edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
16/11/2011

España ronda el ridículo en Costa Rica

Antonio Cubero
Viendo el primer tiempo tan horrible que nos estaba ofreciendo parecía como si España hubiera viajado a Costa Rica solamente a cubrir el expediente sin echar toda la carne de campeona del mundo en el asador de un amistoso en el que podía perder más que ganar. Y cuando se encara así un partido con tan poca pasión y concentración, mirando al adversario por encima del hombro, se corre el peligro del que hasta una selección del pelotón tercermundista del fútbol mundial, 67 en el ranking FIFA, te puede sacar los colores como ayer lo hizo Costa Rica a la selección española.

Fue una primera mitad en la que un equipo jugaba con ilusión y el otro no. Un tiempo en el que la selección española parecía como si estuviera empachada de tantos elogios y festejos con los que había sido recibida por los costarricenses con su guapa presidenta al frente. Una trampa con la que Costa Rica intentó y logró engañar a los nuestros al recibirlos vestidos con la piel de cordero para después mostrarse como lobos hambrientos de hazañas. Para transformarse en una selección que se tomó este amistoso como si se jugara la gloria de todo un país que señalará con el color rojo de fiesta nacional el empate ante los campeones del mundo.

No se sabe si durante el descanso hubo ‘delbosquina’ o si simplemente nuestros jugadores hicieron examen les entró la vergüenza torera de siempre tras el ridículo tan espantoso que habían ofrecido, pero lo cierto es que en la segunda mitad volvió a brillar con todo su esplendor la estrella que luce en su pecho como la número uno del mundo. Entonces volvió el orgullo de siempre. Era La Roja que todos esperábamos. La selección que volvió a acordarse de su amistad con el balón para acorralar a los ‘ticos’ en las cercanías de su área hasta que cedieron la igualada como un mal menor. Pero a España le faltó algo más de tiempo para enmendar con la victoria su indolencia con la que encaró los primeros cuarenta y cinco minutos.

Y además, para que este partido sea difícil de olvidar, encima falló Iker Casillas con un gol tonto. Con una pifia garrafal precisamente en un ‘bolo’ que parecía propicio para vivirlo tranquilamente en su portería y celebrar por todo lo alto la la fiesta del día de su partido 127 tras superar el récord de Andoni Zubizarreta. El mostoleño regaló un gol absurdo en una de esas jugadas tontas que hoy, sin duda, será la comidilla de todos los informativos de televisión y recordado para siempre como en su día también lo fueron las ¡cantadas’ de sus predecesores en la portería de la selección: Iríbar, Arkonada y Zubizarreta.

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