edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
17/10/2012

España es menos España sin el balón

Antonio Cubero
Hacía bastante tiempo que no se veía a España correr despavorida detrás del balón como anoche ante Francia en un segundo tiempo para olvidar lo antes posible. Un período de auténtico infarto que se convirtió en una larga agonía con el triste desenlace de un empate en el tiempo de descuento en una `boutade´ de Juanfran que regaló el balón a Ribèry para que dibujara un centro que fue cabeceado a la red por Giroud. Un mazazo que deja abierta la lucha por la primera plaza del grupo para el partido que debe disputarse en marzo del próximo año en territorio francés, seguramente en Paris. Entonces no habrá más remedio que ganar para ir a Brasil sin necesidad de acudir a la lotería de la reseca.

Un empate justo que sabe a derrota. Tablas que duelen, sobre todo cuando la campeona del mundo y de Europa nos tiene acostumbrados a disfrutar y sacar pecho. Pero también hay que reconocer que la igualada fue un mal menor después de las muchas ocasiones malogradas por los galos ante la portería de un acertadísimo Iker Casillas y un gol legal que les anuló el colegiado alemán Felix Brych, más amigo que enemigo de la selección de Del Bosque.

La Roja había perdonado en el primer tiempo a una selección francesa que sólo daba señales de vida para cortar el fútbol español con un juego subterráneo, sucio, intimidación y supervivencia con el objetivo de conseguir no salir humillado del Calderón con una amplia derrota. Dejó la pelota para que los Xavi, Iniesta y demás compañeros consumieran el paso del reloj con una abrumadora posesión que solamente tuvo el fruto de un gol de Sergio Ramos en un despiste de la zaga francesa. Después Cesc Fábregas falló un penalti al borde del descanso que nos hubiera llevado al vestuario con el 2-0 y el convencimiento de que la noche iba a terminar en una fiesta española con un triunfo contundente.

Pero el descanso fue como una losa para la selección de Vicente del Bosque. España no era España. Se dejó la pelota en el vestuario y sin ella es un equipo débil que pierde el timón, sufre lo indecible corriendo sin ton ni son hasta perder totalmente el gasoil de los pulmones. Así fue como el seleccionador galo Didier Deschamps acertó al dar entrada a Valbuena con la misión de asociarse con Ribèry y Benzema, sociedad que no tardó mucho perder el miedo de la primera parte y en darse cuenta de la debilidad de la parcheada defensa española en la que Ramos se tenía que multiplicar y para recordar a quienes últimamente han puesto en solfa a un soberbio Casillas con un par de ´santas´ intervenciones que deben dedicarse a otra cosa.

Y no podemos dejar de avergonzarnos de la incívica actitud de quienes abuchearon y silbaron con fuerza La Marsellesaa. Quizá fueron los mismos que no hace mucho se rasgaron las vestiduras cuando fue silbado el himno español con ocasión de la Copa del Rey. Vergonzoso y lamentable.

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