edición: 2558 , Jueves, 20 septiembre 2018
01/06/2009
Coincidiendo con la presidencia española de la UE

España quiere recuperar la ‘AAA’ de la deuda en 2010

Cuentas públicas, desempleo y reestructuración de cajas, principales escollos
Juan José González

Está de moda la diferenciación. Afecta a las empresas, a los productos, a las estrellas del cine. Y ahora, recientemente, a los gobiernos de los países. La impulsan los presidentes y los jefes de Estado, que las trabajan como nadie. Las conceden –o las retiran- las agencias de calificación, desprestigiadas, denostadas y también despreciadas, pero son las únicas. Si hace dos semanas Standard & Poor´s ponía en observación la calificación de la deuda de EE UU y de Reino Unido, a la siguiente, Moody´s despejaba las dudas confirmando que nada había cambiado y que, por tanto, no había lugar para que las dos potencias económicas perdieran la categoría.

Sin embargo –pura anécdota- una agencia brasileña, la SR Rating, ya había rebajado la triple A de EE UU, un acontecimiento que apenas trascendió más allá de la prensa local del país tropical, aunque no hay que despreciar los resultados de esta calificadora de menor influencia, que sigue idénticos criterios de ponderación y análisis que las dos más grandes del sector.

Concedida en 2002 por Moody´s y en 2004 por Standard & Poor´s, España perdió la triple A hace unas fechas, comenzando el presente año con mal pie. Años atrás se había crecido con fuerza, el mercado laboral pintaba muy bien y la población activa crecía con fuerza. Había solvencia y las cuentas públicas cuadraban como tienen que cuadrar. Los ratios fiscales como los presupuestarios también, navegaban viento en popa, la inflación no era un problema. No había déficit y la relación deuda pública/PIB lucía como nunca. La fotografía era la de un paraíso inmerso en una especie de burbuja, que resulta que era burbuja de verdad. Luego, ya se sabe.

Pero todo ha cambiado y ahora el Gobierno español tiene prisa. Trabaja contra el reloj, contra el tiempo y contra todos los elementos por recuperar la división de honor en el asunto. Tiene dos frentes abiertos muy complicados, que no le van a hacer fácil (por no decir, imposible) alcanzar el objetivo. Las agencias de calificación tienen muy en cuenta dos aspectos en los que nuestra economía hace aguas en abundancia, como son el elevado déficit público y los problemas del sector financiero, donde a pesar de que España no cuenta con bancos al borde de la quiebra, sí tiene una asignatura pendiente; la situación “anómala”, como la califica desde hace cinco años la UE, de nuestras cajas de ahorros. Situación que proyecta ratios de endeudamiento bancario (por las cajas) difícilmente sostenible para recuperar la triple A.

Hace apenas unos meses, se discutía en el seno del Gobierno sobre la conveniencia de crear un ‘banco malo’, al estilo del proyectado por la nueva Administración Obama, o como el previsto por el Gobierno alemán -ambos con muchas posibilidades de salir adelante- que recibirían los activos tóxicos de las entidades financieras y que, lógicamente, supondría un buen golpe para las arcas del Estado, elevando las deudas públicas. El rechazo de la idea por parte de Economía hacía referencia a que la puesta en marcha de un ‘banco malo’ terminaría por hundir definitivamente la calificación de AA+ de la deuda española en un pozo de difícil salida, se dijo que no y el asunto quedó ahí.

Los inversores particulares comienzan a tener dudas sobre la seguridad a medio y largo plazo de la deuda del Estado, del activo financiero, no se fían de la desaforada actividad del Gobierno –lo mismo sucede en otros países de la UE- ante la creencia común que apunta a que un elevado nivel de emisión se corresponderá en el futuro con una importante inflación y posiblemente con una devaluación de la moneda. Falta de confianza que también se esta haciendo extensiva a las empresas y al sector bancario, dada la posibilidad cierta con que puede encontrarse el Estado español no ya para encontrar financiación, sino conseguirla en buenas condiciones, con diferenciales razonables. Los particulares –los ahorradores- compran activos en su creencia de protegerse contra la inflación, y se fijan en lo de siempre, en un activo de referencia, el más seguro. Poner en duda la seguridad o la solvencia de la deuda del Estado genera incertidumbre y volatilidad, y así el dinero no circula. Incluso, puede darse el caso de que los inversores acaben por perderle el respecto –confianza- al Estado. Sería lo último.

El asunto, obviamente, preocupa a Economía en particular y al Gobierno en general. Todo apunta a que al equipo del nuevo secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, se le ha transmitido la preocupación por mejorar los puntos necesarios en los que se fijan las dos grandes agencias de calificación crediticia, y vuelvan a analizar la deuda española, aunque algunos técnicos del Banco de España consideren que mejor sería dejarlo para otro momento, para más adelante. Recuperar la calificación AAA de la deuda española es para el Gobierno como recuperar la categoría en un deporte al uso, como por ejemplo el fútbol. Se trata de una cuestión de imagen-país, de una vitola que un futuro presidente de la Unión Europea –seis meses de gloria- no dejará escapar para exhibir y presumir sobre la fortaleza y modelo de país. Es, además, una de esas cuestiones que la oposición no dudará en utilizar para hostigar a su contrario, si es que nuestra deuda se mantiene para entonces con la AA+ actual.

Este era otro de esos asuntos que sacaba de quicio a Zapatero cuando despachaba con el vicepresidente económico Solbes. El relativismo y desidia de la que hacía gala Solbes sobre el asunto de la rebaja de calificación española sacaba de las casillas a Zapatero: “No creo que apenas unas décimas entre una y otra calificación sean ahora motivo de preocupación”, le decía y a lo que el presidente replicaba con problemas de financiación. Lo cierto es que para Solbes, el sobresaliente cum laude de la triple A era muy similar al sobresaliente bajo de la doble A+. Sin más. Pero las cosas han cambiado mucho en el último mes desde la llegada de la nueva responsable de Economía, y no parece que se haya producido en todo este tiempo, ni desde la nueva calificación de la deuda, ninguna dificultad de financiación, eso sí, a otro precio porque no es lo mismo vender (colocar) un bono de ‘máxima calidad’ que con ‘perspectiva estable’; el mercado lo discrimina.

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