edición: 2657 , Viernes, 15 febrero 2019
21/11/2011
Zapatero se busca un enfrentamiento absurdo con la UE a propósito del presupuesto

España y la Comisión Europea, al borde del conflicto ‘diplomático’

Ataque de celos por la ‘ayudas’ de Draghi a Italia y el ‘abandono’ a la deuda española
Juan José González

Una salida tono. Todavía resuena entre Comisarios europeos y el propio equipo económico del Gobierno español, el último sermón del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que a modo de arenga de fin de curso envió a la Comisión Europea. Lo hizo la semana pasada desde Soria, y en pocas palabras el Ejecutivo demandaba apoyo inmediato para España a propósito de las turbulencias desde principios de mes, situación que en más de una ocasión el BCE estuvo sopesando la idea –excepcional- de interrumpir o suspender la cotización de algunas referencias de deuda soberana. Pero la contestación de Bruselas devolvió la tranquilidad a la delegación española, en ese momento en Bruselas, y con ella, las cosas a su sitio. El portavoz de Asuntos Económicos de la Comisión, Amadeu Altafaj, salió al paso para responder al Ejecutivo español, asegurando que las instituciones comunitarias en ningún momento han dejado de ayudar a ningún miembro de la Unión en la actual crisis de deuda, pero que en adelante, sí debería trabajar más por autodefenderse. Sin duda, la mejor ayuda para los intereses del país y del Gobierno.

El jueves pasado, la vicepresidenta de Economía y su secretario de Estado, Salgado y Campa, no sabían dónde meterse cuando vieron dirigirse a un Altafaj nervioso hacia el lugar que ocupaban los dos españoles en la sala de la Comisión. Altafaj interrogó a los dos responsables económicos por la razón en que su presidente –Zapatero- había lanzado un dardo con tanto veneno contra la Comisión, a lo que respondieron con un “recuerde que en España estamos en campaña electoral”.

El portavoz comunitario, al parecer, no conocía la fecha exacta de las elecciones y antes que pedir disculpas, fue más allá y preguntó sobre quién sería entonces el próximo responsable del Gobierno y quién su ministro de Economía, para poder dirigirse en adelante, a lo que Salgado no pudo contestar.

Lo cierto es que el reproche de Zapatero desde tierras de Soria, viene a propósito de dos asuntos; por una parte, algo similar a un ataque de celos que acaba de hacer mella en medios gubernamentales, y por otra la pérdida de soberanía presupuestaria. El primero de ellos fue un asunto que mereció unos veinte minutos de comentarios en el Consejo de Ministros celebrado el pasado 11 de noviembre, y el segundo ya se había discutido.

Pero el presidente español volvió sobre el tema porque estaba convencido de que en la nueva etapa de la presidencia del BCE, con un italiano al frente del banco central, no dudaba sobre el trato de favor que a su juicio recibirá la economía italiana, por supuesto, de la mano de Draghi. La presunción y desconfianza del español, pueden ocasionar a Salgado y Campa, y, por supuesto, a sus sucesores en los cargos, un número incalculable de problemas añadidos, un enfrentamiento absurdo, algo similar a un conflicto diplomático pero en el seno de la Comisión, y que el próximo Ejecutivo deberá resolver.

Para empezar, la intervención del BCE en la adquisición de deuda, suele producirse tras una conversación entre agentes de mercado del Banco central y de la vicepresidenta Económica, a la que propone una intervención de compra sobre la deuda soberana. Aunque los criterios son siempre técnicos, no hay que ocultar que la buena relación entre ambas partes, juega un papel relevante, y en este sentido, no hay nada peor que tener en contra al BCE en episodios de crisis como, por ejemplo, el del jueves de la pasada semana, cuando el diferencial de la deuda española se dirigía veloz hacia los 600 puntos.

Parece ser que el presidente español tan sólo pretendía un leve enfrentamiento con Bruselas a propósito de los presupuestos nacionales, los cuales tendrán un mayor grado de intervención que los actuales –que no tienen ninguno-, así como el carácter extremadamente duro que la Comisión esta exigiendo en la elaboración de los mismos para el próximo ejercicio.

Pero en particular, parece que la arenga del presidente Zapatero contra el establishment de Bruselas, vaya dirigida en realidad contra las opiniones de varios Comisarios de la Unión que se habrían declarado convencidos de que España no cumplirá los objetivos de déficit de 2011 ni de 2012, es decir, nada nuevo si se piensa en que, incluso las autoridades españolas –excepto Salgado y Campa- no apostarían mucho a que se cumpliera dicho objetivo del 6% del PIB. En cualquier caso, España no quiere perder la oportunidad de disparar contra lo que considera una vulneración de la soberanía como es la propuesta de veto que tendría Bruselas contra las pautas acordadas por la Unión Europea, una soberanía que ya se da por ‘cedida’ por la mayoría de los miembros.

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