edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
15/11/2013
Malas prácticas

España hace trampas y Bruselas responde con suspensos

El Gobierno recibirá más apercibimientos por el uso de argucias en la Contabilidad Nacional
Juan José González

La bola no para de rodar. Washington y Bruselas se pusieron de acuerdo hace poco menos de un año para investigar el mercado de derivados, un mundo donde la norma era manipular la información para engordar los beneficios. Hacían trampas. Hoy día, varios técnicos de la Unión Europea, en colaboración con otros japoneses y norteamericanos, tratan de identificar tamaño y responsables de la que se tiene por mayor trampa (conocida) de la historia: la manipulación del Libor. En Bruselas no estaban dispuestos a seguir `tragando´ trucos en la operativa con divisas ni fiascos del tamaño de Grecia (aunque después vendría Chipre y... quién sabe). Y se pusieron a auditar las cuentas de los Estados porque también hacían trampas. La Comisión Europea decidió dar más poder a Eurostat para vigilar las cuentas de los Estados, evitar falsificaciones y otros trucos contables. Ahora tienen puesto el foco en el combinado español (Rajoy-De Guindos-Montoro) porque sospechan las causas de que no cuadren las cuentas.

A propósito del tema, en Bruselas recuerdan la anécdota de la entonces vicepresidenta Elena Salgado, cuando envió al comisario de Economía los datos del déficit del Estado previsto para 2011, y que luego debería leer ante la Comisión el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, los de éste nada tenían que ver con los de su ministra, porque el presidente aún conservaba los `buenos´, que son los que leyó… Y descubrió la trampa.

Para trampa la de Cristóbal Montoro con las célebres devoluciones de impuestos de 2012 y que Eurostat no tuvo mucho trabajo en descubrir. Mientras en Madrid reían la `gracia´ del de Hacienda, Bruselas le sacaba la tarjeta amarilla y quedaba registrada la `trampa´ para el futuro. Necio como una... Montoro no repara en instancias y ahora quiere repetir chanza, para lo que ya va camino de la segunda amarilla. Hace dos meses anunció que adelantaría el cierre de la Contabilidad Nacional al cuatro de noviembre. Y así fue, lo que en la práctica se traduce en que hasta el primer día de enero 2014, exceptuando los pagos de pensiones, no saldrá ni un euro de las arcas del Estado español para Autonomías, Ayuntamientos, ministerios y demás delegaciones del Gobierno. Se especula con el tiempo que tardará Bruselas en pedirle al Gobierno español una rectificación (otra más) al respecto.

Llegados a este punto, es razonable que ni Bruselas ni nadie se fíe de los datos económicos que proporciona España, afamado socio y apremiado con graves desequilibrios. Una fama, mala, en la que no parece mostrar actitud de enmienda, sino todo lo contrario, a tenor de los juegos malabares que Hacienda practica con las cuentas que rinde a la Comisión Europea.

Los técnicos de Eurostat no terminan de creerse el juego del combinado español (Rajoy-De Guindos-Montoro) porque en sus visitas a las Autonomías suceden movimientos (contables) sospechosos. El más comentado es el asunto de "las facturas a la sombra", o pendientes de pago, y que estaban acumuladas y aparcadas desde 2011 en una cuenta al margen de la contabilidad presentada a los técnicos. Estos habían puesto el foco de su interés en las cuentas autonómicas siguiendo la recomendación del Gobierno español, en el entendido de que habían experimentado una notable mejoría. El Ejecutivo hacía hincapié en que el control del gasto autonómico está siendo un pilar clave para la recuperación de las cuentas españolas, y de ahí que la economía creciera entre julio y septiembre por primera vez en más de dos años. Una posterior visita a Valencia y otras a Madrid, fueron suficientes para constatar que ninguna de las dos ofrecía datos fidedignos de la realidad.

Cuando Bruselas envía sus técnicos a Madrid, lo hace bajo el síndrome del fiasco sufrido en Grecia, donde, en principio, los desequilibrios en los que se basaban las cifras oficiales no indicaban bancarrota o default, sino tan sólo, dificultades a medio y largo plazo para devolver la deuda. Desde entonces, Eurostat ha perdido la inocencia y pasado a la acción, convirtiéndose en auditor oficial, con las mismas normas de funcionamiento que un auditor privado, cuestionando la veracidad de los informes y la autenticidad de las fuentes.

Y cuando los datos de unos y otros no coinciden, la Comisión acaba por desconfiar de los ofrecidos por los Estados y decide rebajar las expectativas. Sucede en particular cuando el socio en cuestión viene acumulando sucesivos incumplimientos de objetivos y otros tantos apercibimientos, debido a lo que consideran trampas o argucias para modificar la realidad contable.

Entretanto las autoridades españolas no abandonen la estrategia tramposa de utilizar trucos y argucias, Bruselas seguirá avisando a golpe de rebaja de expectativas e incumplimiento de objetivos. Aunque por el camino se habrá perdido credibilidad y ganado una mala fama que afectan, además, a las empresas privadas y a los ciudadanos. A pesar de todo, seguirán haciendo trampas.

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