edición: 3027 , Miércoles, 12 agosto 2020
17/01/2012
Desconfianza, inseguridad y ahora, más presión fiscal, disparan las salidas de capital
Desconfianza

España pierde 7.000 millones de depósitos en un mes

Las inversiones directas de empresas españolas en el exterior aumentan un 220% en 2011
Juan José González

Los bancos desconfían de los bancos: el interbancario, seco, esta de testigo. Pero los bancos tampoco confían en los Estados: el capital de inversión se va fuera, a otros mercados, a otras monedas. Y los depositantes, los ahorradores, público en genérico, desconfían de los bancos y del Estado. No parece, si no que es, la pescadilla que se muerde la cola. El ejemplo más cercano vive en Grecia, y en parte también en Portugal, es la moda en Italia y ahora en Austria se comienzan a detectar movimientos ‘inhabituales’ de capital en direcciones igualmente ‘inhabituales’. En el Banco Central Europeo (BCE) dichos movimientos de capitales dieron lugar a que se encendieran las alarmas hace ahora justo un año. Y hace un año fue cuando ese mismo banco aducía como uno de los motivos para oponerse a la reestructuración de la deuda griega, precisamente lo que entonces denominó ‘pánico de inversores y depositantes’. En España, algunas cifras recientes del Banco de España, así como numerosos movimientos de las entidades bancarias, confirman que la salida de capitales –empresas y particulares- es un hecho desde hace un año. Falla la confianza; el dinero es miedoso, como siempre.

En teoría, la prima de riesgo de España, si bien continua al alza, no se puede decir que este disparada de la misma forma que lo esta la italiana, o que lo estuvo la portuguesa y demás. El reciente cambio en el poder político parece estar siendo acreedor de una moratoria de confianza que expira ya. Y los inversores españoles, los profesionales y los particulares, continúan viendo con escepticismo el horizonte: la subasta del Tesoro de la semana pasada, como la de hoy, resultan ser un puro espejismo (basta con comprobar los plazos de vencimiento de la deuda a corto y a medio con el plazo de tres años de la liquidez proporcionada por el BCE para comprobar que se trata de reducir riesgos).

La cuestión es reconocer que, si bien España no se encuentra en la misma zona de actividad volcánica que Grecia o que Italia, se ve afectada igualmente por los mismos riesgos, prueba de ello son las dificultades refinanciación que están viviendo muchas empresas españolas y no precisamente de tamaño pequeño ni medio.

Seguramente si se llevase a cabo una encuesta o un test para averiguar el grado de desconfianza, de inseguridad que sienten los depositantes y/o las empresas respecto a la posibilidad de un empeoramiento de la situación, y por tanto, de amenaza sobre su capital, es probable que la respuesta ya estuviera desfasada y la mayoría de los encuestados hubiese iniciado maniobras de retirada de fondos, depósitos o inversiones en España. Y todo ello, sin contar con el último ajuste fiscal –“el principio del principio”- de enero que resulta ser más gravoso para, entre otras, las rentas del capital.

Las inversiones directas de empresas españolas en el exterior se dispararon el 220% en el año que acaba de finalizar con respecto al año antes. Son las cifras del Banco de España que pueden indicar que el dinero ha cogido las de Villadiego. Villadiego queda fuera del alcance ibérico, como fuera queda también la curva de depósitos de la banca de los países en dificultades económicas que, como España, moran en el sur de Europa.

El BCE comprobó en el mes de septiembre pasado cómo la curva de depósitos de, por ejemplo España, caminaba por encima de la curva de depósitos alemana, hasta que de repente, en un abrir y cerrar de ojos, la tendencia dio un quiebro espectacular. La primera razón que apuntan los analistas –y el sentido común- es que la autopista elegida por el dinero español era dirección a Alemania y otros países nórdicos. Dinero que también se pudo ver entrando en algún aeropuerto destino a EE UU, Brasil, México, República Dominicana, Uruguay… y alguna isla exótica.

El dinero se va de las cuentas españolas porque los hechos objetivos acaban por constatar peligro real y al alza de forma inminente. El Banco de España constata el tráfico de capitales con destino a Latinoamérica y ofrece una mala sensación patria. Las inversiones directas de empresas españolas en el exterior se dispararon en los últimos doce meses un 220%, algo más de 17.400 millones de euros, de los que en el área latinoamericana se quedaron la mayoría con cifras espectaculares nunca recogidas en registros históricos.

Las últimas cifras ofrecidas por el BCE sobre el estado de los depósitos del sector privado en manos de bancos comerciales, señalan que en Grecia e Italia han caído un punto porcentual: de Grecia salieron algo más de 3.000 millones de euros al mes durante los últimos 14 meses, y los bancos italianos perdieron de vista en un solo mes (noviembre) cerca de 38.000 millones de euros que no fueron a parar a otros plazos, ni fondos ni nada por el estilo. En España, y en el mes mismo mes de noviembre, se registró una caída en el saldo depósitos en los bancos españoles por un importe de 7.000 millones. Algo esta pasando.

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