edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
08/10/2008
Reunión del G8

España pelea por entrar en el nuevo G-8

Mientras Robert Zoellick (BM) es favorable, el francés Dominique Strauss-Kahn (FMI) pone trabas
No se descarta la mediación de la Corona para, al menos, conseguir un puesto de miembro observador
Juan José González

Ni los buenos oficios de nuestro director de embajadores, Miguel Ángel Moratinos, intentando convencer a Rodrigo Rato para que medie en la diplomacia económica global, ni los de Javier Solana y Joaquín Almunia, presionando a varios delegados latinoamericanos de la ONU, han servido para que España sea incluida en ese selecto club de países con mucho poder llamado G-8 (desde 2002 tras la integración de Rusia el G-7 se ha convertido en G-8). Pertenecen a este grupo los países del mundo económica, política y militarmente más influyentes, y España no anda muy bien en ninguno de los tres. Pero aunque no todo está perdido, España guarda alguna baza de última hora.

En los últimos días, el trabajo de nuestra diplomacia es intenso y lucha contra el reloj para llegar a tiempo. Prisas porque el grupo de ocho países más industrializados del planeta se reestructura. Y prisas porque será el próximo fin de semana, días 11 y 12, cuando se celebre la Asamblea Anual conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) en Washington. El presidente del BM, Robert Zoellick, ya ha adelantado que le consta que el G-8 no funciona y que para muestra, lo que hemos visto en estos dos últimos meses, certifica que no hay unión ni respuesta global posible ante los acontecimientos financieros más recientes. El último capítulo, por mucho empeño que ponga Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, en afirmar que todos los bancos centrales del mundo e instituciones financieras han actuado de forma muy coordinada en las últimas semanas, ha sido la outsider Merkel, quien pasándose por lo más noble la Unión Europea, decretando de urgencia la protección de los depósitos alemanes, ha roto la sólo teórica unidad de acción europea.

En ese nuevo diseño de futuro del G-8, España podría encontrar un hueco que, si bien tiene reconocido a nivel institucional, no sucede lo mismo como país. Zoellick y su grupo de analistas políticos y económicos, propondrán en la próxima Asamblea que el G-8 sea flexible, indeterminado en número de miembros y renovable en función de la coyuntura internacional. Si el G-8 actual esta formado por Alemania, Canadá, EE UU, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia, en el futuro grupo entrarían China, India, Brasil, México y Sudáfrica. Por tanto, dejaría de llamarse G-8.

En la mañana de ayer martes, los presidentes del BM, Robert Zoellick y del FMI, Dominique Strauss-Kahn, trataron la futura fórmula para integrar el G-8, los criterios de los miembros del grupo y los países llamados a formar parte del selecto club. Y España cumple únicamente dos de los diez criterios que se vienen considerando para pertenecer a dicho grupo: establecimiento internacional de empresas y desarrollo de renta per capita. España esta aún muy lejos de ser influyente en el resto de criterios, sobre todo en el apartado o criterio relativo al poder bélico. Pero hay que intentarlo.

Zoellick, al que Moratinos y Solbes consideran ‘aliado y amigo’ cree que sería importante que España formara parte del grupo por su creciente presencia económica y empresarial en Latinoamérica y por el papel que juega, cada vez más influyente, en las instituciones europeas. Sin embargo, Strauss-Kahn es más siervo de su dueño, Nicolas Sarkozy, y es ahora el principal obstáculo a la candidatura española al grupo, obstáculo que solamente José Luís Rodríguez Zapatero estaría en posición de desbloquear, antes que recurrir a la Jefatura del Estado.

Zoellick no quiere construir el nuevo grupo sobre el antiguo. La realidad en el mundo global ha cambiado y ahora, para que las actuaciones se produzcan con antelación y exista capacidad de reacción, es indispensable que se comparta más información. Y esto no se hace simplemente por afinidad sino por interés. Aunque los dos, tanto Strauss-Kahn como Zoellick, se muestran partidarios de que el nuevo grupo aglutine a países que representen un mayor poder económico, las diferencias de matiz pueden acabar con las aspiraciones españolas. Y así se propone que el futuro grupo (al que denominan G-13) reúna al 72% del Producto Interior Bruto mundial, al 58% de la población mundial y al 65% de la producción energética. Un grupo de gran consenso y representación en el que faltaría, claramente, un país que representara los ‘intereses latinos’.

En los dos próximos días no se descarta la posible mediación de un representante de la Jefatura del Estado español, la Corona, para que sea considerada la presencia española en el futuro grupo, aunque en calidad de observador y no como socio miembro de pleno derecho, la misma fórmula que se aplicó a Rusia hasta la reunión del Banco Mundial en Kananaskis (Canadá) en 2002.

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