edición: 2721 , Martes, 21 mayo 2019
01/03/2018
Renuncia inexplicable

España descarta la creación de un fondo soberano para financiar pensiones

Similar al modelo noruego, el español estaría dotado con una parte de los 90.000 millones de euros de ingresos anuales por turismo
Juan José González
Como cada año, el Norges Bank investment Management, el mayor fondo soberano del mundo, noruego, ha dado a conocer sus cifras entre las que -además de esos 880.000 millones de euros de inversión total del fondo- destacan 50.000 millones de euros que la entidad pública delega -mandata- entre gestores de patrimonio mundiales para obtener retornos con destino a su sistema de pensiones. Retornos que el pasado año han alcanzado los 100.000 millones de euros. El soberano noruego se nutre de las rentas que generan algunos de sus recursos naturales como el petróleo o sus reservas forestales. Habría que pensar en que si un país con 5,2 millones de habitantes se arriesga a invertir una pequeña parte de sus recursos naturales en el exterior para financiar sus pensiones, otro país, España, con 8,6 millones de pensionistas a razón de 9.000 millones de euros al mes, con urgentes necesidades y grandes carencias, debería estar más preocupado por diversificar las fuentes de financiación del agujero de las pensiones, en creciente y constante expansión. Quizá sería el actual el momento más oportuno para proponer la idea, una cuestión de oportunidad para que los representantes políticos fueran más receptivos a una experiencia piloto y que estaría más justificada que nunca por el estado de necesidad de ingresos que plantean algunas áreas del Estado del Bienestar Social, léase, sin ir muy lejos, el Fondo de Reserva de las Pensiones de la Seguridad Social. Y todo ello sin considerar algunas de las proyecciones de futuro sobre el mismo asunto, que a la vista de las cifras nos acercarían a la bancarrota de las pensiones. Por eso llama la atención la renuncia de las autoridades a considerar, siquiera a modo de experiencia piloto, el modelo noruego.
Quizá una primera razón en contra de esa idea estaría en que, en tanto que instrumento de canalizar ahorro nacional, un teórico fondo soberano español debería estar integrado por excedentes comerciales exteriores o excedentes presupuestarios. Y visto las cifras de la contabilidad nacional que reflejan los presupuestos estatales no parece que España se encuentre en posición de recursos excedentarios de ningún tipo, más bien, todo lo contrario. 

Si hubiera excedentes financieros, si habría posibilidad de acometer aventuras inversoras y poner en manos de profesionales una gestión que exige, entre otros, un elevado grado de especialización y de información. Serviría, al menos, como una experiencia, piloto, con riesgo muy limitado y que, en caso de fracaso no provocaría una crisis de Estado más allá de una o dos broncas políticas. Algo que conllevaría la exigencia obligada de un consenso político, aunque por otro lado, esta correría el riesgo de convertirse en una barrera para materializar la idea del fondo.

Pero al margen de que la ausencia de excedentes como materia prima para poner en marcha un fondo de inversión soberano, pueda ser esgrimida como primer motivo para el rechazo de la idea, otros países europeos han sabido ver otras ideas alternativas para llevarlo a cabo. Es el caso de los países nórdicos, entre ellos el ejemplo más utilizado en el sector de inversión, Noruega, donde los Gobiernos (a través de los Parlamentos) han optado por elegir los ingresos originados por un recurso natural nacional para dotar un fondo soberano.

En este sentido, mientras algunos países cuentan con bosques inmensos para la producción maderera o reservas de pesca gigantescas, España cuenta con un recurso gratuito y abundante en la naturaleza como es el sol, materia prima que proporciona ingresos seguros en cantidades suficientes como para producir excedentes con los que dotar ese fondo soberano piloto. Materia prima que la industria instalada es capaz de transformar en esos 82,2 millones de turistas que visitaron en 2017 el país y que generaron ingresos cercanos a los 90.000 millones de euros. 

Dimensiones que hablan por sí solas; una actividad como la turística que genera el 11,2% del PIB y el 12% del empleo nacional, que bien pueden alimentar, siquiera a modo de experiencia piloto, un proyecto de fondo soberano español. Una parte de los ingresos anuales (de los 90.000 millones de euros de la pasada campaña) que pueden servir como dotación real para dar vida a un fondo soberano, ese que para estar bloqueado en medios oficiales y al que nadie parece atreverse a proponer. Mientras tanto, seguiremos observando las ganancias que obtiene año tras año el fondo soberano Noruego, una parte del cual está siendo gestionada por una sociedad española.

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