edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
03/12/2009

España, una mancha verde en el corazón del Islam

Pedro González
En los mapas del mundo que se estudian en las madrasas y en no pocas universidades del mundo musulmán España aparece pintada de verde, a pesar de que nuestro país tiene desgraciadamente mucho más de desierto imparable que de pulmón verde. Es el mismo color que tienen en esa cartografía Mauritania y Marruecos, Egipto y Sudán, Pakistán y Afganistán, Arabia e Indonesia. Es el tinte, en fin, con que se enseña que todos esos territorios son tierra islámica. Obviamente, la presencia de España en esa franja es una anomalía para los españoles y para los europeos de la UE; para los estadounidenses y para los iberoamericanos, pero no lo es en absoluto para quienes profesan la fe musulmana.

La razón de todo ello está en el propio Corán, que determina que aquello que fue de Dios, lo es y será para siempre. España, que fue griega, en parte cartaginesa, casi completamente romana y posteriormente visigoda, terminó también por incorporarse al mundo musulmán. Y no en la periferia del Islam sino en su corazón mismo, como califato de su máxima expresión universal de esplendor. Durante ocho siglos se prolongó aquella presencia, hasta que su salida definitiva al clarear 1492 dio origen al primer Estado moderno digno de tal nombre y a la amargura musulmana por el paraíso terrenal perdido. España entera, pues,  fue y sigue siendo para el mundo islámico más radical Al-Andalus, un territorio sagrado cuya recuperación para Alá es tan indiscutible como irrenunciable.

Estos son los argumentos en los que se fundamenta la insistente reclamación que el fundamentalismo islámico hace de España, reivindicación que exigen tanto la Al Qaeda de Bin Laden como las numerosas organizaciones yihadistas, que preconizan cualquier método para conseguirlo por sangriento que sea. De ahí que todos los atentados lanzados en el pasado inmediato contra los intereses y los ciudadanos españoles conlleven esa exigencia, por quimérica e irrealizable que pueda parecer a sus destinatarios.
 
Entonces, salvo que los españoles se avinieren a conceder tales exigencias, está claro que habrán de defenderse. Como primera premisa no debieran ignorar el problema, lo que equivale a reconocer que, lo quieran ó no, están en guerra con un tipo de terrorismo de bases ideológicas muy fanatizadas, y cuyos ejecutores directos no sólo no le temen a la muerte sino que incluso la desean fervientemente en el curso de sus operaciones, la mejor garantía de que entrarán en el Paraíso, esta vez con mayúscula. Esa guerra será tan larga que no caducará nunca, al menos mientras el mundo musulmán no experimente una transformación tan radical como la sufrida por el mundo cristiano-occidental, empeño que ha tardado muchos siglos, numerosos conflictos, al fin y al cabo guerras civiles a escala europea, y un sinfín de carnicerías individuales y colectivas.

En lo inmediato, el frente material de esa guerra va desde Afganistán hasta Mauritania, incluyendo todo el norte de África, frontera en última instancia con España, mar Mediterráneo cada vez más estrecho mediante. Además, y como se encargan de repetir los comunicados de yihadistas y del lugarteniente de Bin Laden, el sanguinario médico egipcio Ayman al Zawaqiri, cualquier objetivo español es susceptible de ser atacado. El frente espiritual es otra cosa. Precisa en primer lugar del convencimiento de la propia razón, lo que deriva normalmente en la convicción de la superioridad de los valores propios, terreno muy resbaladizo cuando enfrente se encuentran interlocutores inflexibles, dispuestos a matar por demostrar que la razón (Dios) está de su parte.
 
En tales circunstancias se hará cada vez más difícil el intercambio de culturas, como vía pacífica de perfeccionamiento de la propia. El repliegue será la norma, impulsado por las obvias llamadas a la prudencia y a no aventurarse en territorio hostil, sea para llevar ayuda humanitaria sea incluso para hacer turismo. Mientras tanto, España, pero también el resto de la Europa desarrollada ven cómo crece en sus países el número de musulmanes, muchos de ellos dispuestos a defender sus valores –como diría Montilla- hasta sus últimas consecuencias.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...