, aún quedan otros seis exámenes para seguir demostrando que lo de Suiza sólo fue una caída fortuita y que es la misma Selección que hasta ayer todos daban como candidata al título. Y en momentos de euforia, hasta en las casas de apuestas cotizaba al alza como una de las dos favoritas del Mundial junto a Brasil.

Así es. Las derrotas son duras, pero también sirven para aprender de ellas. De esta última de ayer ante Suiza, algo muy claro se puede aprender. Es de desear que España siga manteniendo su forma de jugar, la que tantos éxitos le ha dado, que tanto ha desquiciado a sus rivales y que tanto nos ha hecho disfrutar a los aficionados españoles. Es el juego de una generación que hay que cuidar mientras dure. Pero, eso sí, tras la pifia ante los helvéticos, habrá que buscar para lo sucesivo otra alternativa que contrarreste el ‘anti Xavi’ con el que los técnicos adversarios parecen haber encontrado la pócima ideal para abortar las ocasiones de gol echándole de los metros cercanos al área. Porque el ‘tiqui taca’ sin la batuta del centrocampista barcelonista es menos productivo.

Y es que una cosa es tener la posesión de la pelota abrumadoramente como lo hizo el equipo español, ‘mecerla’ como los ángeles y, otra bien diferente, es ser tan previsibles que se convierte en inoperantes ante el gol. David Villa nunca encontró la munición con la que cargar su artillería, como después tampoco fue abastecido de balones Fernando Torres en los pocos minutos que compareció en el terreno de juego, ni por mucho que Jesús Navas lo intentara con sus muchos desbordes por la banda derecha. Y a Vicente del Bosque, aunque sea a ‘toro pasado’, habría que reprocharle su pecado de exceso de conservadurismo al alinear a dos medios centro como Busquest y Xabi Alonso ante un adversario tan holgazán a la hora de atacar.

La muralla suiza fue un auténtico fortín donde sus moradores –nueve jugadores de campo más el portero- no tenían más aspiraciones que las de mantenerse agazapados tras las alturas de sus defensas a la espera de cazar un contragolpe con pelotazos largos. Así fue como saltó la gran sorpresa de este Mundial con la derrota de España.

La caída del fútbol representativo de una liga poderosa y archimillonaria como la española ante la de un país cuyo deporte rey es el esquí alpino quizá pueda tener su razón de ser en la conocida reflexión de que el ‘halago debilita’. Y la prensa quizá nos hayamos pasado de la raya sin valorar en toda su medida las dificultades que entrañan un torneo del ‘K.O’ como el Mundial.

A los pocos minutos del comienzo del segundo tiempo, los suizos rompieron su timidez ofensiva de la única forma posible que demostraron saber hacer, es decir, con un balón largo botado por su portero sembró el desconcierto en la defensa española y se introdujo en la portería de Casillas tras un rebote rocambolesco. Un gol que no hacía justicia en el marcador, pero una de las leyes no escritas del fútbol dice que las victorias no se merecen, sino que hay que conseguirlas. Y mal que nos duela, aunque no hiciera méritos para llevarse los puntos, su gol de ‘churro’ vale lo mismo que uno de bella factura.

Aunque las estadísticas más agoreras nos indican que nunca en la historia de los mundiales una selección que pierde su primer partido se ha proclamado campeona del Mundo, a La Roja todavía no se le puede dar por muerta ni desahuciada, aunque ahora no depende de sí para aspirar a la primera plaza de su grupo y queda a expensas de los que hagan sus ‘verdugos’ suizas y Chile, que no tuvo problema alguno para imponerse a Honduras con un corto resultado (1-0) que debió ser más abultado. Un tropezón que ahora eleva el nivel de exigencia de La Roja en esta primera fase, donde debe tener muy presente que ya ha agotado el cupo de errores. Y, toquemos madera, sin hay otro descalabro, a casa.

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