edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
18/07/2017
Sin planes de cambio

España se aferra y repite el modelo industrial de ladrillo, sol y playa

En el horizonte no se divisan estímulos para tecnologías, investigación o nuevos negocios
Juan José González
El mercado inmobiliario al alza, con más fuerza que nunca en los últimos meses, y el turismo también en plena eclosión, otra vez, y camino de un nuevo récord. No hay duda que la economía marcha bien, en expansión, decidida a pulverizar previsiones de crecimientos esperados. De nuevo las mismas viejas locomotoras moviendo los pesados y veteranos vagones. Se daba por hecho que tras la crisis financiera de estos años atrás, las autoridades procederían a reformular modelos productivos, cambiar y evolucionar, antes que corregir o eliminar. La realidad muestra, sin embargo, que en esa tarea poco o nada se ha avanzado en los últimos años. Una oportunidad la crisis que debería haber propiciado un cambio de mentalidad y actitud entre las autoridades que, sin embargo, no sólo no se ha producido si no que además parece haberse afianzado algo peor: la réplica del modelo tradicional, anterior a 2007, el de siempre, ladrillo, sol y playa.
Entretanto, andan los inversores detrás de los empresarios de las telecos, farmacéuticas, transporte y otras industrias para ver la forma de hincarle el diente en sus empresas. Pero da igual, porque en estos últimos diez años la sequía absoluta de políticas de cambio, han brillado por su ausencia. Se cuentan con los dedos de una mano -y sobra uno- las iniciativas del Gobierno dirigidas a motivar, movilizar, impulsar actividades empresariales que implicasen al sector privado en sectores industriales, tecnologías e investigación y desarrollo. Y nada se ha producido, nada ha cambiado a excepción de la consolidación, mayor si cabe, del conocido modelo de desarrollo español, focalizado, parece que en rigurosa exclusiva, en la construcción inmobiliaria y el sector del turismo en su variante clásica de sol y playa.

Y mientras el nuevo modelo productivo español llega -si es que tiene que llegar- o se fija negro sobre blanco -si es que hay algo que redactar- las grandes inversiones internacionales parecen estar más pendientes de sectores tecnológicos, comercio electrónico, equipos de telecomunicaciones, medioambientales, medicina y farmacia, viajes, distribución, automoción, en fin, sectores que se mueven -algunos- en torno al turismo y a la construcción inmobiliaria pero que no están focalizados en el ladrillo ni en el sol y playa.

De esta forma, España parece estar bien situada en el mapa internacional, en tanto que mercado productor de oferta turística y productor inmobiliario, pero ausente, o sea, fuera del mapa de los grandes movimientos empresariales. La industria de la automoción produce a nivel local pero la propiedad es extranjera. Y ahora los movimientos empresariales miran hacia la nueva automoción; híbridos y eléctricos. La fabricación de motores de avión no está presente en la industria española, quizá componentes, pero el grueso del negocio le corresponde a Reino Unido, Francia y Alemania.

El sector de la distribución española, donde están presentes grandes grupos nacionales y otros internacionales, parece llamar la atención de los inversores foráneos. Se mueven los gigantes del comecio electrónico para encontrar alianzas y compras en la distribución española. Entre ellos, Amazon, según los planes de esta compañía, dispuesta a tomar participaciones en grandes empresas españolas del sector de la distribución. En el sector de la energía eléctrica se están produciendo movimientos interesados en la consolidación de grupos empresariales a través de fusiones que se producirán a lo largo de los próximos años. Se puede concluir que en el radar de los grandes inversores se pueden ver con claridad otras compañías del sector energético, petroquímicas, aunque en ningún caso se propone un aumento de la capacidad industrial como tampoco de nuevas industrias porque no parece haber plan alguno al respecto.

En este sentido, las autoridades españolas estarían poniendo en grave riesgo sectores como el tecnológico, las posibilidades del comercio electrónico o la fabricación de equipos medioambientales, sectores que se justifican por la demanda actual global. Muy lejos, por tanto, de los circuitos de inversión internacionales y de las políticas de los Gobiernos europeos de impulsar el desarrollo industrial. Con el modelo de desarrollo económico actual, basado en la construcción inmobiliaria y el turismo de sol y playa, España seguirá estando muy expuesta a los avatares de un ciclo nuevo y también, de una nueva crisis.

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