edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
21/07/2014

España alimenta el superávit comercial de Alemania y Holanda mientras reduce deuda con la Unión Monetaria

El Gobierno coloca al país de locomotora de la actividad económica europea mientras campea el paro
Carlos Schwartz

Las cifras del déficit comercial de España ante los países miembros de la Unión Monetaria Europea, es decir de la zona del euro, ponen de relieve que nuestro país está actuando de locomotora de las exportaciones del norte de Europa. El déficit acumulado con Alemania en los primeros cinco meses de este año es de -2.560 millones de euros, mientras que el déficit acumulado con Holanda es de -1.113 millones de euros. Es decir que ambos suman 3.663 millones de euros en los primeros cinco meses de este año. La cifra es superior al superávit acumulado en igual periodo con Francia, de 3.286 millones de euros. Si se tiene en cuenta el creciente deterioro del clima económico en el país vecino, los recortes de gasto público previstos por el Gobierno de François Hollande y la previsible caída de la demanda interna en ese país, el superávit con Francia esta destinado a reducirse. Lo sorprendente de la situación es que sea precisamente nuestro país uno de los que esté apuntalando los excedentes de balanza de pagos de Alemania y Holanda, no cabe duda que para gozo de la coalición de Gobierno que encabeza la canciller Angela Merkel entre los cristiano demócratas y los socialistas.

Este déficit español frente a Alemania y Holanda, pero también con otros países de la zona del euro, está directamente relacionado con el incremento del consumo interno de bienes duraderos, en especial automóviles, y de la inversión en equipo por parte de las empresas. Esto explica que el aumento de las importaciones se haya centrado en bienes de consumo no alimenticios y de capital. Con lo cual, a resultas de la política del Gobierno nuestro país se ha convertido en un contribuyente neto al superávit de la balanza de pagos por cuenta corriente de Alemania, que es equivalente al 7% de su producto interior bruto, país que por otra parte tiene sus cuentas públicas en equilibrio. Esto es algo más que un despropósito si se tiene en cuenta que en cualquier unión económica y monetaria va de suyo que los países con excedentes no sólo tienen que estar en disposición de financiar los déficit de sus socios comerciales y monetarios, sino que además son esos países los que deberían tirar de las economías de los países con déficit mediante un incremento del gasto público.

Para hacer las cosas un poco más urticantes, España ha debido soportar una política de corrección acelerada del déficit público cuyo único objetivo ha sido generar la posibilidad de que el Banco de España redujera las posiciones deudoras intrasistema con el Banco Central Europeo (BCE) que incluyen la financiación concedida por el BCE al sistema bancario español vía Banco de España y al tenaz déficit por cuenta corriente registrado entre 2008 y 2011. Y mientras esa política ha supuesto agudizar la recesión y estancar la recuperación, queda por delante un ajuste colosal hasta llegar a un déficit del 2,8% para 2016, aunque el objetivo de 2015 sea el 4,2%. Es decir que las alegrías transitorias en el camino del próximo incidente electoral previsto para 2015, y en fecha última enero de 2016, se pueden desvanecer a corto plazo. Europa del norte, como lo recuerda con harta frecuencia el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, no está dispuesta a tolerar la persistencia de las posiciones acreedoras del BCE con ningún país, y menos de la periferia europea que pueda sugerir el riesgo de un impago al banco central alemán.

No está de más recordar que en 2012 Weidmann llegó a sugerir que el sistema de garantías sobre el cual el BCE prestaba dinero a los países de la periferia no era suficiente y que debería haber un régimen de garantías bilaterales basado en activos reales. El teórico de los halcones alemanes, el presidente del Instituto de Información Económica (IFO, por sus siglas en alemán), Hans Werner Sinn, teorizó de forma reiterada sobre la financiación de los desequilibrios por parte del BCE, algo a lo que se ha opuesto sistemáticamente. También se ha opuesto a la reducción de tipos de interés del BCE que los llevó al 0,25% en un intento de combatir el proceso de deflación de la zona del euro.

Alemania ha demostrado con claridad que sólo le interesa la Unión Monetaria Europea (UME) en la medida que esta suponga un flujo creciente de dinero hacia su país y que se opone a la utilización de ese mecanismo para corregir los desequilibrios que presenten las economías más débiles. De tal suerte que la política del Gobierno español, que ha colocado a nuestro país en la senda de la reducción precipitada del endeudamiento con el BCE a costas de una austeridad que ha resultado contraproducente para la reactivación económica, sirve para dar satisfacción a sus socios comerciales de Europa de norte, como Alemania, Holanda, Finlandia y Luxemburgo. Este es de momento el efecto del incremento del consumo interno en España que no es reflejo de una mejoría de los ingresos de la población, sino una mejoría de las cuentas de resultados de las grandes empresas que en parte significativa se debe al incremento del desempleo y a la caída de los costes laborales.

La hipótesis de que se pueden enmascarar las consecuencias de esta política económica y atenuar el resultado de una obsecuencia de lacayos al núcleo duro de Europa no es realista. El Gobierno tiene que saber que el anuncio de una recuperación es sólo materia electoral y esto hace pensar que haya corrientes en el seno del Partido Popular que sopesen la oportunidad de un adelanto en el calendario electoral. La caída de la cobertura del seguro de desempleo por debajo de niveles históricos sigue acumulando tensiones sociales que se reflejarán electoralmente. Hay que ser ciego para no verlo.

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