edición: 2761 , Martes, 16 julio 2019
29/02/2012
EL DEDO DE MADOZ

España, tercer país menos competitivo ponderado por su población de los 12 considerados

Lo definitivo no son los costes laborales unitarios sino la inversión en investigación y desarrollo y la disposición de tecnologías aptas para los controles de calidad
Carlos Schwartz

El paquete de datos manejados por Eurostat para la confección de su Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos (PDM) que ha dado lugar al primer Informe del Mecanismo de Alerta (IMA) ha dibujado un cuadro de los principales desequilibrios que afectan a los países de la Unión Europea. Del estudio ha salido una lista de 12 países puestos en observación. Uno de los elementos significativos del stock de datos desarrolados es el haber determinado la posición de las exportaciones de cada país como porcentaje de las exportaciones mundiales. El indicador se supone relevante por lo poco habitual, porque en general la posición exportadora de un país se mide por relación a su Producto Interior Bruto (PIB). Es decir, qué relación porcentual tienen las exportaciones respecto del PIB del país, lo que pone de manifiesto la contribución de las exportaciones al producto. Sin embargo la elaboración de Eurostat permite encarar el mismo problema desde una óptica distinta.

El intento de la Comisión Europea con su Mecanismo de Alerta sobre desequilibrios Macroeconómicos es simple. Se propone vigilar la evolución de los indicadores que el informe ha definido como más reveladores de los desequilibrios y ha definido un grupo de 12 países que quedan bajo observación. Los datos recopilados permiten además hacer un seguimiento de las discrepancias entre naciones y establecer cálculos suplementarios a los ofrecidos por el informe.

Rebecca Wilder, una colaboradora de Economonitor, la consultora del economista y profesor de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, ha hecho un trabajo sumamente interesante valiéndose de los datos aportados por el estudio PDM. Wilder afirma que la participación en el comercio mundial es un indicador mucho más acertado para medir la competitividad que la participación de las exportaciones en el PIB. La economista ha elaborado los datos difundidos por Eurostat para los 12 países que el Informe del Mecanismo de Alerta propone que se haga un seguimiento específico, y entre los que están España, Bélgica o Reino Unido.

Lo que ha hecho es ponderar la participación en el comercio mundial por la población de cada uno de dichos países “puestos en observación”. La idea es obtener una medida más ajustada del nivel de competitividad internacional poniendo en relación la participación en el comercio mundial de las exportaciones del país con su población. El análisis mide la participación de las exportaciones de cada país en las exportaciones mundiales como porcentaje de las exportaciones de los 12 países en estudio dividido por el porcentaje que representa la población del país sobre el total de la población de los 12 países analizados. De tal suerte que todo índice superior a 1 indica que ese país tiene una participación mayor en el comercio mundial que lo que su población indicaría. Cuando el indicador es inferior a 1 ocurre lo contrario, la competitividad está por debajo de lo que su población sugeriría.

El ejercicio es interesante porque ocurre que los países se alinean de acuerdo a los criterios de competitividad manejados de forma empírica. Con esta herramienta de análisis ocurre que el país más competitivo de la lista de 12 es Irlanda (3,12), seguido de Holanda (2,3), Bélgica (2,22), Austria (1,67), Alemania (1,27) y Finlandia (1,19). Ese es el pelotón que está por encima de 1ª unidad. Le siguen Francia (0,69), Italia (0,61), España (0,55), Portugal (0,48) y Grecia (0,34). Desde luego que los elementos que determinan la competitividad internacional son en cada caso un cúmulo específico. El caso de Irlanda, por ejemplo, debe imputar en su nivel de precios internacionales la carga fiscal sobre las empresas mucho más reducido que en el resto de la eurozona. Los datos de Holanda, por otra parte, han sido bastante disputados porque siendo un país con un puerto de entrada de mercancías a toda la UE como Rotterdam el dato de las exportaciones debería ser depurado adecuadamente, como puede ser el caso de Bélgica por el puerto de Amberes.

Pero mientras todas estas críticas pueden ser atendibles salta a la vista que los resultados coinciden bastante con las apreciaciones empíricas. Una cosa muy distinta es cómo se modifican estos indicadores y cada país gana o conserva su competitividad. De momento España ha decidido ganar competitividad internacional por la vía de la deflación. Es muy probable que esta experiencia acabe en un fracaso considerable. Un análisis un poco más detallado de la competitividad de la industria española se debe determinar por regiones y no a escala nacional ya que se diluyen los casos.

Las regiones de España que han logrado mantener un nivel de competitividad internacional razonable están encabezadas por el País Vasco, y en particular por Guipúzcoa. Si se hace un análisis más detallado se percibe que la competitividad se basa en el desarrollo de tecnologías intermedias auxiliares de grandes industrias, como la del automóvil. Lo definitivo en este tipo de industrias no son los costes laborales unitarios sino la inversión en investigación y desarrollo y la disposición de tecnologías aptas para los controles de calidad de las industrias a las que se sirve y los precios que se pueden practicar. Un ejemplo del ejercicio hecho por Wilder es precisamente el índice de competitividad de Alemania con su 1,27. Ya que tanto se habla del ejemplo alemán, se debería comenzar por analizar el desarrollo de sus niveles de tecnología antes de sacar otras conclusiones sin sentido.

El informe de la UE por su parte señala que Bélgica ha perdido competitividad internacional. La conclusión sale del hecho que en 2002 su participación en las exportaciones mundiales era del 2,4% mientras que en 2010 fue del 1,9%, lo que supone la pérdida de medio punto porcentual. Pero, como queda puesto de relieve por la elaboración de las cifras a la luz de la población del país en relación con la población de los 12 países puestos en observación Bélgica sigue teniendo una competitividad muy alta. De todas formas otra de las cuestiones centrales que hacen a la competitividad está relacionada con los mercados finales de la producción de este grupo de países. En su mayoría tienen como mercado de consumo final otras naciones europeas, y ese es un mercado que tiende a declinar en medio de la crisis presente. La lección inevitable es que la austeridad no es para España la vía del incremento de la competitividad.

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