edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
04/03/2014
Austeridad, última estación

España no podrá engancharse sin gasto público a la locomotora alemana

Exportar a Alemania precisa más ajuste, y para importar hace falta dinero, dos obstáculos
Juan José González

Alemania arranca y pone rumbo hacia el cumplimiento de las expectativas de crecimiento anunciadas por sus autoridades. Buena noticia que sirve para animar las economías vecinas, abatidas unas y derrotadas otras. El ruido de la locomotora en marcha estimula a la Eurozona y, por supuesto, a España, mercado al que dirigen sus productos industriales, inversión y ahorro que viene en forma de compras y turismo. El desarrollo de la actividad económica española depende en buena medida de la marcha de la gran maquinaria en movimiento. Sin embargo, la actividad de la locomotora es sólo la mitad o una parte de la realidad. La otra mitad para que todo marche bien es la capacidad de la demanda española para comprar productos industriales así como de armar atractivas ofertas para el turismo germano.

En otras palabras, si España se quiere enganchar al tren como un vagón sólido, las autoridades del país tendrán que darse prisa en encontrar la forma de que empresas y particulares cuenten con el dinero suficiente para corresponder a una locomotora en marcha.

El Gobierno alemán viene anunciando en los últimos meses las mejores previsiones de crecimiento de su economía para 2014 (2% de PIB). Buena noticia y mejor señal porque significa que las economías de sus socios europeos van a tener menos problemas. Pero las mejores expectativas germanas merecen una matización, y es que, se basan no sólo en crecimiento de las exportaciones, sino que el crecimiento de la locomotora encuentra buena parte de su razón en el mercado interior, donde viene registrando a lo largo de la crisis, primero un crecimiento paulatino y después, en los últimos ocho meses, un avance mayor al contar con un volumen de consumidores notable así como con un poder de compra consecuencia del mantenimiento del empleo. Acompañan a la fuerte demanda interior germana las exportaciones de un país que tradicionalmente viene conservando, y a la vez potenciando, su poder exportador, lo que le permite mantener una privilegiada diversificación económica, una parte del éxito en el transcurso de la actual crisis.

Sin embargo, no es fácil que la economía española pueda enganchar su vagón a tan veloz y potente locomotora a corto plazo porque, entre otras razones, tiene pendiente un ajuste que le proporcione el nivel de competitividad que le falta todavía. Es un asunto sobre el que Bruselas viene insistiendo desde al menos dos años y que el Gobierno no consigue ajustar. Si en otras etapas anteriores el ajuste se llevaba a cabo por la vía de la devaluación de la moneda, actualmente, al no ser posible esta medida, se hace preciso ajustar en costes, en salarios y precios, lo que supondría un esfuerzo añadido que difícilmente sería aceptado por empresas y trabajadores españoles. Por tanto, y en una primera fase -2014-, no será posible el deseado enganche e, incluso, resultará una labor compleja para el siguiente, aunque en momentos de elecciones lo imposible se convierta en realidad.

Con todo, no será una labor que dependa sólo de las autoridades, sino también de la iniciativa privada. Comprar productos alemanes o exportar los españoles a Alemania, no está ni estará a medio plazo al alcance de los presupuestos, no lo estará tampoco para el bolsillo de los consumidores españoles ni de las empresas, ni siquiera al de los exportadores, a falta de ese ajuste pendiente que les sitúe en la senda de la competitividad. Pero curiosamente, la maquinaria germana necesita, además del combustible de su mercado interior, la energía exterior, la demanda de sus clientes tradicionales europeos, franceses, belgas, británicos, españoles, italianos y portugueses entre otros, todos en precario, débiles y con fatiga por los numerosos ajustes presupuestarios y con el desempleo en tasas insoportables. En otras palabras, los vecinos y clientes tradicionales de Alemania -España entre ellos- no están en condiciones de engancharse al tren y se ven condenados a quedarse distanciados.

La debilidad de los socios europeos no será, por otro lado, el freno que detenga la marcha de la máquina germana, lo cual resultaría ser de tan grave para los socios europeos como para los propios alemanes. De ahí que algunos Gobiernos, incluido el alemán, ya se muestren más inclinados a poner en marcha políticas de expansión, de recuperación de la actividad económica, lo cual llevaría a concluir con que el final de la austeridad férrea se encuentra más cerca que nunca. Las cuentas fiscales parecen encontrarse bajo control, y las de Alemania son un ejemplo de equilibrio y que ahora son consideradas como una ventaja que puede animar a otra maquinaria en desuso en los últimos años, como es la inversión pública. Y en este sentido, Alemania, Francia y Reino Unido ya se encontrarían en condiciones de abandonar la fuerte disciplina del gasto público, tan justificada en estos últimos años como conveniente precisamente ahora, como combustible de la maquinaria de la recuperación a la que tanto trabajo le va a costar engancharse el vagón español.

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