edición: 2453 , Martes, 24 abril 2018
12/07/2013
Bruselas sobre el cumplimiento del MoU

España sigue sin poner en marcha mecanismos alternativos al crédito bancario

Faltan las deducciones fiscales y facilitar el acceso a la deuda corporativa a no cotizadas
Juan José González

Que las empresas españolas, grandes y pymes, debían bajar el peso de la financiación bancaria, era una de las exigencias recogidas en el Memorandum of Understanding (MoU) rubricado por España hace ahora un año con la Unión Europea como condición del préstamo para reestructurar la banca. Tras doce meses de vida del acuerdo, el peso de la financiación bancaria en la empresa española se mueve en los mismos términos, de la misma forma que no avanza la financiación no bancaria, porque, en opinión de las autoridades europeas, refrendada por informes de consultoras privadas, el "pobre desarrollo de mercados de financiación alternativa". Para Bruselas es una contradicción la parsimonia de las autoridades españolas a la hora de facilitar el acceso de las pymes al mercado de deuda corporativa, al mismo tiempo que se queja de la falta de crédito bancario.

Lo cierto es que, tras las iniciativas recientes del Gobierno español para acelerar los procesos de financiación alternativa y cumplir así con los acuerdos firmados con la UE, el Ejecutivo parece haberse dormido en los laureles, aseguran que abrumado por el día a día de la actividad política. Y así, la medida de facilitar el pago por las Administraciones Públicas a las empresas proveedoras, fue todo un éxito en su lanzamiento, como se demostró en la práctica al desbloquear decisiones de pago y, sobre todo, a sacar a miles de empresas pequeñas del atolladero financiero en el que se encontraban en ausencia de financiación bancaria. Sin embargo, tan impetuoso arranque se quedó en eso, impetuoso pero aislado.

Pero Bruselas cuenta con buenos mecanismos de aviso de tiempos, alarmas de plazos que indican cumplimiento o incumplimiento. Y el Gobierno español sigue sin avanzar, perezoso, que es lo mismo que incumplir, el apartado 27 del MoU, el que hace referencia a la necesaria y obligatoria acción de estimular los mercados alternativos de financiación o, en su caso, de poner en marcha nuevos mecanismos financieros no bancarios. Las autoridades reconocen que es esencial que las empresas españolas cuenten con mecanismos y mercados que complementen al crédito bancario. Pero sucede que el reconocimiento se queda sólo en actitud.

Como apunta un responsable de financiación de un gran banco, "las empresas españolas, grandes y pymes, se han encontrado en esta crisis con una dependencia brutal, excesiva, de la financiación bancaria, algo parecido a lo que le sucedió a la economía con el inmobiliario, dependencia financiera que en tiempos de crisis termina por estrangular las cajas de las empresas". Como conclusión, señala el experto, "en España hay gran dependencia del préstamo bancario y escaso, muy bajo nivel de bonos corporativos". Una consultora señala en su informe sobre la financiación empresarial en Europa que España es uno de los países donde el porcentaje de bonos sobre deuda financiera es menor. Y compara con el 55% de Alemania, el 67% de Francia o el 25% de Reino Unido, muy lejos del 99% de Estados Unidos.

Pero los mercados alternativos tienen en España dificultades singulares, como son la falta de vocación inversora, la falta también de cultura en invertir en compañías a largo plazo, sin olvidar los obstáculos o burocracia administrativa y legal existentes para las emisiones de deuda. En este sentido, las empresas pequeñas y medianas reclaman menores restricciones legales para emitir a las no cotizadas, así como permitir que inversores de fondos de pensiones, por ejemplo, inviertan hasta un 3% de su patrimonio en deuda corporativa.

Sin embargo, Bruselas, en su reproche, parece hacer hincapié en el retraso de la puesta en marcha del mercado alternativo de renta fija, un elemento que sería complementario al MAB bursátil y a otros instrumentos de financiación. En este sentido, será igualmente necesario que se dé, de paso, un mayor impulso al mercado alternativo bursátil, hoy aletargado donde tan sólo operan una veintena de compañías. Las autoridades de la Unión apremian a las españolas para que la ausencia de crédito bancario sea aprovechada como oportunidad para el desarrollo de mercados alternativos, al igual que sucedió en anteriores crisis.

Tan sólo parece haber un problema, una barrera en la tarea de hacer los deberes fijados en el MoU y firmados por el Ejecutivo español: que la puesta en marcha de las alternativas a la financiación bancaria, principalmente mercados alternativos de renta fija, obligaría al Gobierno a articular medidas fiscales, subvenciones y normas que dificultan la emisión de deuda corporativa de pymes.

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